Halloween en Benalmádena Pueblo.
Crédito: Ayuntamiento.
La celebración de Halloween nunca fue tradicional en España. Para muchos, evocaba películas de terror hollywoodenses protagonizadas por una joven Jamie Lee Curtis, en lugar de un festejo callejero con millares de niños ataviados de murciélagos, fantasmas y zombis.
Hoy, sin embargo, Halloween en España constituye una de las veladas lúdicas anuales más destacadas, sirviendo de pretexto para lucir disfraces hilarantes, seguida de inmediato por el solemne contraste del Día de Todos los Santos.
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Si el 31 de octubre significa jolgorio y tratar de adivinar qué vecino se oculta tras el disfraz de bruja, el 1 de noviembre se torna en recogimiento: depositando coronas en las lápidas y guardando silencio por los difuntos. Dos tradiciones anuales que parecen no guardar relación alguna. Mientras algunos países europeos, notablemente Irlanda y el Reino Unido, han recuperado en mayor medida el antiguo espíritu celta de la festividad, sus costumbres modernas probablemente se originaron en la época colonial de Maryland, Pensilvania y Nueva Inglaterra. Allí, hace más de ciento cincuenta años, los adultos velaban por la noche en los cementerios, a menudo venciéndoles el sueño a pesar de sus propósitos. Luego, con los adultos ya en los camposantos, los niños, sin supervisión, se reunían a escondidas con sus amigos para hacer travesuras, como es propio de la infancia.
Una leyenda relata cómo grupos de jóvenes desatornillaban los portones de los jardines vecinales y los ocultaban en otro lugar, o volcaban las letrinas de madera de los patios traseros. En años posteriores, los residentes, precavidos, suplicaban a los chavales que no escogieran sus viviendas como objetivo, ofreciéndoles dulces a modo de “propina protectora”, dando así origen al ‘truco o trato’. Otros relatos describen a niños colándose en los cementerios para asustar a los adultos adormilados, o cortando agujeros para los ojos en los manteles para confeccionar disfraces de fantasma, para gran furia de la abuela al día siguiente, cuando preparaba la mesa para la cena familiar de Todos los Santos.
En la Costa del Sol española, Halloween se planifica ahora con semanas de antelación y crece en envergadura cada año. Mayormente secular pese a sus raíces religiosas, une a personas de todas las creencias y culturas en el ‘truco o trato’, las gominolas con colmillos de Drácula y los desfiles de disfraces que recorren las calles. El esfuerzo invertido varía: algunos optan por atuendos sencillos (siendo los más alarmantes similares a la indumentaria Antifa), mientras que otros invierten en creaciones elaboradas concebidas para ser reutilizadas.
En cualquier caso, Halloween llegó a España sin previo aviso, de forma espontánea y ajena a las tradiciones locales. No obstante, se ha consolidado con celeridad como una de las veladas más ansiadas del país: una noche de diversión disfrazada y de festejo sin reservas.