La propuesta de ley de vivienda de Pedro Sánchez es una bomba de tiempo… y él lo sabe

La nueva ley de vivienda propuesta por España, presentada por el PSOE el 22 de mayo de 2025, es un truco político disfrazado de reforma, y además peligroso.

Destructora para el mercado, aleatorizante para el turismo y directamente incomprensible en partes, la ley parece diseñada para fracasar estrepitosamente, pero no sin causar graves daños antes.

Empecemos por lo básico: sí, España tiene una crisis de vivienda. Los jóvenes no pueden independizarse, los alquileres se disparan y no se construyen suficientes viviendas asequibles. La crisis ha movilizado a cientos de miles en todo el país.

¿Y qué hace el gobierno? Proponer un engendro de ley incoherente y provocador.

Algunas propuestas, en teoría, tienen sentido: beneficios fiscales para arrendadores que ofrezcan precios inferiores al mercado (hasta un 100%), aumento del IVA en alquileres turísticos para equipararlos a los hoteles e impuestos a viviendas vacías. Pero rápidamente deriva hacia el absurdo.

¿Lo peor? Un incremento del 100% en el impuesto de propiedad para compradores no comunitarios. Sí, en serio. Los estadounidenses y británicos –que son la mayoría de compradores extranjeros– pagarían el doble que un ciudadano de la UE por la misma casa. Una villa de 1 millón pasarí a valer 2. No es una prohibición, pero casi.

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Lo más raro es que la ley excluye a las viviendas nuevas de este “supermimpuesto”, beneficiando a los promotores mientras hunde el mercado de segunda mano. ¿Y el sector comercial? También exento. ¿Por qué? Sin explicación.

Según Idealista, el 81.4% de las compras extranjeras son viviendas usadas. Así que la ley apunta a la mayoría de compradores foráneos –y por ende, a los miles de empleos españoles que sostienen: constructores, limpiadores, agentes inmobiliarios, camareros, fontaneros, taxistas. El efecto dominó devastaría la economía costera.

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Pero aquí está el detalle: probablemente no se apruebe. Tiene oposición de izquierda y derecha, y podría tumbarse en el Senado o los tribunales por violar normas de la UE. ¿Entonces por qué proponerlo?

Sencillo: teatro político. Sánchez necesita un chivo expiatorio para la crisis de vivienda y ha elegido a los compradores “ricos” no comunitarios. Los europeos están protegidos, así que apunta a estadounidenses y británicos. Es populista, performativo y peligroso.

Quizá Sánchez use este impuesto escandaloso como moneda de cambio –una cortina de humo para medidas más aceptables, como subidas al IVA de Airbnb, controles de alquiler o cambios en los impuestos a SOCIMIs. Gana aunque falle. Es estrategia, no sustancia.

Pero es un juego peligroso. Aunque esta ley absurda no vea la luz, manda un mensaje inquietante: España es impredecible, incluso hostil, para la inversión. Solo eso podría ahuyentar compradores y paralizar el mercado.

Una cosa es perder una votación; otra, quemar la confianza de los inversores por un titular. Si el gobierno quisiera arreglar la vivienda, construiría más casas –no buscaría pelea con quienes compran las que ya hay.