Víctimas Baleares de la Tragedia del Costa Concordia Exigen Indemnización por el Deterioro de su Salud

Un total de 26 víctimas del naufragio del Costa Concordia, que impactó contra una roca frente a la isla de Giglio (Italia) el 13 de enero de 2012, reclaman una compensación por la persistencia de sus lesiones, las cuales se han agravado con los años y se han vuelto crónicas. La letrada de la Asociación de Víctimas Españolas del Costa Concordia 2012, Antonia Barba, ha presentado un escrito solicitando que se les abone la diferencia entre las cantidades pagadas en su día por las secuelas y las que ahora se requieren dado su posterior aparición o agravamiento.

Esta asociación la integran alrededor de medio centenar de personas de Canarias, las Baleares, Andalucía, la Comunidad Valenciana y Madrid. En el escrito, al que ha tenido acceso EFE, se explica que esta petición se realiza tras 12 años de observar la persistencia y evolución de las secuelas, y se concreta que, a consecuencia de ello, estas entran en la categoría de secuelas consolidadas y permanentes. Tras doce años de síntomas persistentes y de impacto en su vida cotidiana, los afectados han contratado los servicios de un perito médico.

Los informes médicos aportados por los pacientes de la Asociación de Víctimas Españolas muestran “de manera evidente” que los afectados presentan un cuadro consistente de trastorno de estrés postraumático crónico y de larga duración. Barba señaló a EFE que la persistencia de los síntomas por más de una década, su resistencia a los tratamientos aplicados y su significativo impacto en la vida diaria, laboral, social y familiar de los afectados “demuestran la existencia de un daño psicológico continuado, grave y clínicamente objetivable”.

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La documentación aportada en el informe pericial emitido durante el primer año tras el accidente ya identificó “de forma clara y rigurosa” la presencia de un trastorno de estrés postraumático agudo, directamente relacionado con los hechos traumáticos vividos durante el naufragio. No obstante, la evolución clínica observada en los años posteriores revela que dicho trastorno, “lejos de remitir, ha cronificado su evolución” a lo largo de doce años, pese a las intervenciones terapéuticas realizadas.

Una vez constatada la persistencia de los síntomas y la ausencia de una recuperación completa, puede afirmarse, según la abogada, que “se trata de secuelas psicológicas crónicas compatibles con un trastorno de estrés postraumático moderado, el cual se cataloga como de grado intermedio según la escala de tráfico”.

La letrada ha precisado que informes médicos posteriores demuestran la progresión hacia la cronicidad, los cuales no fueron valorados con anterioridad dado el escaso tiempo transcurrido desde el siniestro y los informes aportados en el primer caso, en los que se basaron el perito médico de la compañía demandada y el tribunal sentenciador.

De hecho, la compañía ha alcanzado acuerdos con otros pasajeros por importes muy superiores a los fijados por el tribunal, precisamente porque fueron valorados en fecha posterior y ya estaba objetivamente establecida la cronicidad y extensión de las secuelas. El Costa Concordia naufragó el 13 de enero de 2012 mientras transportaba a 4.229 personas, tras colisionar con una roca frente a la costa de la isla italiana de Giglio, en el mar Tirreno. La naviera admitió que el naufragio, que dejó 25 muertos y siete desaparecidos, se produjo tras el acercamiento del capitán del barco, Francesco Schettino, a la costa de la isla, desviándose de la ruta establecida.

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