Rabietas, pastel de carne rancio y platería familiar escondida en calzoncillos: el delicado arte de la comedia sobre el Holocausto
Mi querida abuela germano-judía, Gisela, no era una persona muy afable. Le encantaba reirse de sus propios chistes, disfrutar de las desgracias ajenas y regañar a la gente. Si un evento combinaba oportunidades para las tres actividades, mucho mejor. Cuando mi padre tenía seis años, se negó a comer la carne molida que su madre … Leer más