Nuevas Subidas Fiscales en España para 2026

El Gobierno español insiste en que no hay subida de impuestos. Sin embargo, para muchos asalariados, autónomos, propietarios de viviendas y pequeños empresarios, la realidad en 2026 se percibe muy distinta.

Una serie de medidas, ya aprobadas o discretamente insertadas en normativas vigentes, elevarán la presión fiscal el próximo año, incluso sin anuncios estridentes de incrementos tributarios. Según el informe Impuestómetro 2025 del Instituto Juan de Mariana, los españoles han afrontado 94 aumentos de impuestos y cotizaciones desde 2018, mediante cambios directos y ajustes más sutiles.

Mientras gran parte de Europa reducía la presión fiscal tras la pandemia, España tomó la dirección opuesta. En la UE-27, la carga tributaria media bajó casi un punto del PIB. La española subió cerca de dos puntos, situándose entre las que más rápidamente ha crecido en los últimos años.

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Y todo indica que 2026 continuará esa tendencia.

Mayores cotizaciones sociales: un incremento silencioso del coste laboral

Uno de los mayores impactos provendrá de las cotizaciones a la Seguridad Social, que aumentan simultáneamente por varios frentes.

El Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI) pasará del 0,8% al 0,9%. Para los autónomos, este incremento lo absorben íntegramente ellos. Para los empleados, el coste se reparte entre trabajador y empresa, pero en cualquier caso encarece el empleo.

Además, la base máxima de cotización subirá de 4.909 a 5.101 euros mensuales, por lo que los salarios más altos y sus empresas aportarán más al sistema. Esto reduce el ingreso neto e incrementa los costes laborales, algo que, según las organizaciones empresariales, podría lastrar la contratación y los salarios.

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También se refuerza la cuota de solidaridad para sueldos que excedan la base máxima, aplicando tipos entre el 1,15% y el 1,46% sobre el exceso. En conjunto, estas medidas elevan discretamente el coste del trabajo cualificado sin el ruido político de una subida oficial.

Erosión fiscal por IRPF, alzas municipales y una actualización catastral costosa

El impuesto sobre la renta también subirá, no mediante nuevos tipos, sino por lo que los economistas denominan *fiscal drag* o arrastre fiscal. El Gobierno planea nuevamente no actualizar los tramos del IRPF por inflación. Al aumentar los salarios nominalmente, más renta se desplaza a tramos superiores, incluso si el poder adquisitivo real apenas mejora.

Los tramos estatales del IRPF van del 9,5% al 24,5%, antes de añadir los complementos autonómicos. Sin indexación, millones de contribuyentes pagan efectivamente más cada año sin que se apruebe ninguna reforma visible en el parlamento.

Los tributos locales también se encarecen. A partir de 2026, los municipios deberán implantar una tasa de residuos que cubra íntegramente el coste del servicio. Hasta ahora, parte se financiaba con los presupuestos generales. En adelante, los vecinos la pagarán directamente. La presión fiscal municipal media ronda los 705 euros por persona, y en ciudades como Madrid esta nueva tasa podría suponer unos 140 euros adicionales por hogar.

Otro cambio importante es la actualización catastral prevista para 2026, que incrementa los valores de referencia para la tributación inmobiliaria. Aunque se presenta como un ajuste técnico, afecta a varios impuestos simultáneamente: Transmisiones Patrimoniales sobre vivienda de segunda mano, Sucesiones y Donaciones, y el Impuesto de Actos Jurídicos Documentados. Un valor de referencia más alto implica mayores liquidaciones en todas estas operaciones, lo que supone múltiples incrementos fiscales encubiertos sin nueva legislación.

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Ahorro, agricultura y el coste oculto de la deuda pública

La tributación del ahorro también cambia en el tramo superior. El tipo máximo para las rentas del capital (ganancias patrimoniales, dividendos e intereses) subirá del 28% al 30% para cantidades superiores a 300.000 euros. Los tramos inferiores se mantienen, por lo que el aumento solo afecta a las carteras más voluminosas.

Por su parte, el sector agrícola afronta la eliminación de dos deducciones consolidadas. Los agricultores perderán la deducción del 35% en el gasóleo agrícola y la del 15% en fertilizantes a partir de 2026, lo que incrementa sus costes operativos en un sector ya muy sensible a los precios de la energía y la regulación.

Más allá de los tributos formales, los economistas señalan lo que denominan un “impuesto oculto”: la deuda pública. Se prevé que España cierre el ejercicio anterior con una deuda equivalente a unos tres años completos de recaudación tributaria. El Instituto Juan de Mariana estima que cubrir solo el déficit estructural supondría una carga adicional de unos 929 euros por ciudadano a largo plazo, un coste que finalmente se trasladará a futuros impuestos o a una reducción de los servicios públicos.

Para los hogares, el efecto combinado no siempre es inmediatamente visible en la nómina o en la declaración. Pero, en conjunto –mayores cotizaciones, erosión por el IRPF, nuevas tasas municipales, revaloraciones catastrales y subidas selectivas–, 2026 parece apretar aún más los presupuestos familiares.

Que el Gobierno siga calificando esto de “no hay subida de impuestos” puede depender de la definición. Para muchos contribuyentes, lo que importa es más simple: cuánto dinero les queda al final del mes. Y en ese frente, la dirección parece clara.

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