Nueva y Polémica Ley de ADN Biométrico en EE. UU.

Una nueva y controvertida política de recolección de datos biométricos del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) de Estados Unidos entró en vigor el 26 de diciembre, la cual exige la toma de fotografías de reconocimiento facial a todos los no ciudadanos que ingresen o salgan del país por aeropuertos, puertos marítimos y fronteras terrestres. Apodada “ley del ADN” debido a sus disposiciones que permiten solicitar muestras de ADN en ciertos casos, la normativa ha avivado el debate sobre la privacidad, la discriminación y su posible impacto en el turismo internacional.

La regulación amplía un sistema biométrico de entrada y salida ya existente, requiriendo escaneos faciales para verificar identidades con registros previos. Estas imágenes de los no ciudadanos podrán almacenarse en las bases de datos del DHS hasta por 75 años, prácticamente toda una vida para muchos viajeros. Se han eliminado los programas piloto limitados y las exenciones por edad que excluían a menores de 14 y mayores de 79 años, por lo que niños y ancianos quedan ahora sujetos a los mismos procedimientos.

Medidas para disuadir solicitudes de asilo frívolas

Si bien el cambio principal se centra en el reconocimiento facial universal, la norma otorga al DHS una autoridad más amplia para recopilar datos biométricos adicionales, como huellas dactilares, escaneos de iris o ADN, especialmente en escenarios de aplicación de la ley o para personas en procesos de deportación. Los funcionarios enfatizan que tales medidas no son rutinarias, sino que están específicamente diseñadas para disuadir solicitudes de asilo frívolas, detectar excesos en la estancia de visados y mejorar la seguridad nacional. La política se alinea con los esfuerzos para combatir la inmigración ilegal, basándose en mandatos de larga data para un sistema integral de rastreo de entradas y salidas.

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Los ciudadanos estadounidenses están exentos de la participación obligatoria y pueden optar por no participar; sus fotos, si llegan a capturarse de manera incidental, se eliminan en un plazo de 12 horas. En cambio, la no conformidad por parte de extranjeros podría conllevar retrasos o la denegación de entrada.

Preocupación entre grupos de derechos civiles

Los críticos, incluidos grupos defensores de derechos civiles, han alertado sobre invasiones a la privacidad y sesgos tecnológicos. Un informe de 2024 de la Comisión de Derechos Civiles de EE. UU. destacó que el software de reconocimiento facial presenta tasas de error más elevadas para personas negras y minorías étnicas, lo que podría derivar en detenciones erróneas o identificaciones equivocadas. Los defensores de la privacidad tildan el almacenamiento de datos a largo plazo de “distópico”, advirtiendo sobre riesgos de filtraciones de información o excesos gubernamentales.

La reacción pública en redes sociales ha estado marcadamente dividida. Algunos usuarios calificaron las medidas de “innecesarias y distópicas”, vaticinando un declive en el turismo internacional a medida que los visitantes rechacen los escrutinios invasivos. Otros expresaron inquietud por la erosión de la autonomía personal, comentando uno: “Perdemos nuestra autonomía lenta pero seguramente”. Quienes la apoyan, no obstante, la consideran esencial para la seguridad fronteriza ante las crecientes preocupaciones migratorias.

Con el inicio de su implementación, se aconseja a los viajeros prepararse para posibles tiempos de procesamiento más prolongados. Mientras el gobierno resalta la eficiencia operativa y la reducción del fraude, la política evidencia las continuas tensiones entre los imperativos de seguridad y los derechos individuales en un panorama fronterizo cada vez más digitalizado.

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