Ibiza enfrenta crisis de vivienda mientras los alquileres se disparan

Otra noche más, otra fiesta en un hotel de Ibiza. La clientela internacional baila al ritmo del house mientras los láseres rebotan en la piscina de formas sinuosas y sobre un mar de gafas de sol que se llevan de noche en este local al aire libre. Muchos van de blanco total; otros muestran señales de una percepción alterada. Pregunta a los que hacen cola aquí o en los legendarios clubs de la isla y dirán que gastan mucho, pero que la experiencia lo vale.

Pero detrás de la fiesta y las playas, Ibiza sufre una crisis de vivienda que ha obligado a locales y trabajadores temporales a compartir pisos diminutos, mudarse a otras islas o vivir en caravanas y tiendas en asentamientos ilegales. Este problema refleja una realidad más amplia en España, donde la falta de viviendas asequibles en ciudades y destinos costeros ha desatado protestas pidiendo controles de alquiler y denunciando el overtourism. Los activistas acusan a los caseros de preferir alquileres turísticos antes que contratos largos, menos rentables.

Según cifras oficiales del año pasado, casi 800 personas viven en asentamientos improvisados, sin contar las 200 que fueron desalojadas el mes pasado del campamento Can Rovi 2, donde vivían en chabolas y furgonetas. "La isla es un paraíso, el lugar más bonito que he visto. Pero tiene su cara oculta", dice Jerónimo Diana, un técnico de agua argentino de 50 años que vivió allí.

Un alquiler normal se comería casi todo su sueldo de 1.800 euros, explica. Según Idealista, el precio medio en Ibiza alcanzó 33,7 €/m² en julio pasado, un 23% más que en 2023 —unos 1.500€ por un piso pequeño—, mientras el salario mínimo nacional es de 1.381€. Como efecto colateral, la isla enfrenta escasez de profesores y sanitarios, según datos autonómicos.

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Algunos funcionarios viajan diariamente desde Menorca o Mallorca. María José Tejero, técnico de emergencias de 24 años, comparte piso con dos compañeras porque el alquiler duplica su sueldo. Trabajar de noche en ambulancia a veces la hace sentirse "como una niñera": "La gente viene, bebe, se droga y cree que la vida es una fiesta… cuando esa vida puede terminar". En Sant Antoni, globos desinflados tapizan las calles de bares, donde clandestinamente venden óxido nitroso (gas de la risa) a 5€ la dosis.

Lía Romero, enfermera canaria de 28 años que a veces baila en el club Amnesia, también comparte piso y no puede permitirse entradas o salir a cenar: "Ibiza es postureo y exhibición de riqueza. No hay espacio para la gente normal". En 2024, la isla recibió 3,28 millones de turistas (76% extranjeros), mientras su población residente batió récords: 161.485. Jonathan Ariza, mecánico colombiano que busca asilo, vive en una caravana cerca del hospital principal: "Mientras vengan turistas, habrá quien acepte vivir mal con tal de trabajar".

Alejandra, colombiana de 31 años con permiso de residencia, vive en un albergue de Cáritas tras dormir en una tienda con su hijo de 3 años hasta el desalojo. Tiene un nuevo trabajo en un hotel, pero teme perderlo "por ser lenta" al correr para cotizar lo necesario y renovar su permiso. Los trabajadores sociales Gustavo Gómez y Belén Torres denuncian que los caseros discriminan a familias con niños y las echan en verano para alquilar a turistas.

Las autoridades multan con 40.001€ los alquileres ilegales. Las plataformas ya retiran anuncios sospechosos sin esperar órdenes judiciales, explica Mariano Juan (PP), vicepresidente del Consell. Para él, la alta demanda y el poco suelo edificable generan precios "absolutamente ilógicos". El gobierno central ha prometido triplicar el presupuesto de vivienda social, pero la ley de 2023 que regula alquileres tiene impacto limitado, ya que algunas autonomías gobernadas por la oposición no la aplican.

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La patronal ASVAL rechaza los controles—dicen que reducen la oferta y suben precios—y aboga por incentivos públicos y más construcción. Saray Benito, contorsionista de 32 años en el Café del Mar, cuenta que en invierno hay poco trabajo. En 12 años en Ibiza, ha mudado 20 veces y hasta durmió en balcones. Eva Cavallini, drag queen italiana famosa en el barrio LGTBQ de La Virgen, lamenta que los altos costes ahuyenten a otros artistas: "Hace 10 años éramos 200. Ahora solo quedo yo. Si sigue así, la isla está acabada".