Hablar mucho, hacer poco. Las deficiencias de Europa.

Venezuela es un lugar mejor sin el dictador Nicolás Maduro. Durante años fue condenado por las democracias occidentales y se le instó reiteradamente a dimitir tras perder las últimas elecciones. Maduro se mantuvo, Venezuela sufrió y las democracias occidentales no hicieron nada.

Esta semana se le ha llevado ante la justicia y el Presidente Donald Trump podría reclamar parte de la recompensa que un presidente estadounidense anterior había puesto por su cabeza. Pero en vez de celebrarlo, las democracias occidentales se vuelven contra el gobierno de EE.UU. y, en lugar de felicitar, se quejan de que Estados Unidos no debería haber actuado en primer lugar. ¿Entonces era preferible esperar con paciencia en vez de tomar una acción decisiva?

No soy admirador del Presidente Donald Trump, pero cumplió con el objetivo. Una de las razones principales para el secuestro/arresto era liberar a Venezuela para que sus extensas reservas petroleras pudieran ser reactivadas. Muchas empresas estadounidenses se beneficiarán, pero también lo hará el pueblo venezolano.

Bajo Maduro vieron pocos o ningún beneficio del petróleo; bajo Trump al menos verán algo. Las democracias europeas están en declive terminal, se han convertido en meros foros donde las opiniones se ventilan y se repiten. La palabrería no conduce a nada; la acción, sí.

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