Pese a un chaparrón matutino, las calles de Palma rebosaban de color y risas el domingo 8 de febrero, mientras las familias se congregaban para el tan querido carnaval infantil, Sa Rueta. Los cielos grises hicieron poco por disuadir a la multitud; más bien, las breves lluvias parecieron avivar la emoción mientras los jóvenes, ataviados con imaginativos disfraces, tomaban el centro urbano en una jornada dedicada por completo a la diversión.
A los pocos minutos de llegar, era evidente que la creatividad abundaba. Una familia de apicultores pasó zumbando con coordinados trajes amarillos y negros, mientras un dinosaurio inflable gigante se alzaba sobre el público, para deleite —y ocasional alarma— de los más pequeños. En otro punto, un ágil ninja se escurría entre grupos que posaban para fotos, el inconfundible amarillo chillón de Pikachu arrancaba sonrisas tanto a niños como a padres nostálgicos, y una familia disfrazada de fresas pasó, incluida una pequeñísima *fresa* de apenas unos meses acomodada en su carrito.
Jóvenes participantes disfrutan de atracciones, pasarelas y dulces
La Plaza Mayor se convirtió rápidamente en uno de los epicentros de la celebración. Una atracción de columpios resultó ser un éxito rotundo, atrayendo largas colas de impacientes usuarios dispuestos a aguardar con paciencia su turno en el aire. Cerca, animadores circenses cautivaban al público con travesuras juguetonas e impresionantes ejercicios de equilibrio. Dos artistas sobre zancos deambulaban con gracia por la plaza, saludando a los niños desde lo alto y deteniéndose a menudo para chocar las manos y tomar fotos, creando encuentros mágicos e inolvidables.
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El ambiente festivo se extendió por toda la ciudad. Frente al Ajuntament, una animada disco infantil transformó la plaza en una pista de baile al aire libre. Los jóvenes asistentes lucían sus mejores pasos mientras música alegre resonaba entre los edificios históricos. Estallaron vítores cuando una cascada de confeti cayó como lluvia, cubriendo el suelo —y a muchos bailarines encantados— con un revoloteo de color.
Más allá, en La Rambla, una pasarela invitaba a los participantes a exhibir sus disfraces ante un público complacido. Desde superhéroes y personajes de cuento hasta ingeniosas creaciones artesanales, el desfile puso de relieve el empeño que las familias habían depositado en los preparativos para el día.
El entretenimiento no se detenía ahí. Puestos de pintacaras transformaban a los niños en mariposas, piratas y criaturas fantásticas, mientras que talleres interactivos ofrecían juegos y actividades que mantenían altos los niveles de energía durante toda la tarde. Por supuesto, ningún carnaval estaría completo sin dulces: el irresistible aroma de crêpes y churros recién hechos flotaba por las calles, tentando a los transeúntes a hacer un alto para un descanso azucarado.
Sa Rueta forma parte de las celebraciones tradicionales del Carnaval en Mallorca, que tienen lugar en los días previos a la Cuaresma. Mientras que el desfile principal, Sa Rua, está dirigido a adultos y cuenta con carrozas elaboradas, Sa Rueta está diseñado especialmente para los niños, brindándoles la oportunidad de experimentar la alegría del Carnaval en un entorno seguro y familiar. El evento refleja una arraigada tradición cultural en la isla, donde las comunidades se unen para celebrar la creatividad, el humor y el espíritu de unión antes de que comience la temporada más solemne.
Conforme la tarde llegaba a su fin, la lluvia de primeras horas estaba casi olvidada. Lo que perduraba era el inconfundible sentido de comunidad: familias riendo juntas, niños mostrando con orgullo sus disfraces, y la ciudad de Palma demostrando una vez más su talento para acoger celebraciones que congregan a varias generaciones.