El anuncio ha hecho saltar las alarmas en Washington y otras capitales occidentales. Crédito: David Monniaux / Creative Commons
China se mueve con determinación para expandir su influencia sobre la infraestructura digital global, y América Latina se ha convertido en uno de sus objetivos más estratégicos. Mediante una nueva generación de cables submarinos de internet, Pekín pretende fortalecer la conectividad entre Asia y la región, reconfigurando el equilibrio de poder en las comunicaciones mundiales. Para muchos países latinoamericanos, sin embargo, esta ambición llega en un momento en que se necesitan urgentemente conexiones digitales más rápidas, baratas y fiables.
En un mundo cada vez más digital, el control sobre la infraestructura crítica ya no es solo una cuestión económica, sino geopolítica. Los cables submarinos de internet —a menudo descritos como las autopistas ocultas de la economía digital— sustentan casi toda actividad en línea, desde videollamadas y compras online hasta redes sociales y computación en la nube. Quien construye y gestiona estas redes gana influencia sobre los flujos de datos, los costos y el desarrollo tecnológico.
La columna vertebral invisible de internet
Los cables submarinos son sistemas de fibra óptica tendidos sobre el lecho marino, que conectan continentes y permiten que ingentes cantidades de datos viajen a velocidades extraordinarias. A pesar de que los satélites capturan la imaginación pública, alrededor del 99% del tráfico internacional de datos depende de estos cables submarinos, según la Unión Internacional de Telecomunicaciones.
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Su importancia rara vez es percibida por el gran público, pero su impacto es constante. La velocidad, estabilidad y precio de internet están determinados por la calidad y capacidad de estos cables, lo que los hace esenciales tanto para las economías modernas como para la vida cotidiana.
Un acuerdo estratégico con Chile
La última jugada de China en la región se centra en un cable submarino propuesto que enlazaría Chile directamente con Hong Kong bajo el nombre “Chile–China Express”. El proyecto, acordado en principio con las autoridades chilenas, busca mejorar la conectividad entre América Latina y Asia, reduciendo la dependencia de rutas dominadas por Europa y Estados Unidos.
Sin embargo, la iniciativa ha generado inquietudes debido a la falta de transparencia. Hasta ahora, hay poca información pública sobre plazos, presupuestos o detalles técnicos. Los críticos argumentan que esta opacidad alimenta la sospecha, aunque los partidarios señalan que un secretismo similar ha rodeado proyectos liderados por empresas estadounidenses y europeas.
Preocupaciones occidentales y dobles raseros
El anuncio ha hecho saltar las alarmas en Washington y otras capitales occidentales. La principal preocupación es la estrecha relación entre las empresas chinas y el Estado, particularmente en lo referente al acceso a datos y la cooperación con los servicios de inteligencia. Bajo la ley china, se puede exigir a las empresas que compartan datos con las autoridades gubernamentales, incluso cuando operan en el extranjero.
No obstante, estas críticas a menudo se topan con acusaciones de hipocresía. Estados Unidos y varias potencias europeas también ejercen un control significativo sobre los datos manejados por empresas bajo su jurisdicción. Para América Latina, el debate subraya un dilema de larga data: elegir entre potencias globales rivales mientras se busca el mejor resultado económico y tecnológico.
Poder digital e influencia geopolítica
El control sobre los cables submarinos se traduce crecientemente en influencia geopolítica. Estas redes inciden en la gobernanza digital, la privacidad de los datos y la seguridad nacional, no solo para el país que alberga el cable, sino para regiones enteras conectadas a él.
Para América Latina, que tradicionalmente ha dependido de infraestructura construida por firmas estadounidenses y europeas, la entrada de China ofrece diversificación. Al mismo tiempo, plantea interrogantes sobre la dependencia a largo plazo y la autonomía estratégica en el ámbito digital.
La creciente huella técnica de China
Las empresas chinas llevan años construyendo expertise en el diseño, fabricación e instalación de sistemas de cables submarinos. Según un informe de la Academia China de Tecnología de la Información y las Comunicaciones, las firmas chinas ya han tendido más de 70.000 kilómetros de cables submarinos a través de los océanos Atlántico, Pacífico e Índico.
A finales de 2024, China había invertido en 17 sistemas internacionales de cables submarinos ya operativos y participaba en varios más en construcción. Esta rápida expansión ha posicionado a las compañías chinas como actores globales de primer orden en un sector otrora dominado por empresas occidentales.
Costos reducidos y oportunidades de desarrollo
Los defensores de la participación china argumentan que esta ha ayudado a expandir la capacidad productiva global y a reducir los costos de las redes, especialmente para países en desarrollo. Una conectividad mejorada puede atraer inversión en campos como la inteligencia artificial y la computación en la nube, al tiempo que habilita modelos de negocio basados en el comercio electrónico, la telemedicina y los servicios remotos.
Desde esta perspectiva, los cables submarinos son comparables a históricas arterias comerciales como el Canal de Suez —infraestructura compartida que sostiene el crecimiento económico global en lugar de servir a los intereses de una sola nación.
Contratistas globales y proyectos regionales
Empresas como HMN Tech y FiberHome Marine Network Equipment se han convertido en contratistas internacionales líderes, suministrando y actualizando sistemas de cable en Asia, África y naciones insulares. Solo HMN Tech ha provisto más de 100.000 kilómetros de sistemas de cables submarinos en más de 70 países.
Proyectos recientes, como una red de cables que conecta islas en Maldivas, han sido elogiados localmente por mejorar la cobertura de alta velocidad y fortalecer la resiliencia digital —factores clave para el desarrollo económico en regiones vulnerables.
Un equilibrio delicado para América Latina
A medida que el tráfico de datos continúa disparándose a nivel mundial, la necesidad de redes de cables resilientes y diversas se vuelve urgente. Para América Latina, la inversión china ofrece conexiones más rápidas con Asia y la promesa de crecimiento tecnológico.
No obstante, el desafío reside en equilibrar la oportunidad con la cautela. Los cables submarinos pueden yacer fuera de la vista en el fondo oceánico, pero su influencia se extiende profundamente en las economías nacionales, las relaciones políticas y las vidas digitales de millones de personas.