Sospecho que Chala Hunter sigue en algún retiro de recuperación. Hasta mayo, calculo. Porque ella fue la coordinadora de intimidad en *Heated Rivalry* y se ha ganado un descanso.
Para quien no lo sepa: los coordinadores de intimidad ganaron prominencia después del movimiento #MeToo, cuando varios testimonios de actores (en su mayoría mujeres) hicieron público e innegable el hecho impactante de que actores (en su mayoría hombres) y directores (también mayormente hombres) a menudo intentan salirse con la suya y obtener más de lo contratado una vez que están desnudos con otra persona. Un coordinador de intimidad está ahí para ayudar a organizar las escenas y abogar por los actores. Piensen en ellos como un punto medio entre un burócrata y un anticonceptivo.
En segundo lugar, *Heated Rivalry* tiene mucho sexo. Concretamente, sexo entre hombres. Más concretamente aún, sexo entre hombres jóvenes que son estrellas del hockey sobre hielo y rivales acérrimos en la pista, pero irresistiblemente atraídos fuera de ella. Son Shane Hollander (Hudson Williams), un niño dorado cuyo talento fue cultivado por sus cariñosos padres desde el principio y cuya madre es su representante, consiguiéndole jugosos acuerdos comerciales cada vez que se sienta a descansar; e Ilya Rozanov (Connor Storrie), un producto del más brutal sistema soviético, cuya madre no está, cuyo padre empuja a su hijo sin descanso por la gloria de Rusia y cuyo hermano es un vago sin remedio, viviendo a su costa mientras también lo desprecia por ser gay.
Pero en cualquier romance –y por muy explícitamente decorado que esté, eso es lo que *Heated Rivalry* sigue siendo, como los libros *Game Changers* de Rachel Reid en los que se basa– los opuestos se atraen y pronto Shane e Ilya están liados como gatos. Gatos con suites de lujo, traseros y piernas perfectos y muebles siempre colocados en el ángulo preciso para ocultar cualquier cosa que pudiera impedir la venta de *Heated Rivalry* a mercados internacionales.
Hudson Williams como la estrella del hockey Shane Hollander. Fotografía: Sphere Abacus/Sky
Su primera vez es la primera vez de Shane con un hombre. Para Ilya es “realmente no”. Afortunadamente, Shane le coge el tranquillo rápidamente e Ilya es un profesor talentoso, dedicado a aumentar las habilidades de su alumno a lo largo de muchas más noches en muchos más hoteles de lujo y, a medida que su riqueza y estatus crecen con los años, en apartamentos y cabañas de diseño mientras su relación secreta continua.
Sin embargo, después de un rato, ver a gente teniendo sexo –por muy perfectos que sean sus traseros– es innegablemente tedioso. Y ver a jóvenes bromear en los intervalos (“Eres aburrido”, dice Ilya, repetidamente. “Eres un idiota”, suele responder Shane) lo es aún más. Y aunque las escenas de hockey se reducen al mínimo, tampoco son para nada fascinantes.
Justo cuando empiezas a pensar “renunciaría a parte del duro trabajo de Hunter aquí a cambio de un poco de desarrollo de personaje o profundidad emocional”, se introduce una segunda relación que proporciona exactamente eso. El compañero de equipo de Shane, Scott Hunter (François Arnaud), resulta ser también un jugador de hockey en el armario y el tercer episodio se dedica al comienzo de lo que resulta ser una relación que cambia y enriquece la vida (a estas alturas, para todos nosotros) con un hombre encantador llamado Kip (Robbie GK). Nos da algo a lo que aferrarnos mientras esperamos a que la pareja principal madure.
La segunda mitad de la serie les deja hacerlo, un poco. El sexo se convierte en amor (y sexo) e intimidad (y sexo) y las bromas mejoran un poco. Si es recompensa suficiente por aguantar las primeras horas, eso lo decides tú. *Heated Rivalry* ha sido un éxito masivo de boca a boca (el creador y director Jacob Tierney se ha referido a su audiencia “integrada” como “wine moms”, algo que no tengo tiempo ni espacio para analizar aquí) desde que se estrenó el año pasado, así que tendremos que asumir que, para bastante gente, sin duda lo fue.
Se ha elogiado por mostrar a hombres jóvenes enamorados y *in flagrante*, y se ha criticado por no mostrarlos, al estilo de la obra maestra de Russell T Davies *Queer as Folk*, de una manera más realista enamorados y *in flagrante*, aunque esto último creo que es malentender el género romántico en el que se sitúa la serie de Tierney. Creo que el problema radica más en que, una vez superas la novedad relativa de mostrar sexo en una serie mainstream, hay justo lo justo de todo lo demás que necesitas para hacer una buena historia gratificante. ¿Quizás las “wine moms” están demasiado borrachas para importarles? Pero –y pienso en todos los que están a punto de verse atrapados en la inevitable avalancha de dramas copia que vendrán– tanto actores como espectadores merecen más.
*Heated Rivalry* se emitió en Sky Atlantic y está en Now en el Reino Unido, y en HBO Max en Australia.