Cerca de uno de cada tres adultos y más de uno de cada cuatro niños en Estados Unidos reportan padecer una alergia respiratoria, eczema o alergia alimentaria. Sin embargo, hasta un 35% de las personas se autodiagnostican una alergia o intolerancia alimentaria y manejan la condición por su cuenta, en lugar de buscar un diagnóstico clínico por parte de un profesional sanitario. Quienes se autodiagnostican pueden tomar medidas como adoptar dietas restrictivas que causan deficiencias nutricionales evitables, gastar dinero en suplementos ineficaces o tomar antihistamínicos innecesariamente, todo mientras la causa raíz de sus síntomas no se aborda.
Aunque el autodiagnóstico o diagnóstico erróneo de alergias puede tener impactos negativos en el cuidado del paciente, el no realizar pruebas para todos los alergenos sospechosos también puede dejar alergias sin detectar. Esto conlleva síntomas evitables y una peor calidad de vida. Las alergias infradiagnosticadas pueden exponer a los pacientes a reacciones inesperadas, visitas repetidas a urgencias, mayor ansiedad por la incertidumbre y tratamientos innecesarios.
Más allá del riesgo individual, el infradiagnóstico genera una mayor carga económica para el sistema sanitario, resultando en miles de millones anuales en gastos sanitarios desperdiciados. Llegar a la causa raíz mediante historiales detallados, combinados con pruebas de alergia integrales e informadas, puede descubrir alergias ocultas, asegurar un cuidado efectivo y una utilización más inteligente de recursos, y mejorar la seguridad del paciente.
Cómo confirmar con precisión una alergia sospechada
Las pruebas de punción cutánea y los análisis de sangre de IgE específica (sIgE), las dos pruebas habituales, no indican necesariamente una alergia clínica, sino sensibilización a un alergeno. Una sIgE elevada se correlaciona con una mayor probabilidad de reacción, pero la sensibilización no garantiza que esta ocurra. En el caso de alergias alimentarias, tampoco indica que un alimento deba eliminarse de la dieta, especialmente si se consume sin problemas.
Además, no todos los pacientes alérgicos a un alimento lo son al mismo componente. Por ejemplo, los alérgicos al cacahuete pueden estar sensibilizados a proteínas diferentes. Identificarlas permite predecir la expresión de los síntomas y ofrecer guías más precisas, crucial para entender si se experimentarán síntomas leves o reacciones sistémicas, o si se podría tolerar el alergeno cocinado.
Debido a esta variabilidad, la historia clínica del paciente es el paso más importante del proceso diagnóstico. Una historia exhaustiva debe evaluar síntomas compatibles con alergia mediada por IgE, que puede afectar a la piel, tracto gastrointestinal, sistema cardiovascular y/o respiratorio. Estas reacciones suelen ocurrir minutos u horas tras la exposición, salvo respuestas retardadas como en el síndrome alfa-Gal. El clínico debe evaluar cuándo ocurren los síntomas, su frecuencia y desencadenantes potenciales, considerando factores como el trabajo, hogar y hábitos alimenticios. Las reacciones también deben ser reproducible de manera consistente en condiciones similares.
Llegar a la causa raíz de los síntomas alérgicos ayuda a los clínicos a proporcionar el tratamiento apropiado, ya sea medicación, modificaciones del estilo de vida o inmunoterapia alergeno-específica, para mejorar los resultados de salud y el bienestar general.
Impactos negativos del infradiagnóstico en el paciente y el sistema sanitario
El infradiagnóstico o retraso en el diagnóstico de una alergia alimentaria sospechada no solo impacta negativamente a los pacientes, sino también al sistema sanitario. Para los pacientes, el impacto financiero de las reacciones agudas y la anafilaxia es considerable.
Un análisis retrospectivo de siete años de reclamaciones de seguros de 355,520 individuos con alergias alimentarias halló que un 17% visitó urgencias y un 0.9% fue hospitalizado. El estudio estimó que los pacientes con visitas relacionadas incurrieron en un coste medio directo de $1,631 anuales, aproximadamente un 11% del coste total anual de $14,395 por paciente. Tras las visitas hospitalarias, un análisis encontró que la mayoría de los pacientes que acudieron a urgencias por una reacción aguda o anafilaxia no recibieron prescripción de un autoinyector de adrenalina, educación para evitar el alergeno, ni consejo de consultar con un alergólogo.
Desde la perspectiva de la utilización de recursos sanitarios, condiciones como la rinitis alérgica, el eczema, las alergias alimentarias y el asma alérgico son comunes pero frecuentemente infradiagnosticadas y subtratadas, imponiendo una carga significativa al sistema y conduciendo a complicaciones de salud evitables. Las inequidades sistémicas en salud pueden exarcerbar estos impactos. Un estudio encontró que la prevalencia de alergia alimentaria entre niños inscritos en Medicaid en EE.UU. era sustancialmente menor (0.6%), comparado con estimaciones nacionales previas (7.6%), señalando un infradiagnóstico prevalente en esta población.
En general, las alergias alimentarias son un motor importante de los costes sanitarios, con un estudio estimando que las alergias alimentarias infantiles cuestan $24.8 mil millones anuales en EE.UU., debido en gran parte a visitas hospitalarias, ambulatorias y de urgencia, señalando la importancia de un diagnóstico temprano y preciso.
Por qué importa el enfoque diagnóstico correcto
Obtener un diagnóstico preciso de alergia alimentaria puede aumentar la diversidad dietética y potencialmente mejorar la nutrición cuando se descartan alergias sospechosas, haciendo que el enfoque diagnóstico correcto sea esencial desde el inicio. Una mayor especificidad diagnóstica también puede permitir a los clínicos reducir el número de pruebas de provocación oral de mayor riesgo mientras realizan más de menor riesgo, ayudando a más pacientes a alcanzar un diagnóstico preciso.
Utilizando el enfoque diagnóstico correcto y asegurando que los pacientes comprendan sus alergias de manera precisa y exhaustiva, el manejo de la enfermedad puede pasar de reactivo a proactivo, conduciendo a una mejor atención, menor utilización innecesaria de recursos y una calidad de vida mejorada para los pacientes.
Foto: HASLOO, Getty Images
Gary Falcetano, PA, es el Gerente de Asuntos Científicos para Alergia en ImmunoDiagnostics de Thermo Fisher Scientific. Es physician assistant licenciado con más de 25 años de experiencia diversa en medicina de emergencia y desastres, atención primaria, y alergología e inmunología.
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