Crítica de ‘Whistle’ – Una astuta y compasiva versión del terror de artefactos malditos | Cine

En la superficie, esta película de terror irlandesa-canadiense sobre adolescentes y consciente de su género, parece el tipo de proyecto que se pone en producción después del éxito en taquilla de Talk to Me, el thriller sobre un artefacto maldito de los hermanos Philippou. Sin embargo, en lugar de la Australia suburbana, el guionista Owen Egerton y el director Corin Hardy nos trasladan a un pueblo industrial norteamericano, otoñal y perfecto para Springsteen. Allí, Chrys (Dafne Keen), una estudiante de secundaria artística, hereda la taquilla del jugador estrella de baloncesto que acabamos de ver achicharrado en el prólogo. El objeto mortal que encuentra es un silbato azteca en forma de calavera que tiene inscrito “invocar a los muertos” o “invocar a tus muertos” (hay un pequeño debate lingüístico). Naturalmente, ella lo devuelve y todos viven felices para siempre.

Bromeo, por supuesto. Durante un tiempo, el elemento de horror es menos directo que en su predecesora antípoda, pero el acto de soplar el silbato pronto hace que los peores miedos de todos sobre la muerte se vuelvan literales. Ese desarrollo le da a las escenas de muerte, cada vez más sangrientas de Hardy, un toque parecido a *Destino Final*: no puedes sino compadecer al chico amante de los coches que perece en un accidente automovilístico… en su dormitorio. Una similitud con la película de los Philippou es la simpatía por los adolescentes inseguros y problemáticos, muy distintos a los típicos deportistas y reinas del baile desechables. Egerton observa los rituales del enamoramiento con ternura, destacando discretamente la lucha de Chrys por salir del clóset con su compañera Ellie (Sophie Nélisse); bajo la amenaza de la muerte, esto es un intento de vivir la vida más auténtica.

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El director británico Hardy se divierte mucho más aquí que con la mecánica entrada de franquicia de 2018, *The Nun*. Saca provecho de un buen chiste interno –nombrando objetos, lugares y al condenado profesor Mr. Craven (Nick Frost) en honor a directores de terror famosos– y lleva una secuencia en un laberinto de paja, seguramente imposible para los recursos de un festival de pueblo, hacia lo surrreal y divertido. Si bien la película no logra integrar bien a un predicador y traficante de drogas (Percy Hynes White), por lo demás logra la difícil hazaña de ser familiar sin parecer copia, con escenas que recuerdas de películas que te gustan, a veces con un giro novedoso. Suficiente para disfrutar un viernes o sábado por la noche, sin duda.

*Whistle* ya está en cines en EE.UU., el 12 de febrero en Australia y el 13 de febrero en el Reino Unido.

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