Las prisiones de Málaga se enfrentan a una creciente inundación de FENTANILO, según advierten las autoridades, ante el aumento de informes que detallan cómo los internos reciben esta droga letal a través del correo.
Los funcionarios afirman que este potente opioide, apodado ‘la droga zombie’, aparece con frecuencia en cartas y parches enviados a los reclusos; en ocasiones, procedentes incluso de sus propias familias.
La alarma saltó tras un incidente en el centro penitenciario de Alhaurín de la Torre el miércoles, cuando un interno fue trasladado de urgencia a la enfermería bajo los efectos de la sustancia.
El personal penitenciario descubrió que el individuo había ocultado, con cinta adhesiva, 24 parches de fentanilo dentro de su chaqueta durante una visita presencial.
El recluso mostró un comportamiento agresivo y signos evidentes de intoxicación antes de ser conducido a la enfermería.
Una resonancia magnética posterior reveló que había escondido varios parches más ‘en el interior de su cuerpo’.
El sindicato de funcionarios de prisiones Tu Abandono Me Puede Matar (TAMPM) alertó de que, si los demás parches hubieran entrado en circulación, las consecuencias podrían haber sido mortales para otros internos.
El TAMPM añadió que este episodio subraya la facilidad con la que estos minúsculos parches, casi imperceptibles, pueden colarse a través del sistema postal.
Los trabajadores penitenciarios señalan que paquetes y cartas con remitentes falsos se emplean cada vez más para introducir drogas como el fentanilo y los cannabinoides sintéticos.
Existe temor entre el personal de que este opioide de altísima potencia desencadene sobredosis y actos de violencia entre reclusos.
Las autoridades afirman que están intensificando los controles sobre la correspondencia, pero admiten que los diminutos parches son extremadamente difíciles de detectar.
El fentanilo es un opioide sintético entre 50 y 100 veces más potente que la morfina. Se emplea médicamente para tratar el dolor severo, pero cantidades ínfimas pueden ser letales si se usan indebidamente.
Esta droga ha provocado un repunte de muertes en países como Estados Unidos y Canadá, donde se la vincula con miles de sobredosis y fallecimientos.
Los expertos advierten que su potencia extrema la hace sumamente peligrosa si llega a personas fuera de un entorno médico controlado –o, como en este caso, a la población reclusa–.
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