Conocida como el “Caribe de Europa”, la Spiaggia La Pelosa en Stintino atrae cada año a un mayor número de visitantes gracias a su arena blanca y fina y a sus aguas someras y turquesas de una cristalinidad excepcional. No obstante, esta playa de postal se rige ahora por una de las normativas medioambientales más estrictas del continente: está prácticamente prohibido colocar toallas de playa directamente sobre la arena.
Esta regulación, aplicada por el Ayuntamiento de Stintino y la policía municipal y en vigor total para la temporada 2026, prohíbe expresamente dejar cualquier toalla común, especialmente las de felpa tradicional, en contacto directo con la arena. Las multas, por cierto, pueden resultar cuantiosas.
Estudios científicos han demostrado que las toallas húmedas actúan como potentes imanes, atrapando miles de granos microscópicos de la famosa arena fina de la playa en sus fibras. Cuando los bañistas las sacuden o las recogen al final del día, se retiran involuntariamente varias toneladas de esta arena protegida de la línea de costa cada temporada, lo que acelera la erosión y amenaza el frágil ecosistema de la playa.
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Adiós a las toallas: llegan los esterillos de bambú
Para cumplir la normativa, los veraneantes deben colocar sus toallas sobre esterillas rígidas y sin tela, fabricadas de paja, bambú, madera o materiales similares. Las mantas “libres de arena” de microfibra suelen incumplir los criterios según las últimas directrices. Vigilantes de playa patrullarán la zona a diario, imponiendo multas inmediatas de 100 euros a quien infrinja la norma.
¡Prohibido llevarse conchas!
La prohibición de las toallas forma parte de un conjunto más amplio de medidas protectoras. En temporada alta (normalmente de junio a octubre), se limita estrictamente el aforo diario a 1.500 personas, lo que exige una reserva anticipada en línea a través de la web oficial (spiaggialapelosa.it) por una tarifa de 3,50 euros por adulto, siendo la entrada gratuita para menores de 12 años. Además, las normas incluyen: prohibición de perros entre las 8:00 y las 20:00 horas, uso obligatorio de las duchas de pies antes de abandonar la playa, prohibición de fumar fuera de las zonas habilitadas y una política de tolerancia cero hacia la extracción de arena, conchas o guijarros. Las infracciones de esta última ley pueden conllevar multas de entre 300 y 5.000 euros, y en casos graves, aunque raros, incluso pena de cárcel.
Aunque algunos visitantes consideran las normativas excesivamente rigidas, las autoridades locales insisten en que son esenciales para preservar la belleza extraordinaria de La Pelosa para las futuras generaciones. Para quien planee visitarla en 2026, el consejo es claro: reserve su plaza con mucha antelación, alquile o compre una esterilla aprobada en el lugar si es necesario (unos 5 euros) y siga las reglas, porque estas pequeñas inconveniencias son un precio justo a pagar por proteger uno de los tesoros naturales más deslumbrantes del Mediterráneo.