Por el Dr. Fabián Poletti
UNA de las frases más comunes que escucho regularmente de pacientes mayores de sesenta años es esta: “Me las apaño”.
Me lo dicen con calma. A veces, incluso con orgullo.
Pero cuando miramos más de cerca, ‘apañárselas’ a menudo significa algo muy triste.
Significa ya no pasear por el paseo marítimo.
Significa dudar antes de subir las escaleras a un dormitorio en la primera planta.
Significa evitar salidas más largas.
Significa no levantar a un nieto.
Significa acortar los paseos con el perro.
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Significa vivir con cautela –no con libertad– debido al dolor que se padece.
Con el tiempo, el dolor se normaliza. Y he aquí la incómoda verdad: vivir rodeado de dolor no es simplemente una cuestión de resiliencia.
El problema a menudo es la osteoartritis, que se describe como un simple ‘desgaste’.
Esa explicación es incompleta. En la mayoría de los pacientes, la osteoartritis representa el resultado final de años de inflamación crónica de bajo grado y es la forma más común de artritis.
Este proceso inflamatorio en torno a las articulaciones está influenciado por el peso, la salud metabólica, el sedentarismo, la calidad del sueño, el estrés, lesiones previas y la predisposición genética.
No afecta únicamente al cartílago. La osteoartritis involucra a todo el órgano articular: cartílago, hueso subcondral, ligamentos, sinovial, cápsula, músculos circundantes y, en la rodilla, el menisco.
Es una condición biológica compleja, no una mera erosión mecánica.
Para cuando la vida diaria se ve restringida, los cambios inflamatorios y estructurales suelen haber evolucionado en silencio durante años.
Y el dolor en sí mismo no es pasivo.
Cuando el dolor articular persiste durante meses o años, el sistema nervioso se adapta. Las vías del dolor se vuelven más eficientes. Las señales se amplifican. Movimientos que antes causaban leve molestia comienzan a desencadenar respuestas desproporcionadas. Este proceso se conoce como sensibilización crónica.
Soportar el dolor sin abordarlo no construye fortaleza. Entrena al sistema nervioso para recordar el dolor.
Cuanto más continúa esto, más difícil se vuelve revertirlo –incluso cuando la articulación se corrige finalmente con cirugía, que suele ser mi trabajo–.
He visto operaciones técnicamente excelentes seguidas de una recuperación más lenta de lo esperado simplemente porque años de inflamación, pérdida muscular y sensibilización ya habían tenido lugar de antemano.
El verdadero peligro no es solo el daño articular: es la reducción gradual de la vida.
La buena noticia es que la solución no es simplemente ‘operar o aguantar’.
Un cirujano ortopédico bien formado debería poder ofrecer un espectro completo de opciones – desde la modificación del estilo de vida y la optimización metabólica, hasta estrategias naturales antiinflamatorias basadas en evidencia, terapias biológicas y regenerativas, procedimientos mínimamente invasivos para el dolor, cirugía preservadora de la articulación y, finalmente, el reemplazo articular parcial o total cuando, y si, es necesario.
Reducir la inflamación de bajo grado comienza con pasos realistas: optimización estructurada del peso cuando sea apropiado, fortalecimiento muscular dirigido para proteger la mecánica articular, mejorar la calidad del sueño y abordar el desequilibrio metabólico.
Incluso mejoras modestas pueden reducir significativamente la carga sobre la rodilla, la cadera u otras articulaciones.
En pacientes seleccionados, las terapias biológicas o regenerativas pueden ayudar a modular la inflamación articular y mantener la función.
Estos tratamientos no son curas milagrosas, y no reemplazan a la cirugía cuando ésta está claramente indicada. Sin embargo, en casos debidamente seleccionados, pueden reducir los síntomas y potencialmente retrasar la progresión de la enfermedad durante años.
Los procedimientos mínimamente invasivos para el dolor –incluyendo bloqueos nerviosos dirigidos y la ablación por radiofrecuencia– pueden interrumpir la señalización de dolor persistente en casos específicos. Cuando se realizan con una comprensión estructural de la articulación, estas técnicas pueden reducir la amplificación del dolor crónico y permitir a los pacientes reconstruir fuerza y confianza.
En algunos pacientes, la cirugía preservadora de la articulación, como la osteotomía correctiva, puede realinear la extremidad, redistribuir la carga y retrasar significativamente la necesidad de un reemplazo articular.
Estos procedimientos son particularmente valiosos cuando se realizan en la etapa apropiada de la enfermedad.
Y cuando llega el momento adecuado, los reemplazos articulares parciales y totales modernos siguen estando entre los procedimientos más exitosos de la medicina contemporánea.
Con protocolos avanzados de recuperación rápida y estrategias refinadas de manejo del dolor, muchos pacientes se movilizan el mismo día y se recuperan más rápidamente –a menudo con mucha menos molestia de la que esperan–.
La clave no es precipitarse innecesariamente hacia la cirugía, ni postergarla por miedo.
Lo que más me preocupa no es la artritis en sí: es la silenciosa aceptación de la limitación.
Eso significa, no caminar junto al mar. No viajar cómodamente. No jugar con los nietos. No moverse libremente dentro de su propia casa.
El dolor no debería dictar esas elecciones.
Si está postergando la acción por temor a la cirugía, reconsiderelo. A menudo hay múltiples estrategias disponibles antes de que ese paso sea necesario.
Si se está adaptando año tras año, reconsiderelo. Y si está en una lista de espera, practique lo que yo llamo espera activa: controle la inflamación, preserve la fuerza muscular, optimice la salud ósea cuando sea apropiado y prepare su cuerpo para que, si la cirugía se vuelve necesaria, usted llegue más fuerte –no más débil–.
Envejecer es inevitable. La inflamación crónica de bajo grado es común. La osteoartritis está muy extendida.
Pero el deterioro silencioso no lo es.
Comprender el dolor es el primer paso para controlarlo.
El Dr. Fabián Poletti es Cirujano Consultor Ortopédico y Traumatólogo formado en el Reino Unido, FRCS (Eng), FEBOT, MSc (Imperial), DIC. Ocupó puestos clínicos superiores en el NHS del Reino Unido y está incluido en el Registro de Especialistas del GMC. Posteriormente ejerció como Médico Jefe en Dinamarca y posee una amplia experiencia tanto en el sistema sanitario público como privado español. Actualmente ejerce en Marbella, Estepona y Gibraltar.
Puede encontrar más información en www.drpoletti.com/en, con consultas en Marbella, Estepona y Gibraltar.
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