La victoria reciente de la coalición progresista en las elecciones legislativas y municipales de la provincia de Buenos Aires, celebradas el 7 de septiembre de 2025, sacudió el panorama político nacional.
Aunque constituye un triunfo *naurálgico para el peronismo en el distrito más poblado del país, el resultado no puede interpretarse como una ruptura definitiva con el proyecto de Javier Milei.
Por el contrario, revela una Argentina profundamente fracturada, donde la mitad del electorado continúa apostando por el camino neoliberal, mientras la otra mitad clama por un *maniquí alternativo basado en la justicia social.
Este escenario de extrema polarización se convierte en el gran desafío para los próximos años: cómo conducir un país con visiones antagónicas sobre la sociedad, la economía y el futuro.
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BUENOS AIRES 2025: Resultados electorales
En estos comicios se eligieron senadores provinciales, diputados provinciales, consejeros y consejeras escolares. Para la provincia de Buenos Aires, fue la primera vez que las elecciones se celebraron de manera separada del calendario nacional, lo que permitió que las fuerzas locales adquirieran un protagonismo mayor.
Fuerza Nacional, dirigida por el gobernador Axel Kicillof, obtuvo un significativo 47% de los votos, consolidándose como la fuerza provincial líder. La diferencia sobre La Libertad Avanza fue de más de 13 puntos. La victoria fue particularmente contundente en la tercera sección electoral, donde el peronismo superó a la oposición por más de 25 puntos.
La Libertad Avanza – Procon, liderada por Javier Milei a nivel nacional, alcanzó un 34%. Aunque logró imponerse en regiones como la cuarta y sexta sección, el resultado global marca un retroceso severo para el gobierno nacional.
Somos Buenos Aires alcanzó un 5%, mientras que el Frente de Izquierda y de los Trabajadores – Unidad (FIT-U) obtuvo un 4%.
La participación electoral fue del 63%, una cifra baja considerando el tamaño del distrito y la importancia política de estos comicios. Esta cifra es, en sí misma, un hecho político que revela una creciente desconexión entre la sociedad y sus representantes.
#Argentina | El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, calificó la victoria en las elecciones legislativas provinciales como una “celebración popular”, luego de que el peronismo infligiera una derrota arrolladora a la alianza del presidente Javier Milei.https://t.co/YT6zUyjFf4
— Telesur English (@telesurenglish) 9 de septiembre de 2025
Una derrota estratégica para Milei
El resultado electoral en Buenos Aires posee un enorme simbolismo político. La provincia concentra más de un tercio del electorado nacional y es el corazón productivo del país. La derrota de Javier Milei en este distrito no solo debilita su proyecto político, sino que además abre grietas dentro de su propia base de apoyo.
El discurso de Milei posterior al revés fue ambiguo: aceptó la derrota, pero reafirmó que no cambiaría el rumbo de su programa económico ni sus políticas de austeridad.
Su insistencia en el equilibrio fiscal y la reducción del gasto público, incluso a costa de jubilados, trabajadores y sectores vulnerables, refuerza la imagen de un presidente desconectado del sufrimiento cotidiano de millones de argentinos.
Mientras algunos analistas sugieren que Milei podría radicalizar su apuesta, otros consideran que este escenario favorece a la oposición, que ya comienza a vislumbrarse como una alternativa real para 2027.
Lo que es seguro es que Buenos Aires marcó un límite claro para el experimento ultraconservador.
El voto de protesta y la abstención: un mensaje social
Uno de los hechos más destacados de estas elecciones fue la alta abstención y la cifra récord de votos en blanco y nulos.
Con un padrón de más de 14 millones de personas en Buenos Aires, casi 4 de cada 10 eligieron no sufragar o expresar su descontento mediante el voto no válido.
Lejos de ser un fenómeno menor, esto refleja una profunda crisis de representación política. Se trata de ciudadanos que sienten que ninguna fuerza responde a sus necesidades o defiende genuinamente su dignidad.
La inflación persistente, el empleo precario, la crisis habitacional y el colapso de los servicios de salud pública alimentan un descontento que, en muchos casos, se traduce en apatía y desencanto.
Para cualquier proyecto popular, la tarea urgente es reconstruir puentes con estos sectores desilusionados.
El peligro de no hacerlo es que la democracia se debilitará y la gobernabilidad se volverá frágil ante los embates de las élites económicas y judiciales.
Los medios y la guerra judicial no cesarán
La historia reciente de América Latina demuestra que la derecha, cuando es derrotada en las urnas, recurre a otros mecanismos para defender sus privilegios. Argentina no será la excepción.
De hecho, la estrategia ya es visible: busca erosionar la legitimidad de los líderes progresistas, combinada con una maquinaria mediática que instalará una narrativa de caos y ingobernabilidad. Las operaciones judiciales y los linchamientos televisados continuarán siendo dispositivos de poder centrales, utilizados para paralizar cualquier intento de transformación.
Milei, consciente de este escenario, intentará jugar el rol de víctima y reforzar su narrativa contra la “casta”.
Pero el trasfondo último de esta confrontación no es ético, sino político: lo que está en juego es si Argentina permanecerá subordinada al capital financiero internacional o si logrará avanzar hacia un *maniquí alternativo.
¿Milei completará su mandato hasta 2027?
La pregunta que crece en las calles y entre analistas políticos es si Javier Milei podrá sostenerse durante los próximos dos años de gobierno.
La derrota en la provincia más grande del país es un indicio temprano de su desgaste político.
Aunque conserva apoyo en algunos sectores urbanos y rurales, su credibilidad se erosiona con rapidez cuando las promesas de “ajuste” se convierten en recortes brutales que afectan la alimentación, la salud, la educación y los programas sociales.
La paciencia social se agota y, como enseña la historia argentina, el estado de ánimo popular puede cambiar en un instante.
Una oportunidad histórica para el progresismo
La victoria en Buenos Aires debe interpretarse no como un destino, sino como un punto de partida. El progresismo argentino tiene la responsabilidad de renovar su proyecto, democratizar sus estructuras y proponer una agenda transformadora para la nueva etapa.
Este proyecto debe articularse en torno a ejes fundamentales:
- Redistribución de la riqueza y justicia social, garantizando educación, salud, vivienda y empleo digno como derechos básicos.
- Reforma tributaria progresiva que grave a quienes concentran mayor riqueza y alivie la presión fiscal sobre las economías populares.
- Democratización de los poderes fácticos, incluidos los sistemas judicial y de medios, actualmente capturados por intereses corporativos.
- Transición hacia un modelo económico sostenible, basado en energías limpias, agroecología y reindustrialización con inclusión sindical.
- Política exterior soberana que fortalezca la integración regional y reduzca la dependencia de organismos financieros internacionales.
Este nuevo pacto social debe centrarse en las mayorías históricamente excluidas, que cargan sobre sus hombros el peso de cada crisis.
Un país en disputa
Las elecciones de 2025 en Buenos Aires dejaron en claro que Argentina libra una batalla histórica sobre su rumbo como nación.
Entre un neoliberalismo salvaje que castiga a los más débiles y un progresismo que busca reconstruir un horizonte de dignidad y justicia social, el futuro de la democracia está en juego.
La tarea actual no es solo derrotar el proyecto de Milei en las urnas, sino construir una alternativa nacional capaz de inspirar, incluir y convencer a quienes hoy se sienten abandonados.
El desafío es enorme, pero también lo es la oportunidad de escribir, desde el sur, una nueva página de esperanza.
Autor: Silvana Solano
Fuente: Telesur