Un club de esquí que por 50 años ha preservado silenciosamente los senderos naturales

Durante décadas, el club de esquí Five Winds ha mantenido más de 200 kilómetros de senderos en la naturaleza. Cada domingo en invierno, un autobús sale de Toronto llevando esquiadores y amantes de la aventura hacia los bosques de Muskoka.

El club es una mezcla de profesionales de 20 a 80 años. Por más de medio siglo, este grupo voluntario ha cuidado esta red de senderos cerca de Georgian Bay. A diferencia de las estaciones comerciales, aquí no hay máquinas para preparar las pistas, ni señalización fija.

“Muchos miembros han esquiado aquí por décadas, manteniendo viva esta tradición canadiense”, dice Jeff Mooallem, el director. Él teme por el futuro del club, ya que los miembros envejecen y menos gente conoce esta actividad. Antes de la pandemia el autobús llevaba hasta 80 personas; ahora lleva unas 30.

“Es un legado que vale la pena proteger”, afirma Mooallem.

El club comenzó con Michael Naughton, un exoficial británico que exploraba los bosques en los años 50. Él se inspiró en el pionero del esquí Herman Smith-Johannsen. Naughton convenció a sus amigos para crear senderos los fines de semana. El club se formó oficialmente en 1973.

Los nuevos miembros a menudo comienzan con raquetas de nieve, aprendiendo de los veteranos. “La gente con más experiencia enseña a los que tienen menos”, explica Kyra Bell-Pasht, una abogada que se unió durante la pandemia.

“Compartimos experiencias mágicas. El paisaje es prístino y todos sentimos la responsabilidad de cuidarlo”, dice ella. Para Bell-Pasht, esquiar en entornos controlados es diferente. “En los senderos de Five Winds no ves a nadie más. Es una inmersión total en la naturaleza silvestre”.

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El mantenimiento de los senderos continua todo el año. En primavera y otoño, los miembros viajan para limpiar el camino y hacer reparaciones. Estas salidas también incluyen actividades como acampar o buscar hongos.

Bell-Pasht se enteró del club por un extraño durante una caminata. Hoy, el club tiene unos 90 miembros. Para Mooallem, la mayor recompensa es la sensación de descubrimiento. “Aquí nos sentimos como exploradores. Como niños otra vez”, concluye.

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