Un Banquete de Cuatro Tiempos por Richert Beil: La Semana de la Moda de Berlín AW26 no Dejó ni una Miga

Sabía que el arsenal de insultos alemanes de mi padre sería útil algún día, solo no pensé que sería en el cuarto día de la Berlin Fashion Week. Jale Richert y Michele Beil, los cerebros detrás de Richert Beil, titularon su colección AW26 ‘Landei’. Un término de la industria para quien es considerado muy provinciano, muy lento, muy desconectado para seguir el ritmo urgente de la moda. Naturalmente, el dúo convierte el insulto en un manifiesto.

Todo ocurrió en una farmacia de 135 años, que resulta ser el nuevo estudio de la marca. Lo hecho en casa es lo mejor. Entras y ves filas de asientos, cada uno con una mesita entre pupitre y banquete, vestida de blanco, como esperando una estrella Michelin. En cada una, un menú listaba cuatro platos en tamaño pequeño. ‘El Rollo’, rollos de remolacha y alga, ‘La Almohada’, pasteles rellenos de puré de tomate, ‘El Chupito’, caldo. Y por último, pero no menos, ‘El Huevo’, claro. Que venía en un tamaño aterrador, servido con pinzas. Porque aparentemente es la única forma civilizada de extraer las bragas de encaje escondidas dentro sin romperlo. Tiene todo el sentido si alguna vez recibiste el email de la lista de invitados preguntando por “restricciones alimenticias” y “talla de ropa”. Todo servido por la brigada de servicio blanquinegra de Richert Beil.

@berlinfashionwe via Instagram

En cuanto a moda, si la marca es buena en algo, es en sastrería, y esta temporada no fue la excepción. La lana italiana fina se aliaba con algodón, encaje, incluso latex. La belleza de la tensión. Como era de esperar, no había mucho color, negro, marrón y blanco era la paleta. Osea, negro. Pero eso solo beneficia a la marca, resaltando su artesanado y construcción. Como detalles cosidos que probablemente deberían quedarse bajo las sábanas, bordados tan bávaros que podrían servir pretzels, y mi favorito personal, baberos con volantes. Y ni hablemos del casting. Vi pómulos tan afilados que podrían cortar tu ensalada en juliana, canas y arrugas que daban ganas de envejecer, y ojos bonitos que coqueteaban con el concepto de estar medio dormido.

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Despacio. Toca las cosas. Come algo. Eso es Richert Beil en un bocado, comidas reales, ropa real, gente real.

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