Un año después de las mortales inundaciones de Valencia, los españoles exigen respuestas con indignación.

La última vez que Toñi García vió a su esposo, Miguel, y a su hija de 24 años, Sara – su única hija – fue cuando las inundaciones repentinas golpearon su pueblo de Benetússer hace un año.

Miguel y Sara bajaron al garaje en el sótano de su casa para mover su coche. Pero el agua de la inundación entró y no pudieron escapar.

“Los buzos de la milicia que encontraron los cuerpos de mi esposo y mi hija dijeron que habían conseguido salir del coche y que estaban juntos, abrazándose,” dice Toñi, con lágrimas.

Eso fue el 29 de octubre de 2024, una fecha ahora grabada en la psique de la gente de Benetússer y muchos otros pueblos de la región de Valencia, al este de España.

Las peores inundaciones que España había visto en décadas – un fenómeno conocido por los meteorólogos como la Dana – mató a 229 personas en la región, y otras ocho murieron en las vecinas Castilla-La Mancha y Andalucía.

“Es lo que más me duele – la forma trágica en que murieron,” dice Toñi García.

“No llegaron a la puerta del garaje, porque había tanta agua, tantos metros de profundidad. Agua y lodo,” recuerda Toñi.

“Sé que tubieron tiempo para saber que iban a morir,” añade. “Es lo que más me duele – la forma trágica en que murieron.”

Un año después, Valencia todavía está de luto.

Un servicio conmemorativo estatal se celebrará el miércoles en la Ciudad de las Artes y las Ciencias, y se espera que asistan el Rey Felipe VI y el Presidente del Gobierno Pedro Sánchez.

Incluso para muchos de los que no sufrieron una pérdida personal, el legado de la tragedia perdura.

Jennifer Arango Bonilla y su familia observaron las aguas de la inundación desde la seguridad de su piso en el primer piso cerca de Benetússer, pero para su hijo de nueve años Emmanuel el trauma es difícil de superar.

“Cada vez que llueve él tiene mucho miedo y cree que todo va a pasar otra vez,” dice Jennifer, añadiendo que el suceso ha afectado su comportamiento. “Antes era un niño que hablaba más, jugaba más e interactuaba más con otros niños. Ahora está más callado.”

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Este es un fenómeno común entre los niños que estaban en los pueblos más afectados por las inundaciones. Casi un tercio de ellos todavía siente miedo a la lluvia y a los ruidos fuertes, y un cuarto tiene pesadillas o insomnio, según Save the Children.

Pero a pesar del dolor emocional, la región ha estado avanzando considerablemente hacia la normalidad.

Paiporta fue el pueblo que se volvió sinónimo de la Dana debido a la enorme devastación que sufrió, perdiendo la vida 56 habitantes.

El legado del fenómeno meteorológico todavía es visible allí. Las plantas bajas de algunos edificios están apuntaladas con andamios y parecen a punto de derrumbarse, y en algunas zonas los escombros se apilan en montones mientras las excavadoras continúan el trabajo de reconstrucción.

Pero el lodo que cubrió las calles de Paiporta durante meses después de las inundaciones se ha ido, al igual que los vehículos militares blindados que daban al pueblo la apariencia de una zona de guerra, cuando el ejército proporcionó ayuda para la limpieza y distribución de ayuda.

Vicent Ciscar, el alcalde, cree que la reconstrucción completa podría tardar varios años más, ya que, por ejemplo, el alumbrado público todavía no se ha restaurado.

Sin embargo, él dice que Paiporta tiene la oportunidad de convertirse en un pueblo nuevo y más resistente, considerando la amenaza de futuros fenómenos meteorológicos.

Esto significará, por ejemplo, repensar cómo y dónde se aparcan los coches, que causaron mucho daño cuando fueron arrastrados por la DANA.

Ciscar menciona que ya se han introducido varias medidas preventivas, como lectores para medir la profundidad del agua en el canal que cruza el pueblo, el cual se desbordó hace un año, además de protocolos más estrictos para los funcionarios durante las alertas por mal tiempo.

“Ahora tenemos mensajes que se transmiten a los habitantes sobre lo que deben o no deben hacer en caso de inundación, y vamos a revisar constantemente nuestros procedimientos para evitar que se repita esta catástrofe,” afirmó.

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Mientras la infraestructura de Valencia vuelve a la normalidad y parece que se han aprendido lecciones logísticas, la ira por el manejo de la DANA el día del desastre no se disipa.

Cincuenta y seis personas perdieron la vida en el pueblo de Paiporta.

En particular, el uso por parte del gobierno regional de una alarma de emergencia, enviada a los teléfonos de los residentes de Valencia advirtiéndoles que se quedaran en casa por el clima, ha sido muy cuestionado.

La alarma no se activó hasta después de las 20:00 horas del 29 de octubre, momento en el cual el agua de la inundación ya había causado estragos y se había cobrado docenas de vidas.

Las acciones y movimientos del presidente regional, Carlos Mazón, ese día también han sido criticados, especialmente debido a las aparentes inconsistencias en su propia versión de los hechos.

Ha salido a la luz que el líder conservador pasó casi cuatro horas en un restaurante con una periodista, Maribel Vilaplana, mientras otros miembros de su gobierno intentaban gestionar la crisis.

Su paradero sigue sin estar claro entre el final de la comida y su llegada a la sede de la agencia local de emergencias, alrededor de las 20:30, poco después de que se emitiera la alarma telefónica.

El sábado, decenas de miles de manifestantes se congregaron en el centro de Valencia, en la más reciente de una serie de protestas que exigen la dimisión de Mazón.

“Nuestras manos están llenas de barro, las vuestras de sangre,” decía una pancarta en la protesta del sábado.

“Él se niega a aceptar su responsabilidad, y la gente de Valencia merece que la persona responsable de todo lo ocurrido sea removida y pague por las muertes de 229 personas,” dijo Clelia Rodríguez, una mujer local que participó en la protesta.

Noélia Donat, una estudiante en la manifestación, dijo que Mazón y su gobierno regional “tienen las manos manchadas de sangre y tienen que enfrentarse a la justicia por sus actos”.

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El descrédito ha hecho que Mazón sea frecuentemente abucheado en apariciones públicas y su presencia en el homenaje estatal del miércoles ha sido puesta en duda por las objeciones de los familiares de las víctimas.

Una encuesta reciente mostró que el 83% de las personas en la región cree que Mazón debería dimitir.

Sin embargo, él se niega a renunciar y parece estar a salvo, por ahora, debido al apoyo del partido de ultraderecha Vox. El gobierno regional no respondió a las solicitudes de la BBC para una entrevista con un representante.

Mazón dice que la culpa de la tragedia es del gobierno central, liderado por los socialistas, y de instituciones estatales, como la agencia nacional de meteorología, por no proporcionar supuestamente a su administración suficiente información y apoyo el 29 de octubre.

Ha insistido en que se le juzgue por la reconstrucción de la región y en septiembre dijo que su gobierno había hecho “un esfuerzo titánico y agotador” para “garantizar la normalidad en nuestras carreteras y transporte público y dar un paso gigante en la recuperación económica y social de la Comunidad Valenciana”.

No obstante, una investigación judicial por una posible negligencia está en marcha.

El juez instructor ya ha señalado el uso “notablemente tardío” de la alarma telefónica y ha resaltado la “evitabilidad de la abrumadora cantidad de muertes”.

Aunque tiene inmunidad procesal, las próximas semanas podrían ser delicadas para Mazón.

El magistrado ha citado a declarar a la periodista Maribel Vilaplana el 3 de noviembre sobre la ya infame comida que tuvo con él. El propio presidente valenciano debe comparecer ante una comisión parlamentaria española el 17 de noviembre.

Pero mientras continúan las consecuencias judiciales y políticas de la DANA, los valencianos son muy conscientes de que este fenómeno meteorológico podría volver a golpear con fuerza.

“Tenemos que enseñar a nuestros hijos a manejar este problema,” dijo Rodrigo Hernández, responsable de la oficina de Save the Children en la Comunidad Valenciana. “Tenemos que estar preparados para la próxima.”