El martes 29 de octubre de 2024, 229 personas perdieron la vida en Valencia, siete en Castilla-La Mancha y una más en Andalucía, aunque el efecto dominó de los fallecimientos y otros daños colaterales de la tragedia elevó la cifra a varios miles. Las consecuencias persisten, a pesar de un año de esfuerzos de reconstrucción.
La tormenta mortal impactó primero en la costa este de Mallorca. Mientras Manacor se recuperaba de su embate, esta se intensificó en la península. Para las once de la mañana de aquel martes, los puertos ya estaban cerrados, el tráfico se detuvo, se suspendieron las clases y se activó la alerta roja en Valencia. El portavoz de la Aemet, Rubén Del Campo, recalcó en numerosas ocaciones que “debían extremarse las precauciones” debido al peligro que suponía el temporal. Andalucía, Castilla-La Mancha y Murcia también comenzaban a resentir los efectos de la lluvia.
En la mañana del 29 de octubre, el presidente de la Generalitat Valenciana, Carlos Mazón, ensalzó el trabajo y la “máxima coordinación” de los servicios de emergencia, subrayando que la tormenta no había provocado daños personales ni una alerta importante por inundación, si bien instó a la población a actuar con prudencia y a “evitar los desplazamientos innecesarios”. Llegó a hablar de una prevista “remisión” de la intensidad del fenómeno.
No fue hasta varias horas después, durante las cuales permaneció incomunicado, que Mazón comprendió la verdadera magnitud de la catástrofe. Se produciría una masiva manifestación en Valencia que exigía su dimisión, mientras los tribunales continúan determinando responsabilidades y analizando si se incurrió en negligencia durante la gestión de la emergencia. La alerta ES-Alert se envió a las 20:11, momento para el cual un tercio de las víctimas ya habría fallecido.
Se han invertido casi 1.400 millones de euros en alrededor de 300 iniciativas para la recuperación económica y social. Esta cifra alcanzará los dos mil millones para finales de año. La comisionada del Gobierno para la reconstrucción, Zulima Pérez, afirma que aún queda mucho por hacer, habiendo sido la ayuda total de unos ocho mil millones.
Mas las cifras no pueden ocultar la tragedia ni disipar las sospechas de que, de haber actuado de forma distinta aquel día, algunas personas podrían haber sobrevivido. Aún así habría sido un desastre natural de proporciones colosales, pero Valencia fue también una catástrofe personal.