Suecia ofrece 35.000 euros para que los refugiados abandonen el país

Suecia introduce un pago voluntario de retorno de 35.000 euros como parte de un nuevo giro en su política migratoria.
Crédito: HAFIZ31, Shutterstock

Suecia está introduciendo una de las medidas migratorias más llamativas vistas en Europa en los últimos años: a partir de enero de 2026, los refugiados que renuncien voluntariamente a sus permisos de residencia y abandonen el país podrían recibir hasta 350.000 coronas suecas –aproximadamente 35.000 euros por adulto. La propuesta, confirmada por el gobierno del primer ministro Ulf Kristersson, supone un aumento drástico respecto al pago previo por retorno, que rondaba los 900 euros.

El mensaje desde Estocolmo es claro: esto forma parte de un reajuste más amplio en la política migratoria de Suecia.

Bajo el nuevo sistema, los adultos que elijan retornar a su país de origen –o reubicarse en otro donde tengan derecho legal de residencia– podrán solicitar el pago. Se dispondrá de apoyo financiero adicional para los niños. No obstante, los solicitantes deberán renunciar formalmente a su permiso de residencia sueco.

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Un aumento abrupto del pago por retorno

Suecia ya contaba con un programa de retorno voluntario, pero hasta ahora ofrecía cantidades muy inferiores. Incrementar el pago más de treinta veces señala un giro político de gran calado.

El ministro de Migración, Johan Forssell, ha declarado que el esquema está dirigido a personas que sienten que no se han integrado plenamente y preferirían regresar. El gobierno lo presenta como una opción voluntaria, no como una obligación.

Aún así, la magnitud del pago ha generado debate. Sus defensores argumentan que ofrece un apoyo económico para un nuevo comienzo en otro lugar. Los críticos cuestionan qué mensaje envía un incentivo tan elevado respecto a la integración y al asentamiento a largo plazo.

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Parte de un cambio de tono más amplio

Desde su llegada al poder en 2022, la coalición conservadora que gobierna Suecia ha ido endureciendo progresivamente las normas de inmigración. Los funcionarios afirman que el país necesita reducir los niveles migratorios y repensar su modelo de integración tras años de aceptar un alto número de solicitantes de asilo.

Según cifras oficiales, las solicitudes de asilo en Suecia han disminuido considerablemente en los últimos años –algo que el gobierno atribuye a sus políticas más estrictas.

Durante décadas, Suecia solía ser considerada uno de los países europeos más acogedores para los refugiados. Este nuevo incentivo financiero refleja cuánto ha cambiado el clima político.

¿Qué ocurrirá a continuación?

El programa está previsto que comience en enero de 2026, pero aún no está claro cuántas personas aceptarán la oferta. Existen programas de retorno voluntario en varios países europeos, aunque pocos han propuesto cantidades tan altas como las de Suecia.

De momento, lo que destaca es la escala del pago y el simbolismo que conlleva. Suecia está señalando que su enfoque migratorio entra en un nuevo capítulo –uno que prioriza los incentivos al retorno junto con normas de entrada más rigurosas.

Si la política resulta eficaz –o simplemente controvertida– se verá con mayor claridad una vez que comiencen las solicitudes.

Mientras Suecia se endurece, España avanza en dirección opuesta

En un momento en que varios gobiernos europeos están rigidizando sus políticas migratorias, España parece estar tomando un camino muy distinto.

Madrid está avanzando actualmente en un extraordinario programa de regularización a gran escala dirigido a otorgar estatus legal a cientos de miles de migrantes indocumentados que ya viven en el país. La propuesta –a menudo descrita como una de las iniciativas de regularización más significativas de los últimos años– podría afectar a alrededor de 500.000 personas si se implementa completamente.

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Sus defensores argumentan que la medida reconoce una realidad social existente: muchos migrantes irregulares ya están trabajando, pagando impuestos indirectamente y criando familias en España. El estatus legal, afirman, mejoraría la protección laboral, aumentaría las contribuciones fiscales y reduciría la explotación.

Los críticos, sin embargo, advierten que las regularizaciones masivas pueden crear tensión política y corren el riesgo de fomentar la migración irregular.

El contraste con Suecia difícilmente podría ser mayor. Mientras Estocolmo ofrece incentivos financieros para la salida voluntaria, España explora vías para la integración a largo plazo y la permanencia legal. En conjunto, ambos enfoques ilustran cuán dividida sigue estando Europa respecto al futuro de la política migratoria.

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