Si ignoras lo que sucede, no puedes combatirlo.

El geógrafo Mateu Vic se encargó del estudio que la plataforma ecologista Terraferida presentó la semana pasada sobre la construcción en el suelo rústico de Mallorca. Una de sus conclusiones apuntaba a que 846 edificaciones o ampliaciones entre 2021 y 2024 han contribuido a la transformación del campo en un complejo de lujo.

Vic tiene claro por qué Terraferida ha vuelto tras tres años de inactividad. «Hay asuntos que, si no los sacamos a la luz, la ciudadanía nunca los conocerá. Terraferida es necesaria para generar estos análisis».

«El gran problema para mí es la urbanización del suelo rústico: devora el territorio sin control y fomenta dinámicas metastásicas que se expanden por doquier. No hay conciencia de este problema, y por eso volvemos, para generar impacto. Cuando ves una multitud de turistas en el centro de Palma o en la playa, eres consciente y hay una respuesta; pero eso no ocurre con la urbanización de las zonas rurales».

Terraferida cesó su actividad antes de las elecciones de 2023, cuando la izquierda aún gobernaba. Ahora que la derecha controla las principales instituciones, el reto de hacerse oír podría ser aún mayor. Pero Vic no lo ve así. «Es un momento más oportuno para nuestra actuación, porque creo que hay más gente concienciada sobre los efectos. Las amenazas son las mismas, pero surgen nuevas. Falta concienciación y organización. Debería haber colectivos en cada barrio y pueblo. Terraferida siempre ha procurado sacar a la luz temas que no se trataban nada o muy poco. No podíamos permitir que Terraferida desapareciera».

En la izquierda hay quien no ve con buenos ojos el regreso de Terraferida, ya que la organización puso en evidencia los fracasos de la izquierda en el gobierno. «Para ciertas personas, nuestro trabajo resultaba incómodo porque los escrutábamos con lupa».

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Vic insiste en que impedir la destrucción de Mallorca es, ante todo, una cuestión de conciencia. «El impacto colectivo de construir en suelo rústico no es visible: desde la pérdida de terreno agrícola y forestal hasta la contaminación de acuíferos. La culpa es de una legislación que permite construir villas a cualquier precio. No me interesa tanto quién gobierna, sino qué hacen los que gobiernan. Los gobiernos, por definición, son inerciales y su visión es cortoplacista. Lo que no sea llamativo y de efectos inmediatos no les interesa. La coalición de izquierdas protegió algunas cosas, pero lo realmente loable habría sido impedir la destrucción del territorio de esta manera».

Opina que el nivel actual de desarrollo es tal que debería prohibirse por completo. Respecto a la derecha, señala el «curioso» hecho de que la ley de 1991 sobre espacios naturales –la normativa más restrictiva de Baleares– fue impulsada por el PP con el apoyo de la izquierda.

Le fatiga el tópico de que los ecologistas quieren volver a la época de los carros de caballos. «No queremos eso; aspiramos a un futuro agradable para quien viva aquí. No quiero volver atrás. No quiero una Mallorca como la de los años 30 o 50. El bienestar de las personas depende de dejar de tener una isla mercancía, un parque temático. Y nadie lo está impidiendo».

«La sensación de invasión es evidente, y por parte de personas adineradas del norte de Europa. Terraferida no fomentará un discurso xenófobo sobre el despojo colectivo que se está produciendo. El hecho de que todos los compradores sean extranjeros podría alimentar ese discurso xenófobo desde la derecha, que quizá querría detenerlo por patriotismo. Pero no ocurre, y no ocurrirá, porque la ultraderecha es dura con los débiles y complaciente con los poderosos».

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El gobierno ha dicho que no habrá moratoria para construir en el campo, como pide Terraferida, y el Consejo de Mallorca parece no tener intención de hacer nada de lo que proponen los ecologistas.

«Tampoco la tenían antes. Por eso es importante concienciar sobre este problema, que muchos desconocen. Algo tan simple como eliminar los alquileres vacacionales reduciría el incentivo para construir muchas de estas viviendas rurales, pues precisamente para eso se construyen. En cuanto a los alquileres turísticos, hoteleros y ecologistas compartimos intereses. Firmaría por que los turistas solo se alojaran en hoteles».

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