Segundas Nacionalidades en Alta Demanda

La demanda de segundas nacionalidades experimenta un auge mundial a medida que los países endurecen las normativas de ciudadanía.
Crédito : Tetiana Chernykova, Shutterstock

Hace no mucho, poseer dos pasaportes era algo en lo que la mayoría de la gente apenas reparaba. Sonaba exótico, levemente sospechoso o simplemente innecesario. Hoy, se ha convertido en una discreta obsesión global –y no solo entre los ultrarricos–.

Desde Europa hasta Estados Unidos, más personas que nunca buscan una segunda nacionalidad. Algunas anhelan la libertad de vivir o trabajar en el extranjero. Otras desean viajar con mayor facilidad, sortear trámites de visado o, simplemente, contar con un plan de respaldo en un mundo cada vez más impredecible. Y mientras la demanda se dispara, los gobiernos comienzan a pisar el freno.

Según CNN, resulta imposible saber con exactitud cuántas personas poseen más de un pasaporte. La mayoría de los países no obligan a sus ciudadanos a declarar nacionalidades adicionales. No obstante, las cifras disponibles apuntan en la misma dirección: la doble nacionalidad se ha vuelto más común –y a gran velocidad–.

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En el censo del Reino Unido de 2021, un 2,1% de los residentes afirmó tener doble nacionalidad, el doble que diez años antes. En Estados Unidos, una encuesta reciente de YouGov reveló que aproximadamente un seis por ciento de los encuestados ya poseen más de un pasaporte.

Por qué un segundo pasaporte de repente parece esencial

Para algunos, el atractivo es práctico. Un segundo pasaporte puede traducirse en colas más cortas en los aeropuertos, menos preguntas incómodas en la frontera y un acceso más sencillo a ciertos países. Incluso aquellos sin intención de mudarse al extranjero a menudo aprecian la idea de viajar “como un local”.

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Pero, cada vez más, la motivación trasciende la mera comodidad.

“Un segundo pasaporte se ha convertido en un Plan B,” explica Dominic Volek, director de clientes privados en Henley & Partners, una firma que asesora a individuos sobre opciones de residencia y ciudadanía. Solo en 2025, la consultoría gestionó solicitudes de clientes de 91 nacionalidades distintas.

Volek es oficialmente sudafricano pero también posee un pasaporte montenegrino, un visado dorado para Dubái y residencia en Singapur. “Basta con mirar las noticias,” afirma. “El mundo es inestable, y no parece que eso vaya a cambiar pronto.”

Esta mentalidad se ha extendido mucho más allá de los centros tradicionales de migración. Los estadounidenses son ahora el grupo más numeroso que busca asesoramiento en Henley & Partners, mientras que los británicos se mantienen firmemente entre los cinco primeros –una tendencia que se aceleró tras el *Brexit*, que puso fin a la libre circulación por Europa–.

La demanda aumenta, pero el acceso se restringe

El problema es el *timing*. Mientras el interés por los segundos pasaportes se dispara, los países están endureciendo sigilosamente las reglas.

Italia aprobó el año pasado un decreto que limita la ciudadanía por descendencia a solo dos generaciones. Según las nuevas normas, los solicitantes deben probar que su antepasado más reciente nació en Italia y poseía únicamente la nacionalidad italiana en el momento de su fallecimiento –un requisito mucho más estricto que el anterior–.

Portugal también estudia endurecer sus normas de naturalización, incluyendo extender el período de residencia requerido de cinco a diez años. Suecia y Polonia han anunciado planes para incrementar sus propios requisitos de residencia.

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Volek no se anda con rodeos al aconsejar a clientes que puedan calificar por vínculos familiares. “Si reúnes los requisitos por descendencia, solicítalo ahora,” sostiene. “Las normas cambiarán, los costes subirán y las condiciones serán más estrictas.”

El fin de los ‘pasaportes dorados’ en Europa

Otro cambio importante se ha dado a nivel europeo, donde las autoridades han reprimido los denominados programas de pasaporte dorado –esquemas que permitían obtener la ciudadanía mediante inversión–.

Malta se vio forzada a cerrar su programa en 2025 tras la presión de la UE. Chipre y Bulgaria ya habían hecho lo mismo. España, Irlanda y el Reino Unido habían terminado con sus propios programas con anterioridad.

Durante años, estos programas fueron una opción exprés para individuos acaudalados que buscaban un pasaporte europeo. Hoy, son en gran medida cosa del pasado.

Incluso EE.UU. debate prohibir la doble nacionalidad

El clima de restricción no se limita a Europa. En Estados Unidos, el senador republicano Bernie Moreno ha propuesto un proyecto de ley que promueve la “ciudadanía exclusiva”, lo que impediría a los estadounidenses poseer otra nacionalidad.

“Si quieres ser estadounidense, es todo o nada,” argumentó Moreno.

No obstante, los expertos legales se muestran escépticos. Peter Spiro, profesor de derecho en la Universidad de Temple, señala que millones de estadounidenses ya tienen doble nacionalidad, incluyendo miembros de la propia familia de Donald Trump.

“Esto simplemente no va a ocurrir,” declaró Spiro a CNN. “La realidad lo hace políticamente imposible.”

Aún así, la propuesta refleja un cambio más amplio. Los gobiernos quizá no prohíban la doble nacionalidad de plano, pero se sienten cada vez menos cómodos con ella.

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Una ventana que se estrecha en un mundo incierto

La contradicción es llamativa. En un momento en que más personas desean flexibilidad, movilidad y seguridad, las puertas se cierran lentamente.

La ciudadanía por descendencia se está restringiendo. Las rutas de inversión están desapareciendo. La naturalización requiere más tiempo y un compromiso mayor. Los especialistas advierten de que las oportunidades que existen hoy podrían no estar disponibles mañana.

Para aquellos que reúnen los requisitos por conexiones familiares, el mensaje es claro: esperar podría suponer perder la oportunidad por completo.

Para todos los demás, la carrera por los segundos pasaportes dice algo más amplio sobre el mundo en que vivimos. Las fronteras parecen más políticas. Los viajes parecen menos garantizados. La estabilidad se percibe frágil.

Y en ese clima, tener más de un pasaporte ya no se trata de privilegio o estatus. Se trata de mantener las opciones abiertas –mientras aún hay tiempo–.

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