Hace unos años, un desconocido robo la identidad de Sébastien Tellier. El impostor —llevando las gafas de sol y la barba característica del músico— se hizo pasar por el francés en fiestas elegantes, consiguió ropa gratis de Chanel (Tellier fue embajador de la marca), e incluso mantuvo reuniones con jefes de estudios de Hollywood (Tellier ha incursionado en bandas sonoras). “También consumió muchas drogas como ketamina delante de mucha gente”, continua Tellier con perfecta despreocupación desde su casa en París, con sus gafas de sol y barba presentes. El delito solo se descubrió cuando una mujer confundida se puso en contacto para decirle que había estado de fiesta con “Sébastien Tellier” en Francia, solo para ver en Instagram que el verdadero Tellier estaba dando un concierto en Bélgica.
Esta experiencia se ha transformado en oro pop a través de Copycat, un brillante tema synthpop de su próximo octavo álbum, Kiss the Beast. “Mi nombre lo robas / Sombrero y éxito”, canta Tellier en el estribillo sobre un bassline grueso, cuerdas disco y sintetizadores que crepitan como fuegos artificiales. Es el típico estilo de Tellier, mezclando lo serio —las cosas se pusieron tan mal con el impostor que Tellier se vio obligado a mostrar su pasaporte en la puerta del colegio al recoger a sus dos hijos pequeños— con lo juguetónamente ingenuo.
Es una característica que ha empleado a lo largo de su carrera, ya sea emparejando el majestuoso paisaje onírico La Ritournelle (con Tony Allen), un “clásico pop” según su amigo Nicolas Godin de Air, con una canción llamada Ketchup vs Genocide en Politics (2004); o, cuatro años después, interpretando su elegante sencillo Divine —una mezcla de Beach Boys y electropop, coproducido por la leyenda de Daft Punk, Guy-Manuel de Homem-Christo— en Eurovisión. Es difícil imaginar a cualquier otro asociado con la ultracool escena French touch acercándose al menospreciado concurso, y mucho menos llegar a su escenario en un pequeño carrito de golf.
“No quiero ser esclavo del buen gusto”, dice, con una pluma de humo de cigarro rodeándole mientras sostiene el teléfono bajo la barbilla. “Ser solo Eurovisión es una pesadilla”, continúa. “Pero ser solo [el lujoso hotel parisino] Plaza Athénée también es una pesadilla. A veces es súper bueno tomarse solo una hamburguesa”.
El título y la portada de Kiss the Beast —esta última realizada por el respetado fotógrafo de moda francés Jean-Baptiste Mondino— pueden explorar la “paradoja y profunda dualidad” de Tellier, pero musicalmente también incluye fragmentos cómicos de balidos de oveja (en Mouton), mientras que el lounge jazz de Loup (o “lobo”) se ve constantemente interrumpido por arranques frenéticos de electrónica. Se trata de equilibrio, piensa Tellier: “Sabes, es muy importante sentirse cómodo con todos los aspectos de la vida”.
El año pasado Tellier cumplió 50, una edad clave que pareció desbloquear algo en él. Consciente de que “el resto del camino antes de la muerte no es tan largo”, quería que este álbum llegara a un público más amplio. De ahí que Kiss the Beast incluya colaboraciones con figuras como Nile Rodgers y Kid Cudi, además de aportaciones en la producción de Oscar Holter, el colaborador de Max Martin cuyo abultado currículum pop incluye Blinding Lights de The Weeknd. Sugiero a Tellier que la presencia de Holter parece un movimiento interesante hacia el mainstream para un artista aparentemente feliz en la periferia del pop.
“Es difícil de explicar, pero de alguna manera quiero respetar mi edad”, dice. “Mi álbum favorito cuando tenía 20 años era Rock Bottom de Robert Wyatt. Ya sabes, ese estilo de ‘soy un tipo loco, me siento mal, odio el mundo’”. Da una calada profunda a su segundo cigarrillo de nuestra conversación. “Pero paso a paso, en mis 50s, ahora me encanta escuchar a Lionel Richie o a Barbra Streisand”.
El temprano amor de Tellier por Wyatt reflejaba su mentalidad al crecer en la zona “dura” de Cergy-Pontoise, al noroeste de París. “Tenía miedo de ver tipos malos. Tenía miedo en el autobús. Tenía miedo en la estación de tren y toda esa mierda”, dice, levantándose y caminando por su casa. Una ciudad de nueva construcción, Cergy-Pontoise ofrecía solo una vida de concreto. “Así que sin cultura, sin alma. Yo estaba muy triste. Si estás en la ciudad pero cerca del mar, por ejemplo, puedes soñar con el mar. Pero en esta ciudad nueva, en las afueras lejanas de París, no había montañas, ni un río hermoso, ni océano, nada de eso”.
Dice que sentía que solo él y su padre escuchaban música, aislándose como una pequeña “isla de cultura” extraña. Después de mudarse, a su primer apartamento “cutre” en París, comenzó a hacer su propia música en una grabadora de cuatro pistas. También bebía mucho. “Tenía una vida muy salvaje”, dice. “Salí de fiesta mucho y no me cuidaba nada”. Una noche, todo cambió después de ver el videoclip de Kelly Watch the Stars de Air en la televisión. “Sentí una conexión entre yo y su música”, explica. “Como pop, electro, y al mismo tiempo internacional, pero francés”.
Al notar que el nombre del sello de Air en ese momento, Source, aparecía en pantalla, unos días después Tellier llevó su cinta demo a sus oficinas. Tras una breve reunión, su instrumental oscuro Fantino se añadió a una compilación que el sello estaba lanzando, junto a Phoenix y otros “tipos franceses geniales”. Poco después, Air lanzó su propio sello, Record Makers, y fichó a Tellier. También lo acompañaría en su gira en 2001. “Tocamos casi 2200 veces”, dice, aún asombrado. “Esta parte de mi vida fue realmente importante porque con ellos descubrí el mundo y con ellos escapé de mi viejo y triste mundo”.
A lo largo de una carrera que ya abarca un cuarto de siglo, nunca ha mirado atrás, cruzando juguetonamente géneros y explorando conceptos. Quiere aclarar esto último. "“No es ‘Es un concepto, ah, eso va a ser aburrido’”, sonríe. “No, no, no. Para mí, es muy importante llevar algo de glamour a mis conceptos, porque solo concepto, es demasiado aburrido. ¡Película conceptual, todo conceptual, es un rollo!” En My God Is Blue del 2012, por ejemplo, reflexionó sobre la religión vestido como un líder de secta, mientras que Domesticated del 2020 – cuyo título fue sugerido por su amiga, la directora de cine Sofia Coppola – celebraba su vida con su esposa, Amandine Martinon de La Richardière, y sus hijos a través de canciones como el hipnótico tema de ciencia ficción Domestic Tasks.
Sin embargo, su momento más WTF sigue siendo aquella actuación en Eurovisión. No es que Tellier sienta vergüenza alguna. Sabía que no iba a ganar (quedó 19º) y solo lo hizo porque “mucha gente ve ese programa de televisión”. Más bien, quería que su actuación fuera más extraña; su plan inicial era conducir su carrito de golf directamente fuera del escenario.
“Tuve la oportunidad de crear algo enorme, como un accidente en Eurovisión. Pensé: ‘Voy a ser tan famoso por este choque que será genial frente a millones y millones de personas’”. Como era de esperar, los productores del show lo consideraron demasiado peligroso. En su lugar, llegó en el carrito de golf llevando un globo inflable lleno de helio, el cual inhaló como correspondía. “Pero nadie se dió cuenta; no fue suficientemente visual”, dice. “Nadie lo vio. Nadie habló de ello”.
Es esa desconexión entre idea y ejecución, artista y público, la que Tellier no soporta. Le pregunto si está de acuerdo con la valoración de Godin sobre La Ritournelle, una canción que ha sonado en de todo, desde montajes deportivos a un anuncio de L’Oréal o un episodio de Come Dine With Me, y que – con 63 millones de reproducciones solo en Spotify – es su mayor éxito de streaming con diferencia. “Sí, [es un clásico] en cierta forma, porque es una canción importante para mucha gente”, dice, cambiando brevemente la nicotina por la cafeína. “Ponen esta canción en bodas, o en funerales. Ya sabes, para momentos importantes en la vida. Así que ocupa un lugar especial en el corazón del público”.
Crear un puente hacia ellos es lo que siempre ha intentado hacer. Solo que ahora lo está haciendo a través de grandes canciones pop sobre impostores, lobos y ovejas.
Kiss the Beast sale el 30 de enero; Tellier actúa en Koko, Londres, el 23 de marzo.