¿Se extingue la caña española? Los nuevos hábitos podrían hacerla desaparecer.

A PESAR de haber sido un pilar fundamental de la vida social española durante décadas, la caña española parece estar en declive debido a la evolución de los hábitos cerveceros.

Muchos bares están retirando la caña, un vaso pequeño de cerveza de barril, de sus cartas y en su lugar ofrecen copas, dobles o tercios, bebidas todas de mayor volumen.

Entre las razones de este declive se encuentran los mencionados cambios de hábito: desde la pandemia global, el consumo de cerveza en España ha estancado su crecimiento anterior.

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El consumo per cápita se sitúa ahora en unos 52 litros por persona y año, lo que supone un leve descenso respecto a la etapa prepandémica, según estudios recientes.

Este menor consumo no es el único factor que conduce a la desaparición de la caña; camareros y restaurantes la miran con recelo por el caos organizativo que genera.

Las cañas requieren un servicio continuo, ya que la gente pide más consumiciones en el mismo periodo de tiempo.

Este esfuerzo adicional fue mencionado por Miguel García, propietario del restaurante tradicional La Montaña.

Desde la perspectiva del negocio, la retirada de esta bebida de las cartas obedece a razones similares a las que llevaron a quitar las piernas de jamón de las barras.

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“En los bares casi siempre había una pata y una persona cortándola”, comenta García. Ahora eso ha cambiado porque no era el método más eficiente.

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Del mismo modo, prescindir de las cañas permitiría a los camareros ofrecer un servicio más ágil.

Sin embargo, la posible desaparición de la caña resulta decepcionante para quienes consideran que esta bebida es consustancial a la cultura del bar español.

Su tamaño reducido refleja una forma distinta de socializar, más pausada, que implica numerosas rondas y conversación continua.

Este tipo de consumo no es tan habitual en grandes urbes como Madrid, donde se tiende a pedir un doble.

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En estas ciudades, los turistas ocupan muchas mesas y, al desconocer la tradición, también suelen decantarse por bebidas más grandes.

En zonas más pequeñas y con menos afluencia turística, la caña sigue siendo la opción preferida de muchos clientes.

“Para mí, la caña o el botellín se asocian a mi pueblo en Zamora, donde pido esa medida porque solemos beber en grupo, hacemos rondas, y así controlo mejor lo que bebo”, explicó al *El Diario* una consumidora, Leticia Pinto.

Para personas como Pinto, la potencial desaparición de la caña es triste, pues la asocian a la idiosincrasia del tapeo nacional.

Otros, como dueños de restaurantes o consumidores habituales, creen que el cambio es una progresión natural que mejorará la eficiencia de los establecimientos.

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