Tras una semana en la que se subsanó un error de imprenta en la edición estadounidense de Easy Sky Diving –en la página 8, línea 7, donde decía "State zip code" debería poner "Pull rip cord"–, la paciencia de la afición del Real Mallorca se agota a marchas forzadas. Nuestra precaria posición, colistas en cuarto lugar por la parte baja de la tabla, evidencia un declive lento pero imparable. El partido del domingo por la tarde (9 de noviembre a las 18:30 h) en Son Moix contra el pujante Getafe es un encuentro que, sencillamente, debemos ganar.
Las estadísticas no mienten: de los últimos 30 partidos de liga (los 19 finales de la pasada temporada y los 11 que llevamos de esta), solo hemos ganado seis. Eso significa que en 2025 hemos conseguido únicamente el 30% de los puntos en juego (27 de un total de 90). Si estas no son cifras de descenso, entonces ignoro cuáles podrían serlo.
Mientras el equipo coquetea con el peligro, solo hemos mantenido nuestra portería a cero en una ocasión a lo largo de 11 encuentros, encajando 18 goles. Por estas fechas el año pasado, ocupábamos la séptima plaza y solo nos habían marcado ocho veces. Está claro que el Real Mallorca arrastra un problema de envergadura, pero, hasta el momento, el entrenador Arrasate no ha dado con la solución. La pareja de centrales, antaño rocosa y de una solidez a prueba de bombas, formada por Raillo y Valjent, parece haber superado su fecha de caducidad.
Ambos dan la impresión de estar hastiados de jugar juntos año tras año sin que nadie cuestione su titularidad.
El lateral izquierdo colombiano Mojica, pese a ser un portento físico, combina sus incursiones ofensivas y sus centros al área con una descompensación que deja un boquerón enorme para que los delanteros rivales se aprovechen en la contra.
Sergi Darder, el mediocentro artenc que fichó hace dos años procedente del Espanyol, fue aclamado como el retorno del hijo pródigo. En el Espanyol jamás disputó un partido discreto; ahora, se muestra lento e irregular. Samu Costa, el incansable portugués que cotizaba en 15 millones de euros la pasada temporada, se ha convertido en un lastre. Se encara con el árbitro en las primeras de cambio, ve la amarilla y debe jugar con pies de plomo el resto del encuentro.
Hace unos partidos, tras vencer en Sevilla, creímos haber tocado fondo. No fue así: volver a encajar goles inverosímiles de manera pasiva es el sello distintivo de nuestra defensa. A ello se suma una ausencia total de creatividad en el centro del campo, lo que, a su vez, se traduce en una falta de munición para los delanteros. El costoso fichaje Pablo Torre, procedente del Barcelona, no aporta nada y se pasa la mayor parte del tiempo calentando el banquillo. Jan Virgili, nuestra principal “chispa” por la banda izquierda, se pasa los partidos buscando el balón.
Por si la situación defensiva no fuera ya suficientemente delicada, nuestro brillante y joven portero, el ibicenco de 23 años Leo Roman, que resbaló en un entrenamiento hace diez días, recibió esta semana los resultados de una resonancia que confirmaban un desgarro considerable en el bíceps femoral de la pierna derecha. No se espera su vuelta, como mínimo, hasta Navidad. Se convierte así en el quinto jugador de la plantilla en sufrir problemas en la zona isquiosural esta temporada.
El sustituto de Leo es un novato finlandés de 2,08 metros llamado Lucas Bergström, quien el pasado domingo tuvo un bautismo de fuego realmente complicado. Para cualquier defensa, contar con un guardameta fiable es crucial, y el joven Lucas no transmitió confianza alguna; ni en los disparos rastreros, ni en las salidas aéreos, ni en el juego con los pies. Nuestro otro guardameta es el cuarentón “Pichu” Cuéllar, quien, irónicamente, jugó su único partido en LaLiga ante el rival del domingo, el Getafe, en mayo de 2024, cuando ganamos 1-2.
A diferencia del Mallorca, el Getafe, visitante del domingo, ha comenzado la temporada con excelente pie y se sitúa séptimo. Cuentan con un presupuesto más bajo que el nuestro, una hinchada que es la mitad de la nuestra y un estadio en Madrid semi-clausurado por obras. Antes del inicio de la competición, el Getafe luchaba por inscribir a sus jugadores y se vió obligado a prácticamente regalar a sus mejores talentos por “cuatro duros”. Uno de ellos fue el paraguayo Alderete, que recaló en el Sunderland, lo cual permitió a los directivos getafenses inscribir a nuevas incorporaciones.
Esto significa que, por toda España, los clubes de fútbol se ven forzados a vender sus principales activos muy por debajo de su valor de mercado para poder sobrevivir. El estilo de juego del Getafe es directo, físico y tedioso de ver; no está concebido para agradar, sino para exasperar. Son conocidos como maestros en las artes oscuras y no suelen dar cuartel, empleando un excesivo wasting temporal, entradas contundentes y una dosis considerable de mala leche. Su entrenador, José Bordalás, es hosco y socarrón, lo que lo convierte en el villano de pantomima ideal, un papel que interpreta con delectación.
Sin lugar a dudas, el partido del domingo será muy complicado para el Real Mallorca.
Y PARA TERMINAR, un amigo mio acaba de regresar de unas vacaciones en Florida. Estaba en un supermercado de Miami y un chico que le empaquetaba la compra le preguntó si quería bolsas de papel o de plástico.
Mi amigo le dijo que le daba igual y que decidiera por él, a lo que el chico, mirándolo fijamente a los ojos, le espetó: “Lo siento, tío, pero tú debes elegir. ¡Los empaquetadores no podemos ser tan exigentes!”