Yoga al amanecer. Crédito: Nicole King
No existe lugar en el mundo en el que haya estado, o que pueda imaginar, que supere lo que Marbella ofrece. Es mi rincón feliz y, incluso cuando tomo un descanso, me encanta dedicar mis días a explorar zonas que no suelo frecuentar y regresar a mis sitios predilectos. Si viajo, sigo prefiriendo que sea dentro de España, pues este país reúne todo paisaje y actividad geográfica que pudiera desear, sin las molestias de volar.
El año pasado me “retiré” por primera vez, es decir, participé en un retiro. Tuvo lugar en un monasterio del siglo XV en Sevilla, ofreciendo todo tipo de yoga, trabajo respiratorio, gongs y comidas saludables. No suele ser lo mío, pero como lo organizaba mi amiga Linda, me animé. El ambiente fue mucho más distendido de lo anticipado y, además del programa, nos vestimos para bailar flamenco, disfrutamos de una visita guiada a las montañas de mineral de hierro de seiscientos millones de años y pasamos las veladas observando las estrellas. Nunca había experimentado una sensación de paz tan profunda ni me había sentido tan en plenitud conmigo misma. Incluso la comida saludable estaba deliciosa, otra gran sorpresa.
Estoy pensando en repetir este año, pues mayo es un mes inmejorable para un viaje por carretera. También barajo otro retiro que Linda organiza en abril en Tarifa. Sigo siendo principiante en el yoga y en comer bien para mi cuerpo, pero voy aprendiendo que, con la edad, mis respuestas son distintas. El enfoque culinario serán alimentos antiinflamatorios y platos estacionales destinados a resetear la digestión, calmar el sistema nervioso, reducir la hinchazón y mejorar el sueño. También habrá yoga, cuencos cantores y baños de sonido, que me encantan. Parece que oficialmente me he convertido en una adeptta a los retiros, ¡quién lo hubiera pensado!