La memoria raras veces regresa como una imagen completa. Más a menudo, aparece como algo parcial e inestable, un residuo que flota entre la presencia y la desaparición. Puede sentirse ligera, translúcida, casi atmosférica, como una niebla suspendida entre lo que se recuerda y lo que ya no se puede alcanzar. En lugar de pertenecer únicamente al pasado, la memoria se pliega continuamente en el presente, remodelando la percepción mientras permanece.
Es dentro de este terreno incierto donde toma forma la práctica artística de Qingran Liu. Trabajando con textiles e imagen en movimiento, Liu aborda la memoria no como algo que deba ser reconstruido o narrado, sino como una experiencia activada a través del material, la percepción y la proximidad corporal. Sus obras no ofrecen la memoria como evidencia; en cambio, escenifican la memoria como una condición, frágil, inestable y perpetuamente en movimiento.
La práctica de Liu resiste consistentemente la narrativa lineal. En su lugar, se despliega a través de encuentros sensoriales moldeados por la duración, la repetición y los ritmos naturales. El textil, un medio que es simultáneamente suave y rigurosamente estructurado, se vuelve central en este enfoque. Dentro de sus instalaciones, la memoria no se recupera como un registro fijo, sino que emerge a través de procesos de distorsión, interrupción y reensamblaje. El registro emocional de su obra es contenido e introspectivo, dejando espacio para la vacilación más que para la resolución.
Gran parte del trabajo de Liu ocupa el umbral entre la imagen y la tela. Hilos frágiles se cruzan con imágenes fotográficas fragmentadas, produciendo superficies que parecen oscilar entre la legibilidad y la disolución. Ella trabaja principalmente con una máquina de tejer industrial Dubied, cuya precisión mecánica establece una estructura base disciplinada. Contra este marco racional, el hilo introduce vulnerabilidad: los hilos se desplazan, se desalinean o desaparecen parcialmente, generando una inestabilidad visual que resiste la permanencia. La imagen nunca se establece completamente; permanece contingente a la luz, la distancia y la posición del espectador.
En lugar de tratar la máquina como una herramienta neutral, Liu la posiciona como un mediador activo entre la lógica y la sensación. El sistema ordenado del tejido industrial se convierte en un sitio de tensión, donde la desviación carga un peso emocional. El textil, en este contexto, no es ni puramente estructural ni puramente expresivo; existe en una negociación silenciosa entre el control y la fragilidad, el cálculo y la intuición.
Dentro de las prácticas contemporáneas de textil e imagen, la obra de Liu puede recordar inicialmente a artistas que traducen la fotografía a la tela. Sin embargo, mientras que esas prácticas a menudo enfatizan la superposición o densidad escultórica, Liu se mueve en la direccion opuesta. Sus obras cultivan la planitud, la transparencia y la suspensión, evocando la sensación de la memoria como algo que flota en lugar de acumularse. Lo que permanece visible nunca está completamente anclado; parece derivar al borde de la percepción.
**Figura 2. El Irrecuperable: Un Estudio de la Memoria Basado en lo Fotográfico, Qingran Liu**
En la serie *El Irrecuperable: Un Estudio de la Memoria Basado en lo Fotográfico*, Liu recurre a sus álbumes de fotos familiares. Estas imágenes, que alguna vez fueron anclas de familiaridad, se vuelven gradualmente inestables a través de la visualización repetida. Con el tiempo, las narrativas familiares heredadas se mezclan con sus propios recuerdos subjetivos, difuminando el límite entre la memoria personal y la construcción colectiva.
Liu traduce estas fotografías a imágenes textiles tejidas e impresas, interrumpiendo deliberadamente su estructura para que las formas reconocibles se distorsionen lentamente. Los rostros permanecen parcialmente visibles pero nunca completamente accesibles, como si la memoria misma se deshilachara en los bordes. El acto de traducción se convierte en un proceso de erosión, en el cual la claridad se compromete constantemente.
El hilo funciona aquí no simplemente como material, sino como metáfora. Liu trabaja con monofilamento, rígido, transparente y fácil de romper, un material definido por la contradicción. Está simultáneamente presente y desvaneciéndose, resistente y vulnerable. Esta condición refleja de cerca la naturaleza de la memoria: deja huellas que nos moldean, pero resiste al agarre total. Lo que perdura no es la certeza, sino la tensión.
**Figura 3, Enlace 1, Qingran Liu**
En *Enlace 1*, Liu comienza con una fotografía de una familia reunida alrededor de una mesa de comedor. Lo que alguna vez sugirió calidez e intimidad se perturba gradualmente. Los rostros se estiran y se separan, mientras que la mesa, un símbolo de cohesión, pierde su claridad estructural. La imagen ya no afirma la armonía, sino que expone una fragilidad subyacente incrustada en la escena.
A medida que los espectadores se mueven alrededor de la obra, la percepción cambia continuamente. La transparencia hace que la imagen parezca suspendida en el espacio, cambiando con cada movimiento corporal. La observación se convierte en un proceso activo, moldeado por la distancia, el ángulo y la duración. Esta inestabilidad a menudo resuena con las propias experiencias de los espectadores sobre la memoria familiar, familiar pero indistinta, íntima pero inalcanzable.
En lugar de ubicar el impacto emocional en un solo detalle visual, Liu permite que la ambigüedad misma lleve la fuerza afectiva. La incapacidad de descifrar completamente la imagen se convierte en su cualidad más potente, activando la memoria a través de la incertidumbre más que del reconocimiento.
**Figura 4, Funerales bajo Formalismo, Fingimos Llorar, Qingran Liu**
En su proyecto de 2023 *Funerales bajo Formalismo, Fingimos Llorar*, Liu expande su investigación desde la memoria personal hasta la estructura cultural. La obra se origina en su experiencia de asistir a un funeral familiar, un escenario marcado por un ritual elaborado pero por una ausencia de liberación emocional. Esta disonancia la llevó a examinar cómo las prácticas de duelo formalizadas pueden regular, en lugar de expresar, el dolor.
**Figura 5, Funerales bajo Formalismo, Fingimos Llorar, Qingran Liu**
Al regresar a su ciudad natal, Liu recogió pertenencias personales y fotografías familiares, escaneándolas y colageándolas en estampados textiles. El tacto se vuelve crucial en este proceso. Manipular prendas que una vez usaron familiares introduce una forma corporal de recuerdo que compensa la distancia emocional. Las imágenes resultantes se asemejan a post-imágenes, desvanecidas, fragmentadas y disparejas, como si el tiempo mismo hubiera interferido con su claridad.
La instalación combina textiles planos, maniquíes fragmentados y estructuras envolventes, formando un entorno provisional de recuerdo. En lugar de presentar un memorial estático, la obra funciona como una condición espacial que los espectadores deben ingresar físicamente. El movimiento a través del espacio está restringido, produciendo una sutil sensación de presión y restricción.
**Figura 6, Funerales bajo Formalismo, Fingimos Llorar, Qingran Liu**
Este entorno opera menos como una representación del duelo que como una simulación de sus mecanismos. Los espectadores son posicionados dentro de un escenario ritualizado, pero se les niega la liberación emocional. La incomodidad surge no del espectáculo, sino de una supresión silenciosa. La obra plantea una pregunta inquietante: cuando el dolor se formaliza en obligación, ¿qué sucede con el duelo genuino?
A diferencia de las prácticas que destacan la memoria comunitaria o la identidad colectiva, la obra de Liu sigue siendo introspectiva. Sus instalaciones no buscan catarsis o crítica social explícita. En cambio, construyen espacios introspectivos donde la pérdida, la restricción y la herencia emocional pueden sentirse en lugar de explicarse.
A lo largo de su práctica, Liu trata el textil como un recipiente, uno capaz de transportar la memoria personal mientras expone estructuras emocionales más amplias. La tela extiende el cuerpo, absorbe el tacto y registra el tiempo a través del uso, la tensión y la distorsión. Al hacerlo, se convierte en un medio de reflexión silencioso pero persistente.
**Figura 7, Funerales bajo Formalismo, Fingimos Llorar, Qingran Liu**
El trabajo de Qingran Liu resiste el cierre. Sostiene campos perceptuales abiertos en los que los espectadores se convierten en participantes en lugar de observadores. A través de la transparencia, la suavidad y la tensión estructural, sus instalaciones evocan espacios donde la memoria no está ni completamente presente ni totalmente ausente.
En este sentido, la “resistencia suave” emerge no como oposición, sino como resistencia. Liu no confronta el olvido a través de la fuerza o la declaración. En su lugar, trabaja a través de la delicadeza, permitiendo que la memoria surja lentamente, a través de la vacilación material y la atención sensorial. Lo que queda no es una declaración, sino una vibración persistente: una insistencia silenciosa en que lo que es frágil, difuso o no dicho todavía merece ser sostenido.