Si el título evocador del álbum debut de Victoryland llama tu atención, déjame decirte que **My Heart Is a Room With No Cameras In It** lo merece completamente. El proyecto de Julian McCamman, radicado en Brooklyn, lanzó discretamente su primer cassette, *Sprain*, apenas una semana antes de que su antigua banda, Blood, publicara su primer y último álbum, *Loving You Backwards*. Este nuevo álbum, nervioso, caprichoso y emocionalmente punzante, encuentra a McCamman continuando su colaboración con el productor Dan Howard, quien trabajó en ambos discos, afinando sus ambiciones de pop mid-fi con un efecto brillante. “¿Valía la pena intentarlo/ Sabiendo que alguien llora por nosotros/ Viendo un bucle infinito de nuestras vidas?”, canta McCamman en un punto; incluso en su momento más desesperado, el álbum suena como si de algún modo disfrutara de rebobinar la cinta.
**1. Here I Stand**
El nombre de la antigua banda de Julian McCamman es, me atrevería a decir que conscientemente, la primera palabra que escuchamos en *My Heart Is a Room…*, introduciendo una imagen poética: “Sangre dentro de mi cuerpo vuela bajo tu velo”. La canción arranca el álbum entre la desafianza y la desesperación, con acordes de guitarra acústica que se enroscan como un puño sobre un bucle psicodélico inestable, abriéndose solo en breves arranques.
**2. No Cameras**
Tan deliciosamente citable como pegadiza, ‘No Cameras’ prospera al borde de la separación romántica – McCamman canta “Watch me fade out” con diez veces la emoción con la que declaró la afirmación titular del primer tema. El amor nos deja aturdidos y McCamman toma ese sentimiento y corre con él, comprometiéndose con versos como “El corazón es un tarro de miel enterrado” como si grabara el momento en que los apunta. No me sorprendería si esto termina siendo un clásico en su discografía.
**3. I got god**
La energía solo aumenta con ‘I got god’, donde un insistente arpegio de sintetizador choca con una sección rítmica contundente, su dinámica cambiando a lo largo de la canción. Mientras mira al abismo, con la música derrumbándose a su alrededor, McCamman suspira: “Recuerdo con cariño tener sentimientos que esconder”. Ahora la indiferencia de los demás parece absurda, así que parece hablar al espejo cuando, con la voz frágil, se prepara para el futuro: “Si esto es lo más solo que te has sentido/ Entonces ajústate el cinturón”. De algún modo, logran que suene emocionante.
**4. Keep Me Around**
El álbum sigue explorando el tema de la estupidez por su extraña potencia, y esta vertiginosa puñalada de canción solo se suaviza tras proclamar: “Podríamos ser tontos para siempre”. Sobre una progresión de piano al estilo Coldplay, McCamman suplica por la permanencia de una relación incluso si se basa en una dinámica tóxica. No estoy seguro de que Chris Martin escribiría una canción sobre eso, pero el sentimentalismo prevalece.
**5. Arcades**
Expansiva y penetrante a la vez, la instrumentación coincide con el giro impresionista de la letra de McCamman, como si todo el primer minuto estuviera destinado a servir de prueba para su afirmación de que “Pasaste todo el maldito día tragando trenes”. Él y Dan Howard juegan con diferentes frecuencias no solo a lo largo del álbum, sino dentro de un mismo tema, sonando nítidos hasta llegar a la confesión casi incómodamente íntima que la cierra.
**6. Blur**
Hay docenas de discos clásicos de indie psicodélico con los que *My Heart Is a Room* parece conversar, lo que debes tener en cuenta cuando digo que ‘In My Place’, a ese estilo IAN SWEET, suena como un punto de referencia para ‘Blur’. Autocompasiva pero incisiva, incluye una de las letras más impactantes del álbum: “En la valla de alambre de tu pasado dolorido/ Estás atrapado saludando desde atrás”.
**7. You Were Solved**
La embriaguez de ‘Blur’ desemboca en la siguiente pista, que es hardcore en espíritu y dance-punk en estilo – una combinación dorada que salta de los altavoces. La actuación apasionada de McCamman le hace justicia a la música, con letras apropiadamente antémicas: “Bailaré como/ Si fuera tu perra/ Solo estamos sacudiendo la noche de nuestras muñecas”. Cuando no puedes sostener la eternidad en tu mano, ¿qué podría ser mejor?
**8. Beach Death**
La balada de piano afortunadamente conserva su calidad de demo, lo que hace poco por ahogar la voz angustiada de McCamman – canta sobre establecerse como una extraña forma de inestabilidad, una ruptura de identidad. Es sorprendente pero extrañamente tranquilizador mientras las ondulaciones del piano y una melodía filtrada fluyen.
**9. Fits**
Con un riff de guitarra etéreo y una batería que aumenta constantemente en la mezcla, la canción se toma su tiempo para establecer su altitud antes de que McCamman entre en picado para gritar: “Y en el aire”. (“Es donde cae la noche”). Extendiéndose más de seis minutos y medio, ‘Fits’ anhela convertir toda clase de enfermedad que deja su marca en el álbum en una experiencia extracorpórea. A medida que el pulso se ralentiza de nuevo, la canción evita una conclusión totalmente melancólica o nostálgica, moldeando sus acordes en el espacio intermedio perfecto antes de sonar – como si fuera hacia, para citar una canción anterior, “vacíos inanimados”.
**10. I’ll Show You Mine**
*My Heart Is a Room…* cierra con su canción más jangly y emocionalmente legible – y, en su imagen mórbidamente animalista de “dos perros tontos desangrándose en un suelo de concreto en una habitación en algún lugar”, incluso la más humana. Una canción exquisitamente vestida sobre la primacía del cuerpo, su fea desesperación y la necesidad innata de compartirlo. Nuestro protagonista puede estar preparándose para más soledad al exponerlo, pero ciertamente no es el único.