Reseña del Álbum: Joshua Chuquimia Crampton — ‘Anata’

A nivel puramente textural, es fácil tachar la música de Joshua Chuquimia Crampton de tan dura que resulta sobreestimulante. Pero basta un poco de contexto y sintonía emocional para que sus propiedades espirituales, medicinales y profundamente deconstructivas se apoderen de uno. Inspirado en las ceremonias de la Gran Nación Pakajaqi del pueblo aymara y más específicamente en la idea de la “música ceremonial activada”, el fantástico nuevo álbum del guitarrista de Los Thuthanaka, *Anata*, versiona y despedaza sus influencias no como un medio de distanciamiento, sino para aproximarse a su esencia extática; tal como un audiovisual de baja calidad puede elicitir una respuesta más visceral que la mejor tecnología. Tras los heels de su álbum del 2025 con su hermanx Chuquimamani-Condori, este disco de 25 minutos puede parecer menos abundante que *Los Thuthanaka* para nuevos oyentes, pero su brevedad es engañosa: Crampton posee una habilidad misteriosa para dejar que su guitarra refractaria e imposiblemente estratificada se eleve hacia la galaxia, asegurándose de que todo se desvanezca en un instante. Simplemente te dan ganas de darle al play otra vez.


1. Chakana Head-Bang!

En segundos, un grave apagado y martilleante es arañado por un riff pesado que no para de ganar velocidad y volumen, tanto que cuando el rango de frecuencias altas también comienza a llenarse, resulta casi milagroso. Luego, los elementos aparentemente opuestos se fusionan, como si se encontrasen en el medio del diapasón, despeñándose como una avalancha antes de ser absorbidos de vuelta hacia una bola.

2. Taqini (Juntxs)

Crampton condensa lo que podría haber sido –y bien podría ser, en directo– una odisea mucho más larga, en un destacado tema de dos minutos y medio que suena como un vislumbre del cielo. Su brillo melódico está ligeramente distorsionado, mientras que el ritmo es tan a la vez bullicioso y sutil que no sabes si intenta irrumpir o simplemente avanzar con esfuerzo. Entonces la guitarra chillla como un sol despertando a millones de personas, el *lick* subyacente reflejándolas mientras realizan sus movimientos, como si su intensidad abrasadora –su mera insistencia– no fuera nada extraordinario. Así que se disipa violentamente, volviendo al riff inicial, un poco más limpio y de algún modo más pensativo.

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3. Ch’uwanchaña ~El Golpe Final~

Con la guitarra cargando con el peso del impulso rítmico, ‘Ch’uwanchaña ~El Golpe Final~’ se acerca más a algo de *Los Thuthanaka*, convirtiéndolo en un buen punto de entrada para quienes descubrieron la música de Crampton con ese álbum. (Tiene sentido como *single* principal de *Anata*). Al principio, el ritmo parece tan incomprensiblemente procesado que podría tragarse toda la composición, pero en realidad da paso a un pulso aerodinámico donde todos los instrumentos –fragmentados, martilleantes, eruptivos– parecen lejos de estar en guerra, especialmente con la adición del charango y el ronroco. Es embriagador.

4. Convocación “Banger/Diffusion”

El título describe bastante bien este tema, dividido como está entre remolinos tormentosos de guitarra y una segunda mitad ambiental; la lluvia calmándose y plegándose en estrellas. En lugar de contrastar con la distorsión aplastante de las pistas anteriores, se siente como una difusión pacífica, parte de la misma ceremonia imbuida de gracia y reflexión.

5. Mallku Diablón

Más que solo dialogar con las dos pistas anteriores, ‘Mallku Diablón’ también parece fusionarlas de forma extática. Notas punzantes de guitarra coquetean con otro paisaje sonoro libre, un tambor aparece y desaparece, pero cuando el ritmo de huayno se reestablece, también lo hace su corriente celebratoria, convirtiéndola en la canción más relajada de *Anata*. Crampton tiene claramente el don de hacer que hasta el oyente más desprevenido se sienta en paz con estilos, por deconstruidos que estén, que puedan serle totalmente nuevos.

6. Jallu

Crampton no tarda en disruptir el luminoso ambiente de trémolo de ‘Jallu’ con una guitarra enredada que lo atraviesa de lleno. Cuando el tema se calla justo en la mitad, te das cuenta de cuánto del tono está determinado por la fuerza y fluidez de su rasgueo, no solo por los efectos. Su impecable sentido de control y sensibilidad brilla en esos momentos; parece casi conforme con terminar la pieza abruptamente a los tres minutos, pero es solo un truco de la luz: obtiene la pequeña coda perfecta que se merece.

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7. Anata

Crampton irrumpe en la pista homónima que cierra el disco con quizás el ruido más áspero del álbum, restregándolo para construir un instrumental imponente, casi cinematográfico. Alto en la mezcla, la persistencia de acordes simples del charango ofrece un atisbo de esperanza sobre guitarras arremolinadas, una combinación que oblitara cualquier necesidad de percusión. A medida que el tema se densifica, Crampton evita la impresión de que los graves y agudos vengan de instrumentos distintos, sino que colisionan en sus propias manos; una expresión conscientemente táctil de euforia. Cuando colapsa –de nuevo, ingeniosamente, a los tres minutos– te deja con esa sensación inicial de que un viaje épico ha sido embotellado para nuestro disfrute. Es difícil llegar al fondo de ello, por eso, a pesar de su brevedad, no para de entregar.

Anata por Joshua Chuquimia Crampton

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