Reseña del Álbum: Jana Horn, ‘Jana Horn’

Al final de su álbum homónimo, Jana Horn incluye un momento de duda grabada. “Estaba bien hasta que lo arruiné”, dice, y entre suaves risas libres de juicio, añade: “¿Deberíamos, como, intentar hacer el final?”. Puedes imaginar a la cantautora escuchando esta conversación completamente auténtica y sonriendo ante su poesía no intencionada. Paciente y reflexivo, el trabajo que sigue a *The Window Is the Dream* (2023) se define por su carácter abierto, reconociendo que detrás de cada pérdida y cada sensación humana de finalidad, bulle la naturaleza cíclica del cambio. Al documentar su primer año viviendo en Nueva York, adonde se mudó tras completar un máster en escritura creativa en Charlottesville, Horn y su banda se niegan a pintar el retrato de una artista despegada del pasado, que no echa de menos nada o que no le inquieta un futuro inmutable. Sería absurdo forzarlo. Simplemente avanzan poco a poco hacia una respuesta a la pregunta final del álbum: “No sé, ¿tú qué opinas?”.


**1. Go on, move your body**

He hablado antes de cómo ‘Go on, move your body’ hace eco de la cita de Joseph Campbell sobre “seguir tu dicha”, derivando sin rumbo en su intraducibilidad. Ahora que la canción está firmemente arraigada en mi memoria, mis oídos se sienten atraídos por sus detalles más minuciosos, especialmente por cómo el clarinete de Adelyn Strei cruje como una puerta nueva abriéndose – o, como apertura de uno de los primeros álbumes notables del año nuevo, como un nuevo apocalipsis que se agita. “Nada te prepara para esto” es un verso que Horn escribió mucho antes de muchos de los cambios vitales que captura su álbum; estar en medio de ello no hace que sea más fácil de entender.

**2. Don’t think**

La afirmación de Horn de que Jade Guterman tiene “un estilo de tocar muy melódico, casi como guitarra solista, y yo tiendo a tocar la guitarra como un bajo” queda maravillosamente demostrada en ‘Don’t think’. Strei teje con agilidad su clarinete sobre la nublada agitación de la batería de Adam Jones, mientras que el objeto de la rendición de Horn no es solo el movimiento perpetuo, sino el propio estado de ser, persistendo en la incertidumbre. “No lo tomo a la ligera/ Que algo fijado en piedra/ Puede empezar a rodar cuando/ El suelo bajo tus pies es diferente”, canta. Hay, aún así, una ligereza en cada movimiento del grupo.

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**3. All in bet**

En lugar de un estribillo, ‘All in bet’ encuentra el éxtasis en el piano minimalista de Miles Hewitt, acompañado primero por el coro de sí misma de Horn antes de fluir junto al bajo melódico de Guerman la segunda vez. En cuanto a la letra, la canción habla de intentos a ciegas en una noche interminable, donde la protagonista encuentra su propia compañía: una llamada a un amigo, una copa con alguien sin nombre. Una señal de que aún no se acabó, la apuesta sigue en juego.

**4. Come on**

Sensual y nocturna, la canción gotea dobles sentidos: “Hazme pensar que vales la pena para mudarme” (refiriéndose a: ciudades, el cuerpo), “En la ciudad yo llegaba a tiempo/ No podía sacarte de mi mente/ Con pastillas, en trenes, rezando”. El lenguaje de Horn es tan preciso como su sintaxis es peculiar, traduciendo el revoltijo de conciencia que llega con viajar, o con ocupar mentalmente varios lugares a la vez. Sin embargo, más que agotador, al final es vivificante: “Ver la eternidad como una cualidad del tiempo/ He terminado con mi agonía/ Puedo respirar otra vez/ En el corazón de ello”. ‘Come on’ suena muy parecida a ‘Go on, move your body’, pero se toma su tiempo para insuflarle vida.

**5. Love**

Un poco más directa, ‘Love’ medita brevemente sobre la naturaleza cambiante e inalterable de su tema principal. El tono es afirmativo, aunque no del todo autoafirmativo, mientras Horn lo compara con “la luna en pleno día”. Pero luego desaparece y te deja ahí parado, sosteniéndote en el recuerdo nocturno de eso.

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**6. It’s alright**

Después de varias canciones rasgueadas, el remolino punteado de esta – aunque de nuevo ese bajo está igual de alto en la mezcla – es hipnótico, especialmente cuando la voz etérea de Horn y el piano de Hewitt flotan sobre él. Comienza en la misma línea emocional que la pista anterior, pero no pasa mucho hasta que el sentimiento crece, convirtiendo la seguridad en escombros. “Es como mis ojos para llorar/ Para morir y morir para sentir/ Que el ciclo se repite”, canta, con la voz casi quebrándose al rimar, “El hoyo es la semilla”. El minuto siguiente se siente como hundir las manos en la tierra.

**7. Unused**

La disociación tiene un millón de caras, y aquí Horn muestra un abanico que va de lo surrealista a lo banal que es único en su humanidad. “Yo fui más como un sentimiento por un tiempo/ Ni siquiera mío, ni siquiera uno de los míos”, canta, marcando la distinción apoyándose más en un zumbido – su voz, el clarinete – que en una melodía clara. Orquesta un final abrupto, como si decirse a sí misma que se acabó fuese suficiente para dejar de extrañar.

**8. Designer**

Sobre un ritmo pesado que está a un pedal del sludge, ‘Designer’ es también líricamente más oscura que incluso las canciones más pensativas del álbum. Aparentemente obsesionada con una especie de episodio maníaco, Horn pregunta: “¿Qué prueba la locura, Diseñador?”. El piano suaviza la preocupación, pero no hay una respuesta que caiga del cielo, solo una imagen grabada a fuego en tus ojos mientras el ciclo se repite.

**9. Without**

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No hay pretensión poética en ‘Without’, cuyo tapiz de sonido descansa principalmente en el bajo imposiblemente suave de Guerman. El resto de la banda está ahí para apoyarlos, pero la canción se siente como una conversación entre su sentimentalismo sin palabras y el de Horn misma; cuando deja escapar las palabras “¿Cómo te vas sin dejarme?”, no necesitas haber escuchado toda su discografía para saber que nunca ha sonado tan frágil, tan conmovedora. El bajo suena como un abrazo cuando está en mayor; la ausencia de una sola nota puede hacer que toda la canción suene lista para desvanecerse. Suavemente, mantiene sus partes unidas.

**10. Untitled (Cig)**

La canción final hace justo lo opuesto, tomándose libertades en la producción – ¿quién es el Diseñador ahora? – para convertir todos sus instrumentos en fragmentos, como el humo de un cigarro. Horn habla de una “mezcla que intenta reflejar la memoria de estar en un cuarto con otras personas”, pero no hay nostalgia aquí, solo el presente volviéndose pasado ante tus oídos. Es el acto más esperanzador del álbum: aceptar que las cosas, incluso las que amamos, se deshazen. La última palabra que se oye es “intentar”.

El patrón sencillo de bajo es lo único sólido que Horn sostiene entre sus dedos, y incluso ligeramente afectada, su voz es poderosamente clara en su pregunta: “Espíritu, ¿ya has tenido suficiente de este cuerpo?” En su biografía, Horn dice que su madre “aprendía a vivir de nuevo después de años de pasar de un hospital a otro, como un crimen del que nadie quería hacerse responsable”. Cuando se dirige a ella directamente aquí, mencionándola por primera vez en el álbum, es en términos poéticamente reverentes: “Dime cómo te deshiciste en tierra para mi vida”. La canción murmura, chisporrotea y suspira. Se alarga un rato, y luego cede.

[Jana Horn por Jana Horn](https://janahorn.bandcamp.com/album/jana-horn-2)

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