Reseña de ‘Scrubs’ – El regreso triunfal de la comedia médica gracias a chistes absurdos y furia volcánica

Bill Lawrence está en racha. Es el hombre que nos dio ‘Ted Lasso’ y ‘Shrinking’, y que está a días de estrenar ‘Rooster’, la comedia con Steve Carell que HBO ya ve como el pilar de su producción humorística. A esta altura de su carrera, Lawrence podría sonarse la nariz y el contenido de su pañuelo se convertiría en una querida y conmovedora serie de comedia.

Por eso es interesante que, de todas sus opciones disponibles, Lawrence haya decidido revivir ‘Scrubs’. Es una serie con una gran huella –cuando ‘Friends’ terminó, podría decirse que se convirtió en la comedia más grande del mundo– pero aún así se sentía muy de su época. Era una comedia médica que no solo sacaba muchas risas de *sketches* al estilo ‘Padre de Familia’, cuando eso se consideraba novedoso y emocionante, sino que también tenía más de un personaje especializado en una crueldad barroca, algo que no parece muy característico de Lawrence hoy en día. Ted Lasso nunca lo haría.

Añade a esto un elenco que pareció hacer grandes esfuerzos por alejarse de la locura de la serie en cuanto terminó (Zach Braff se volvió director indie, mientras Donald Faison y Sarah Chalke se hicieron más visibles en el drama) y te queda la horrible sensación de que la magia pudo haberse desvanecido en la última década y media.

Afortunadamente, esta sensación desaparece a los 15 segundos, porque la revival de ‘Scrubs’ es tan ‘scrubsiana’ como puede ser. Obviamente, tu disfrute de esta nueva temporada dependerá de cuánto te gustara ‘Scrubs’ desde un principio. Pero si eras fan, la nueva serie se sentirá como las manos más seguras imaginables.

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Encontramos a JD (Braff) ya metido en su nueva carrera como médico *conserje*, tomando té mientras reparte con delicadeza recetas para pastillas de erección a los ricos y despreocupados. Pero una visita casual al hospital Sacred Heart le hace recordar lo que dejó atrás. En 20 minutos ya está de vuelta, integrado como miembro senior del personal.

Otros personajes antiguos se manejan con igual rapidez. Elliot (Chalke) supera un montón de viejos resentimientos en poco más de una hora y –seré vago para evitar *spoilers*– Turk (Faison) comienza el primer episodio con un conjunto muy serio de nuevos rasgos de carácter con los que otras series podrían construir toda su premisa, pero logra salir de eso en menos tiempo del que te tomaría hacer un Pot Noodle.

Sin embargo, ‘Scrubs’ es una serie sobre un hospital de enseñanza, lo que significa que necesita una *influencia* de recién llegados para que los veteranos enseñen. Aquí la serie es un poco menos exitosa. Recordarás, claro, que esta fue la dirección que intentó la serie original con su malograda temporada de la escuela de medicina.

Pero seamos positivos. En los primeros cuatro episodios, los nuevos médicos jóvenes de ‘Scrubs’ son un grupo de don nadies de un solo rasgo, pero, dada la escasez de tiempo en pantalla que se les otorga, esto es probablemente de esperar. Hay muchas posibilidades de que evolucionen a medida que avance la serie. Más emocionante aún, Vanessa Bayer obtiene un jugoso papel como Sibby, una especie de jefa de recursos humanos encargada de frenar los aspectos más *naughties* (de los 2000) de la serie. De la mejor manera posible, su personaje a menudo parece llegado en paracaídas de una serie diferente y más rara. Mi predicción es que se robará el espectáculo pronto.

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También hay que decir que una forma en que ‘Scrubs’ ha evolucionado con los tiempos es en su tono. La serie original tenía un aire de exasperación con el sistema de salud estadounidense; ahora esto a menudo se convierte en franca ira. Un tema recurrente de los episodios iniciales es que los personajes son puestos en peligro –a menudo mortal– por la falta de cobertura médica asequible. Los doctores o tratan de torcer las reglas para ayudarlos, o las siguen al pie de la letra y los ignoran. Ningún enfoque termina bien.

Incluso hay un nuevo médico británico, cuyo único propósito es recordarle al público estadounidense que los medicamentos recetados solo cuestan diez libras. Y, sin embargo, de alguna manera estos dos polos –comedia deliberadamente tonta y furia volcánica– logran mezclarse en una serie tan entretenida como lo fue ‘Scrubs’ siempre. Ojalá tenga una larga vida.

‘Scrubs’ está en Disney+.

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