Cuando un guión ha pasado por muchas manos durante casi 20 años, se supone que debe tener algo lo suficientemente magnético como para mantenerse en el ecosistema de Hollywood y fuera de la basura. Claro, también se asume que probablemente hay algo un poco maldito en él, pero cuando finalmente se hace, la curiosidad está por las nubes. *Psycho Killer*, escrito a mediados de los 2000 por Andrew Kevin Walker de *Seven*, ha tenido sus casi-logrós. En 2009, Fred Durst iba a dirigirla. En 2010, Eli Roth iba a producirla. En 2011, la producción iba a comenzar. En 2015, se suponía que obtendría financiación alemana. Pero cada versión encontró un problema, y tomó hasta 2023 para que la película finalmente se hiciera.
Tres años después, ahora finalmente la estrena 20th, o sea Disney, con el productor de toda la vida Gavin Polone haciendo su debut como director, una respuesta a la pregunta de “¿Por qué esta?” que llega silenciosamente a más de 1000 cines.
El ingenioso guión de Walker para *Seven* no llevó precisamente a la carrera que muchos esperaban (su guión para *8mm* fue tan mutilado que el lo repudió; participó en el lamentable *Hombre Lobo* del 2010; su thriller criminal grabado en pandemia, *Windfall*, fue un fracaso) pero quizás justo después de su éxito en 1995, otro thriller de asesinos en serie con su nombre hubiese parecido un éxito seguro. Pero lo raro de *Psycho Killer* es que incluso cuando el guión surgió online en 2007, ya entonces hubiese parecido una película de serie B completamente prescindible, del tipo que se hace con poco dinero y se lanza directo a DVD sin clasificar.
Entonces es difícil entender por qué una película como *Psycho Killer* obtiene algún tipo de estreno en cines en este momento particularmente difícil, mientras los estudios pierden millones intentando, y mayormente fallando, en atraer al público lejos de sus muchas pantallas. Seguí esperando entenderlo, encontrar algo distintivo que explicara por qué se le dio el tipo de lanzamiento de estudio con el que la mayoría de cineastas de género soñaría, pero me fui desconcertado. Podría haber justo suficiente competencia en la dirección de Polone como para asegurar que esta no sea la peor película de terror del año, pero probablemente será la menos necesaria.
Es una bestia extraña porque es demasiado directa y tonta para funcionar como thriller criminal, pero demasiado aburrida y libre de sustos para funcionar como terror, cayendo torpemente en un punto intermedio. La película comienza cuando EE.UU. se encuentra en las garras de un asesino en serie que usa máscara (el luchador convertido en actor James Preston Rogers), una figura misteriosa que recorre el país dejando un rastro de carnicería. Sus víctimas son encontradas rodeadas de símbolos y mensajes satánicos, pero el FBI se mantiene sin pistas y risiblemente incompetente, de una manera que brevemente la hace parecer una película muy del 2026. Después de que su esposo es asesinado, la oficial de policía Jane (Georgina Campbell de *Barbarian*) se obsesiona con encontrarlo.
Seguimos a nuestra protagonista y antagonista en medida casi igual, como cambiando entre personajes de videojuego, ambos escritos con más o menos la misma profundidad. Nos llevan hacia algo, una revelación que explicará la ola de crímenes, insinuada por la obsesión del asesino con crímenes del pasado, pero cuando las piezas del rompecabezas encajan, es con un golpe sordo. No hay nada lo suficientemente revelador para justificar el trabajo que tomó llegar allí, a pesar de un par de momentos enérgicos y divertidos (hay una pelea cinética en un hotel y un malévolamente exagerado Malcolm McDowell para despertarnos brevemente). Supongo que es el ambicioso plan final del asesino lo que mantuvo a la gente volviendo al guión, pero el final apresurado se desarrolla con tal indiferencia, completo con un esperado susto final de manual, que incluso quienes alguna vez codiciaron esta historia seguramente verán esto como un fracaso, totalmente separado de su visión de lo que pudo ser.
Es solo un episodio de tercera de *Expediente X* pero sin el atractivo considerable de Mulder y Scully, y la obsesión genérica de Campbell en duelo no logra realmente imponer. Su búsqueda podría ser fructífera, pero el arduo viaje de la película saliendo del infierno del desarrollo y llegando a los cines no tiene recompensa para los involucrados ni para nosotros los espectadores. *Psycho Killer* es tan desesperadamente sosa como su título.