Replanteamiento del uso del agua durante la temporada turística en Mallorca

Este ha sido uno de los períodos más lluviosos que recuerdo desde que me trasladé a Mallorca hace casi treinta años. Por mucho que algunos residentes se quejen, es crucial que contemos con un buen suministro de agua antes de que comience la temporada alta turística. Cuando los embalses están bajos o, peor aún, casi vacíos, se depende de flotas de camiones cisterna durante los meses de verano. Es una situación precaria que afecta negativamente a innumerables lugareños, especialmente en las zonas más áridas de la isla, como la llanura central. El agua se corta con frecuencia o sale en un hilo, mientras los turistas derrochan agua a su antojo. Esto genera resentimiento e indignación.

Por ello, la cuestión del agua debe calar en la psique de las cadenas hoteleras y de los propietarios privados de la isla, pero no es fácil. Muchos huéspedes mimados de cinco estrellas —sobre todo quienes pagan fortunas por noche en plena temporada— consideran que merecen darse un baño o nadar en la piscina de su suite hotelera, independientemente de que la isla padezca sed o no.

Puedo comprender la mentalidad: si has pagado alrededor de 2000 euros por una habitación por noche, deberías poder usar toda el agua que desees. Ocurre lo mismo con quienes alquilan fincas vacacionales a precios desorbitados. He pasado por propiedades alquiladas en Sóller donde no hay nadie, y sin embargo las luces están encendidas dentro y fuera, y los aires acondicionados funcionan a pleno rendimiento. Me hace estremecer, pero de nuevo responde a una forma de pensar que dice: si pago una fortuna, quiero sacarle el máximo provecho.

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La única salida de este lodazal es la educación. Necesitamos que los propietarios de alojamientos turísticos y hoteles recalquen a sus huéspedes lo crítico que es, durante los meses de mayor afluencia turística, conservar y respetar el suministro de agua de la isla. Debe alentarse a los huéspedes a que naden en el mar y tomen duchas rápidas por la mañana y por la noche. Los baños deberían prohibirse durante el verano, pues son genuinamente irresponsables. Cualquier huésped reflexivo y racional al que se le explique claramente el problema, o que lo encuentre en folletos en su habitación, debería captar el mensaje rápidamente. No se trata de hacerles sentir culpables, sino de informarles sobre la situación real que encuentran al llegar aquí en verano.

Los visitantes deben sentirse bienvenidos y no sermoneados de manera didáctica durante sus merecidas vacaciones, pero sí necesitan comprender las limitaciones a las que todos nos enfrentamos. Es razonable esperar que se preocupen por el entorno local y la sostenibilidad, tal y como deberían hacer en sus lugares de origen.

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