Las Islas Baleares y la región de Murcia en la península se precipitan hacia una catástrofe ecológica, con un asombroso 85% del archipiélago y un increíble 99,8% de Murcia en riesgo de desertificación.
Nuevos hallazgos del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) delinean un panorama aterrador: años de presión humana implacable, desde la agricultura y la ganadería hasta la masiva industria turística, están empujando a las islas hacia un punto de no retorno.
El primer Atlas de la Desertificación de España, un informe que unifica el trabajo de decenas de expertos, revela la impactante escala de la crisis ambiental nacional.
España ha sobreexplotado su riqueza natural durante demasiado tiempo, y las consecuencias son ahora brutalmente evidentes. Las Baleares son un epicentro crítico, donde vastas extensiones de tierra otrora fértil se vuelven progresivamente yermas.
Casi el 40% del territorio español está ya atrapado en las garras de la desertificación. La crisis es generalizada, pero las Baleares destacan como foco de máxima alerta, con un alarmante 85% de su suelo degradándose con celeridad. La Región de Murcia encabeza las sombrías estadísticas, con un devastador 99,8% de su territorio clasificado ya como árido.
El Atlas confirma que el 43,35% de España es oficialmente vulnerable a la degradación. Más preocupante aún: el 60,94% de las zonas secas existentes muestra signos inequívocos de desertificación, lo que totaliza una superficie inmensa de 206.203 km².
La devastación es palpable en áreas como Alicante, donde un escalofriante 98,9% del suelo árido está amenazado. Le siguen Valencia con un 81,9% y Castellón con un 57,3%. Los expertos advierten que España pierde aceleradamente la capacidad de sostener sus históricamente fértiles regiones.
En el núcleo de esta pesadilla ambiental yace la profunda escasez hídrica del país. Jaime Martínez Valderrama, investigador principal del proyecto, subrayó un dato crucial: cuatro de cada cinco españoles residen ya en zonas áridas. La atracción por el "clima benigno" enmascara un creciente conflicto por los recursos.
El consenso científico es diáfano: se precisan soluciones urgentes y multifacéticas, que incluyan mejoras sustanciales en la reutilización de aguas residuales, una mayor apuesta por la desalación y mejoras esenciales en las redes hídricas para detener fugas catastróficas.
Los expertos responsables del Atlas de la Desertificación confían en que sus 66 mapas detallados –que abarcan desde el clima hasta la biodiversidad– obliguen a los líderes políticos a tomar, por fin, decisiones sensatas y a largo plazo sobre la gestión del territorio y del agua.
Una gran oportunidad yace en el reciclaje de agua. Los núcleos urbanos consumen 4.000 hectómetros cúbicos anuales, de los cuales apenas un 12% se reutiliza en la actualidad.
El tiempo se agota. La tasa del 85% de desertificación en Baleares es una campana de alarma.
Con el cambio climático acelerando el deterioro y la sobreexplotación causando daños irreversibles, la acción inmediata ya no es una opción.
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