¿Qué es mejor para tu salud? Depende de lo que busques.

A menudo nos preguntamos: ¿Qué es lo mejor para mi salud? Sin embargo, en dicha cuestión subyace una premisa oculta: la de que existe una única opción «óptima». En realidad, ello depende por completo del objetivo que se persiga.

Una dieta baja en grasas puede ser excelente para quien pretenda reducir el colesterol, pero contraproducente para un niño en pleno crecimiento o para alguien que lucha por mantener su peso. El entrenamiento para un maratón es magnífico para la resistencia, mas no resulta idóneo para la salud articular ni para la recuperación tras una lesión. Cierto fármaco podría ser formidable para curar una enfermedad concreta, pero acarrear efectos secundarios problemáticos.

La medicina y los mensajes de salud pública tienden a ofrecernos verdades absolutas: «evita el azúcar», «haz ejercicio a diario», «duerme ocho horas». Dicho efecto se ve amplificado en el entorno de internet y las redes sociales, donde los extremos —positivos o negativos— ascienden hasta la cima de los algoritmos y resultan considerablemente más atractivos que la realidad, que suele ser más matizada.

Las afirmaciones categóricas son útiles como normas generales, si bien pueden generarnos sentimientos de culpa cuando no logramos seguirlas. La verdad es que nuestros cuerpos y circunstancias cambian con el tiempo, y nuestro enfoque sobre la salud debería hacerlo también.

Incluso la investigación médica puede padecer este efecto. Es habitual que un estudio extraiga conclusiones determinadas y cautelosas, para que luego ese fragmento de verdad se vea destilado en los medios hasta convertirse en un «fármaco milagroso» o un «hallazgo revolucionario».

Por tanto, la próxima vez que leas un titular que proclame la mejor dieta o el ejercicio ideal, pregúntate: ¿mejor para qué y para quién? ¿Se trata de longevidad, energía, salud mental o recuperación tras una enfermedad? Ser consciente de aquello que se pretende optimizar constituye la base de una buena toma de decisiones, y el ámbito sanitario no es una excepción.

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También es lícito priorizar. Rara vez un paciente transforma todos sus hábitos de golpe. Con mayor frecuencia, un pequeño cambio exitoso se convierte en la puerta de entrada a otras mejoras. A veces, el mejor enfoque consiste en centrarse en optimizar un único aspecto, confiando en que los demás se irán encauzando a su tiempo.

Enmarcar la salud como algo dinámico, en lugar de concebirla como un destino único, nos ayuda a tomar decisiones más sabias y benévolas para con nosotros mismos.