¿Qué diablos le pasó a Tucker Carlson? Un nuevo libro intenta descubrirlo

Tucker Carlson, el presentador de podcast y ex-anfitrión de Fox News, una vez le dijo a una audiencia conservadora hostil que los medios de derecha necesitaban ser más responsables. En un discurso del 2009 en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), él argumentó que las publicaciones de la derecha debían exigirse un estándar más alto.

“Esta es la dura verdad”, dijo Carlson. “Si creas una organización de noticias cuyo objetivo principal no sea entregar noticias precisas, fracasarás”. Añadió que a los conservadores les encantaba quejarse del *New York Times*, cuando lo que realmente necesitaban era su propio *New York Times*. La multitud le abucheó y silbó.

La evolución de Carlson – de un periodista conservador sociable que a menudo criticaba a los chiflados, extremistas y fanfarrones de su propio bando, a un cauteloso simpatizante de Maga, y luego a un incendiario “America first” más radical que el propio Donald Trump – es el tema de un nuevo libro, *Hated by All the Right People: Tucker Carlson and the Unraveling of the Conservative Mind*. El reportero Jason Zengerle intenta responder una pregunta que, según él, ronda cualquier sala donde se reúnen los periodistas políticos hoy: “¿Qué diablos le pasó a Tucker?”

Además de las propias obras de memoria-reportaje-polémica de Carlson, el único libro anterior sobre él es una biografía admirativa del 2023 del escritor conservador Chadwick Moore, descrita en una reseña de The Guardian como una “fusión de hagiografía y dictado”. El libro de Zengerle, escrito sin la cooperación de Carlson, es por lo tanto el primero en analizar críticamente a probablemente la personalidad mediática más interesante, importante, fascinante y posiblemente peligrosa de la era Trump.

Tucker Carlson en un panel “Libertad de Prensa Durante la Guerra” en Beverly Hills, California, en 2002. Fotografía: Kevin Winter/Getty Images

El libro viene de Crooked Media Reads, un nuevo sello editorial creado por ex empleados de Barack Obama, y Zengerle recientemente se unió al equipo del liberal *New Yorker*. Pero él dependió de Carlson como fuente periodística por muchos años, escribe, y le caía bien. Ahora ve en Carlson una metáfora sombría. La brecha entre el “joven escritor talentoso” que conoció a fines de los 1990 y el “tóxico presentador” de hoy, argumenta, “es la historia más amplia de la política conservadora y los medios conservadores en los últimos 30 años”.

En 1999, Carlson se refirió a Trump como “la persona más repulsiva del planeta” – e incluso más recientemente siguió diciendo cosas despectivas sobre el presidente en privado, como reveló la demanda de Dominion contra Fox del 2021, que expuso mensajes de texto embarazosos que ilustran la brecha entre las opiniones públicas y privadas de Carlson. Sin embargo, como presentador de Fox News llegó a respaldar la agenda de Trump casi por completo.

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Y desde que fue forzado a salir de Fox en el 2023, en circunstancias disputadas, se ha inclinado aún más hacia una postura nativista, aislacionista y de ultraderecha – elogiando al régimen autoritario ruso, dando tiempo en el aire a invitados acusados de nacionalismo blanco, revisionismo del Holocausto, antisemitismo y teorías conspirativas, y sugiriendo que Volodímir Zelenski, el presidente judío de Ucrania, es “sudoroso y parecido a una rata” y “un perseguidor de cristianos”.

El libro se centra en la carrera adulta de Carlson en las noticias de TV, aunque contiene biografía fascinante sobre su vida temprana. La mayoría de los trazos generales son bien conocidos – el propio Carlson ha hablado a menudo de su infancia – aunque Zengerle descubre nuevos detalles y profundidad.

Tucker Carlson entrevista a Vladimir Putin en el Kremlin en Moscú el 6 de febrero de 2024. Fotografía: Gavriil Grigorov/Sputnik/AFP via Getty Images

El padre de Carlson, Dick Carlson, fue un huérfano de origen humilde y lleno de tragedia que se convirtió en un periodista pionero, diplomático, cabildero y director de la Voz de América y la Corporación para la Difusión Pública. (Aunque Dick probablemente se relacionó con el mundo del espionaje, Zengerle es escéptico sobre el rumor de que fuera un operativo de la CIA).

La primera esposa de Dick y madre de Tucker, una heredera bohemia, abandonó a la familia cuando Tucker era joven. Años después, cuando ella moría en Francia, Tucker y su hermano se negaron a visitarla; en su testamento, les dejó a cada uno $1. La segunda esposa de Dick, la madrastra de Tucker, también era una heredera – de la fortuna de alimentos congelados Swanson – pero una figura parental más apoyadora. Carlson tuvo como niñera a un ex oficial de inteligencia coreano, llamado Coronel Kwon, y, como ha escrito Michael Wolff, perdió su virginidad a los 14 años en una visita a un burdel de Nevada organizada por su padre.

Después de ser el payaso de la clase en un internado suizo, una escuela preparatoria episcopal, Trinity College, y en Nicaragua – donde viajó durante un verano como escritor “*wing-tipista*” con la esperanza de ayudar a los *contras* que luchaban contra el régimen de izquierda – Carlson entró al periodismo en Washington. Zengerle dice que era apasionado de escritores como Hunter S. Thompson, P.J. O’Rourke y Joan Didion, y ansioso por seguir los pasos de su padre.

Es tentador pensar que Carlson ha … sufrido el mismo destino que el hombre al que una vez ridiculizó.
Jason Zengerle

Cuando Carlson se unió al incipiente (ahora desaparecido) *Weekly Standard* en 1995, la revista era el buque insignia del ala halcón “neoconservadora” del partido Republicano. Rápidamente ganó reputación como un escritor talentoso con tendencia a la contradicción y buen ojo para el humor y el color. Pero pronto vió que el futuro estaba en las noticias por cable.

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Para cuando Carlson dio su provocativa cuasi-defensa del *New York Times* en el 2009, sin embargo, estaba cerca del “punto más bajo” de su carrera, escribe Zengerle. Una serie de programas de noticias y entrevistas (en CNN, PBS, MSNBC) habían fracasado. Mientras que la amiga y ex colega de Carlson en MSNBC, Rachel Maddow, ascendía al estrellato, él se había reducido a hacer *Dancing With the Stars* – y fue el primer concursante eliminado.

El discurso en la CPAC fue un esfuerzo calculado para generar expectativa por un nuevo proyecto, el *Daily Caller*, que él esperaba se convirtiera en ese *New York Times* conservador. No lo logró. Carlson, que seguía obsesivamente los datos de tráfico web del *Caller*, se dio cuenta muy rápidamente de que la gente quería algo más parecido a Breitbart: que cruzara líneas, que removiera el lodo, que alimentara la ira.

Con el tiempo, comenzó a contratar periodistas más agresivos y sin escrúpulos, incluyendo a cuatro que luego fueron revelados como partidarios de ideologías neonazis o de extrema derecha. (Carlson ha dicho que no conocía sus opiniones).

Carlson también sentía una profunda vergüenza por su apoyo inicial a la guerra de Irak; aunque al principio fue escéptico, hizo a un lado sus dudas por la insistencia de neoconservadores a favor de la guerra, a quienes creía más inteligentes que él. “Carlson fue uno de los primeros –y durante muchos años, el único– comentarista conservador en retractarse de su apoyo a la guerra de Irak”, escribe Zengerle.

Sin embargo, seguía enojado consigo mismo por ignorar sus instintos, y con el establishment conservador que, en su opinión, lo había engañado: “Carlson comenzó a preguntarse en qué más se habrían equivocado esas personas. Y empezó a preguntarse sobre qué podrían tener razón aquellas personas a las que despreciaba” –como el aislacionista de derecha Pat Buchanan, o Trump–.

Al unirse a Fox News, también estaba decidido a no repetir los errores de su anterior carrera televisiva, más moderada y centrista. Esta vez superaría a Fox en su propio juego. Y aunque le desagradaba Trump, reconoció antes que otros analistas que había que tomar en serio su extraña candidatura.

Su previsión fue recompensada: en noviembre de 2016, los ejecutivos de Fox, ansiosos por ponerse al día con el fenómeno Trump, le dieron su propio programa, *Tucker Carlson Tonight*. Para julio de 2020, era “el programa más visto en la historia de la televisión por cable estadounidense”. El propio Trump llamaba a Carlson a diario para darle opiniones no solicitadas sobre su show. A diferencia de otras figuras de Fox, Carlson intentaba mantener cierta distancia profesional, escribe Zengerle, a veces incluso rechazando las llamadas del presidente.

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Eso solo hizo que Trump se obsesionara más. De hecho, Zengerle revela que Carlson “confesó a varias personas” su temor de que Trump, o algún servicio de inteligencia, estuviera grabando esas llamadas para usarlas en su contra después. Pero Carlson se dio cuenta de que no necesitaba hablar directamente con Trump para influirle, cuando el televidente más entusiasta y poderoso del mundo ya sintonizaba su programa cada noche. Comenzó a escribir su programa para “una audiencia de una sola persona”.

Aunque Zengerle disecciona la carrera mediática de Carlson con un escalpelo afilado, aprendemos poco sobre él como persona. Su alcoholismo –dejó de beber en 2002, tras tocar fondo cuando bebía dos screwdrivers dobles en el desayuno– recibe solo unas pocas líneas. También se sabe poco de su relación con su hermano, Buckley (que no debe confundirse con su hijo, también llamado Buckley), un Carlson aún más desinhibido y de vida más desenfrenada, cuyo perfil en la derecha ha ido en ascenso y a quien algunos describen como el *puro id* enfurecido de los hermanos.

El libro inteligente, bien escrito y documentado de Zengerle también deja sin respuesta tres grandes preguntas. Desgraciadamente, son también las más urgentes: ¿por qué exactamente despidieron a Carlson de Fox en 2023, en la cima de su poder? ¿Se postulará para presidente? ¿Y con qué sinceridad mantiene sus opiniones cada vez más extremas?

Zengerle no está muy seguro de las dos primeras. En cuanto a la tercera, “si Carlson realmente cree las cosas terribles que dice”, argumenta, “importa menos que el hecho de que las diga”. Esa respuesta suena cierta, pero también parece una pequeña evasiva. Quizás, en su falta de concreción, sea adecuadamente *carlsoniana*.

El juicio moral final de Zengerle sobre Carlson –cuya influencia sigue siendo significativa a pesar de haber dejado Fox– es menos ambiguo. Señala que, cuando era más joven, a Carlson le gustaba bromear sobre encontrarse con Joseph Sobran, un escritor conservador expulsado del movimiento por supuesto racismo y antisemitismo, murmurando solo en un Denny’s.

“Es tentador pensar que Carlson ha… sufrido el mismo destino que el hombre que una vez ridiculizó”, escribe Zengerle. “Excepto que Carlson no está sentado en la mesa de un restaurante vacío. Tiene la atención de jefes de estado y millonarios. Llena estadios de baloncesto y se transmite constantemente a nuestros teléfonos. Ha descendido a la locura, pero le habla a millones”.