Primeras manifestaciones en Gibraltar por el tratado pos-Brexit

Por Maeve Gorman y Rachel Gore

A medida que el polvo comienza a asentarse sobre el tan esperado tratado post-Brexit de Gibraltar, manifestantes se congregaron en la plaza principal del territorio con pancartas que lo tildaban de “traicionero”.

Alrededor de ochenta personas marcharon por Main Street desde la histórica Casemates Square hasta la sede del gobierno en el Número Seis de Convent Place.

El grupo coreaba el himno de derechos civiles de Bob Marley, ‘Get Up, Stand Up’, mientras los organizadores portaban una bandera que rezaba: “No a este tratado traicionero, sí a un referéndum”.

Gritos de “British we are, British we stay” y el estruendo de cláxones resonaron por la principal vía del Peñón, mientras los protestantes ondeaban con orgullo la bandera gibraltareña.

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Luis y Eddie Limar sostienen con orgullo sus pancartas (izquierda) antes del inicio de la marcha (derecha).

Uno de los organizadores, Eddie Lima, un jubilado de 66 años y gibraltareño de pura cepa, explicó sus motivos a The Olive Press: “No queremos botas españolas en nuestro suelo, ni policía española en nuestro aeropuerto”.

El Tratado, que aún debe ser ratificado por el parlamento británico antes de su implementación prevista para el 10 de abril, implicaría que oficiales españoles realicen los controles de pasaporte en el aeropuerto gibraltareño.

Actualmente, los viajeros británicos que vuelan desde el Reino Unido al Peñón pasan por un único control de inmigración llevado a cabo por la fuerza fronteriza local.

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Este cambio supondría que los titulares de pasaporte británico tendrán que proporcionar sus huellas dactilares a los funcionarios fronterizos españoles a su llegada a Gibraltar, en virtud del nuevo Sistema de Entrada y Salida (EES) de la UE, un control digital que exige a nacionales de terceros países registrar sus datos biométricos antes del ingreso.

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Banderas de Gibraltar ondeaban a lo largo de toda la manifestación.

Otro gibraltareño descontento, Francis, de 71 años, expresó a este periódico que las “botas españolas en el suelo” serían el primer paso para que España “reclame Gibraltar”. También cree que el gobierno laborista está utilizando el Peñón como “moneda de cambio” para estrechar lazos con España y la UE.

En virtud del tratado, las autoridades españolas tendrán la potestad de “ejercer cuantas funciones sean necesarias para el control fronterizo”.

Dada la reivindicación histórica de España sobre Gibraltar, los manifestantes afirmaron que el Reino Unido le está entregando a España lo que ansía –un mayor control sobre el territorio– para congraciarse con el bloque, a expensas de la “soberanía” roquense.

“Soberanía” era la palabra en boca de todos mientras los protestantes compartían sus preocupaciones. Un jubilado, Luis Edwards, de 65 años, manifestó su indignación con el tratado “traicionero”, citando específicamente el Artículo 66, que estipula que España y el Reino Unido pueden rescindir el acuerdo, pero Gibraltar no. “No tenemos soberanía, no tenemos voz en nuestro futuro”, declaró. Al preguntarle qué le disgustaba del tratado, respondió lacónicamente: “Todo”.

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Es el contenido del tratado y sus “áreas grises” lo que motiva la demanda de un referéndum. Como señaló Francis, “no quieren una frontera” y “no se oponen a un tratado”, pero sí se oponen a “este en concreto”.

Con un 96% de los residentes del Peñón votando en contra en el referéndum del Brexit, existe una voluntad real por una solución viable. Pero el pueblo quiere tener voz en el futuro de Gibraltar.

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Concentrados frente a la sede del gobierno gibraltareño, el Número Seis de Convent Place.

El tratado fue aprobado por el gobierno gibraltareño sin consultar a la ciudadanía. Edwards exige que el parlamento escuche al pueblo: “Estoy seguro de que más del 50% de nosotros no quiere este tratado”, afirmó.

La marcha concluyó con la entrega de una carta que detallaba sus quejas al Gobernador de Gibraltar, Sir Ben Bathurst. Mientras estos apasionados gibraltareños aguardan una respuesta a su súplica, el tratado está en manos del Reino Unido y la UE.

En virtud de la Ley de Reforma Constitucional y Gobernanza de 2010, el parlamento británico debe escudriñar el texto minuciosamente. Con los sectores más duros del Partido Conservador cuestionando el tratamiento de los ciudadanos británicos bajo la norma de 90 días de Schengen al entrar en Gibraltar, el proceso no será sencillo.

El proceso europeo también es complejo. El Consejo Europeo debe autorizar formalmente la firma del acuerdo –un trámite actualmente bajo examen por el Grupo de Trabajo del Consejo sobre Relaciones UE-Reino Unido.

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Por su parte, Fabián Picardo, el Ministro Principal de Gibraltar, describió el tratado como “imperfecto”, pero preferible a la alternativa “catastrófica” de no haber acuerdo.

El futuro del Peñón, por ahora, parece hallarse efectivamente fuera de las manos de los gibraltareños.

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