Fredriksen afirmó que si un miembro de la OTAN atacase a otro, el principio fundacional de defensa colectiva de la alianza quedaría hecho añicos. Crédito de la foto: Gints Ivuskans/Shutterstock
La primera ministra de Dinamarca lanzó una severa advertencia el 14 de febrero, afirmando que un hipotético ataque de Estados Unidos a Groenlandia supondría, en la práctica, el fin de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Estas declaraciones, realizadas durante la Conferencia de Seguridad de Múnich, subrayan la profunda tensión entre Copenhague y Washington por el interés histórico de Estados Unidos en ese territorio ártico.
La alianza de la OTAN, en riesgo
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, fue categórica en su valoración del peor escenario posible de la crisis con la administración del presidente estadounidense Donald Trump. Dirigiéndose a líderes y delegados internacionales el sábado, sostuvo que si un miembro de la OTAN atacara a otro, el principio fundacional de defensa colectiva se quebrantaría. “Si un país de la OTAN ataca a otro país de la OTAN, entonces la OTAN se acaba; es el fin del juego”, afirmó Frederiksen.
Los comentarios de Frederiksen reflejan la fricción constante generada por las repetidas manifestaciones de interés de Trump en hacerse con el control de Groenlandia, una isla estratégica y rica en recursos que es una parte semiautónoma del Reino de Dinamarca. La isla alberga infraestructura militar ártica crítica y reservas geológicas de gran valor. Aunque el interés de Trump se ha enmarcado oficialmente como una cuestión de seguridad nacional y defensa ártica, Copenhague ha objetado enérgicamente cualquier sugerencia de que Groenlandia pueda ser transferida a la soberanía estadounidense.
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Soberanía y perspectiva groenlandesa
La premier danesa lamentó que, a pesar de los recientes esfuerzos diplomáticos para calmar las tensiones, los desacuerdos entre los dos aliados persistan. Subrayó que el problema de fondo, las ambiciones de Estados Unidos respecto a Groenlandia, sigue sin resolverse y continúa siendo un punto de fricción no solo para Dinamarca, sino también para sus socios europeos.
En su discurso, Frederiksen hizo hincapié en el principio democrático de la soberanía. “No se puede poner precio a Groenlandia, igual que no se puede poner precio a una parte de España o de Estados Unidos”, comentó acerca del estatus de la isla y el derecho de su pueblo a la autodeterminación. “El pueblo groenlandés ha sido muy claro: no quiere convertirse en estadounidense”, añadió.
El primer ministro de Groenlandia, Jens‑Frederik Nielsen, describió la situación en la conferencia como paradójica, señalando que la única amenaza que sienten los residentes de la isla proviene de un aliado, y no de Rusia o China, naciones tradicionalmente destacadas en los debates sobre seguridad ártica. Las declaraciones de Nielsen transmiten el malestar local por quedar atrapados en una disputa geopolítica entre dos aliados.
Atención internacional
En el escenario de Múnich acompañaron a Frederiksen figuras prominentes como Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España, y Alexander Stubb, presidente de Finlandia, así como el alto senador estadounidense Chris Coons, lo que pone de manifiesto el amplio interés internacional que suscita la disputa.
El gobierno groenlandés también ha expresado su postura. Su primer ministro, Jens-Frederik Nielsen, ha descrito la situación como paradójica, observando que la única amenaza percibida por los insulares procede de un aliado, y no de potencias externas como Rusia o China. Esto refleja la inquietud local por verse envueltos en disputas geopolíticas entre aliados.
Implicaciones para la cohesión de la OTAN
La crisis tiene implicaciones más amplias para la cohesión de la OTAN. La cláusula de defensa colectiva de la Alianza, el Artículo 5, se basa en la premisa de que un ataque contra un miembro es un ataque contra todos. La afirmación de Frederiksen de que un ataque de un miembro de la OTAN contra otro supondría el fin de la Alianza subraya lo extraordinario que sería tal escenario. También refleja una preocupación europea más generalizada sobre la fiabilidad de la alianza ante los cambiantes intereses de la política estadounidense.
Intereses de EE.UU. y estrategia ártica
El interés de Trump por Groenlandia no es nuevo. Durante y después de su campañña electoral, planteó la idea de incorporar la isla a Estados Unidos, citando consideraciones estratégicas como la postura militar rusa en el Ártico. Aunque algunos funcionarios en Washington han tratado la idea retóricamente, las declaraciones de Frederiksen indican que Copenhague considera esa posibilidad, por remota que sea, como una amenaza fundamental al orden internacional y a las normas de la alianza.
Altos cargos de la Unión Europea también han expresado su apoyo a Dinamarca. En declaraciones anteriores en foros de seguridad, representantes de la UE advirtieron de que una toma de control forzosa de Groenlandia por parte de Estados Unidos dañaría los lazos transatlánticos y potencialmente socavaría a la propia OTAN. Esas declaraciones reflejan la posición del gobierno danés y ponen de relieve la preocupación en las capitales europeas respecto al respeto a la soberanía y la unidad aliada.
La OTAN continúa sus operaciones pese a las tensiones
A pesar de estas tensiones, la propia OTAN sigue impulsando iniciativas de seguridad cooperativa, como el recién lanzado programa *Arctic Sentry* diseñado para mejorar la postura estratégica de la Alianza en el Alto Norte. No obstante, las diferencias estratégicas, particularmente entre Estados Unidos y sus socios europeos, siguen siendo un desafío para la cooperación en seguridad transatlántica.
La cuestión del estatus de Groenlandia continúa siendo un punto de ignición en los debates más amplios sobre el futuro papel de la OTAN, la autonomía de defensa europea y el cambiante panorama geopolítico del Ártico.