En lo que al turismo se refiere, Extremadura se halla fuera de los circuitos convencionales y la primavera constituye la estación óptima para visitarla.
Pocos de los 90 millones de visitantes extranjeros que recibe España anualmente se aventuran por esta región, ya que la ausencia de playas y de conexiones viarias y ferroviarias sencillas dificultan su competencia con los destinos más accesibles y evidentes de los resorts costeros mediterráneos.
Para muchos, ya sea en Madrid o más lejos, sigue siendo una región que se atraviesa de camino a Portugal.
No obstante, para quienes sí se deciden a explorarla, las recompensas son formidables.
He aquí un repaso a algunas de las razones que deberían impulsarte a descubrir Extremadura esta primavera.
Ruinas romanas
La ciudad de Mérida presume de las ruinas romanas mejor conservadas fuera de Italia, y sin las aglomeraciones habituales.
Fundada en el 25 a.C. como Augusta Emerita, fue la capital de la provincia más occidental de Roma, la Lusitania.
Hoy, una ciudad moderna se erige donde otrora caminaron los romanos, arquitectónicamente anodina salvo por el notable hecho de que las ruinas romanas lo impregnan todo. Un puente se extiende sobre el río Guadiana, con sus sesenta arcos de piedra inmaculados que lo convierten en el puente romano más largo de la península.
A su lado hallarás un anfiteatro romano, que afortunadamente ya no acoge los espectáculos gladiatorios de la antigüedad, pero que no por ello deja de ser un espacio sobrecogedor. Cada verano, es sede del festival internacional de teatro clásico, con representaciones nocturnas en el teatro romano.
La ciudad alberga también un museo espectacular, repleto de los tesoros descubiertos durante su desarrollo urbano: desde una cabeza de Augusto hallada durante la reforma de una farmacia local, hasta mosaicos encontrados entre los muros de una fábrica de jamones.
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Cáceres
Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y una de las ciudades amuralladas medievales mejor conservadas de España, este lugar ha sido durante mucho tiempo un destino para gourmets, en parte gracias al restaurante Atrio, con tres estrellas Michelin.
Pero para quienes no deseen desembolsar unos 270 euros en el menú de degustación, aún pueden comer extraordinariamente bien en esta capital provincial.
La ciudad está plagada de una nueva ola de taperías que ofrecen platos con productos autóctonos para acompañar los vinos producidos en las bodegas de la región.
El Museo de Arte Contemporáneo que alberga la colección Helga de Alvear ha convertido a la ciudad también en un destino para los amantes del arte moderno.
La gastronomía
La economía extremeña sigue siendo mayoritariamente agrícola, lo que augura muy bien para quienes esperen comer bien durante su viaje.
La dehesa de la región –colinas pobladas de encinas– es el hogar del cerdo ibérico, que se ceba con bellotas. Esto se traduce en que aquí se produce uno de los mejores jamones, pero también encontrarás el jamón de Montánchez y la patatera, además de otras delicias de charcutería y cortes de cerdo adobados con el pimentón local.
De hecho, el Pimentón de la Vera, una especia similar al pimentón molido, lo hallarás como ingrediente en numerosos platos; y si te diriges a las colinas de Jaraiz de la Vera, encontrarás un museo dedicado a él.
Busca los hongos silvestres y los espárragos trigueros de la zona, y prueba el plato emblemático de la región: las migas extremeñas, un delicioso y sencillo manjar a base de migas de pan fritas, ajo y pimientos, el alimento por excelencia del campesinado.
No te pierdas la maravillosamente cremosa Torta del Casar, un queso de oveya cuya divina untuosidad se extrae directamente de su corteza (en la imagen superior).
Además, la región alberga uno de los únicos productores de foie gras ético del mundo.
El vino
Pocos saben que Extremadura es la cuarta región productora de vino de España, lo que la convierte en un lugar muy excitante para los enófilos, con multitud de pequeños productores por descubrir.
El enoturismo está en auge aquí y ya es posible visitar bodegas para realizar catas.
Fíjate en Bodegas Habla, cerca de Trujillo, donde encontrarás dos vinos fabulosos que se están labrando un nombre: Habla de la Tierra y Habla del Silencio.
Trujillo
Una perfecta ciudad medieval encaramada en una colina, Trujillo prosperó con el regreso de los conquistadores, quienes volvieron a su lugar de origen e invirtieron las riquezas del Nuevo Mundo en lujosos palacios dispersos alrededor de una gran plaza.
En su centro encontrarás una imponente estatua de uno de los conquistadores más famosos: Francisco Pizarro, el conquistador del Perú. De hecho, circula el rumor de que la estatua fue diseñada por un escultor neoyorquino para representar a Hernán Cortés como un regalo para México, que, como es lógico, lo rechazó. Así que fue readaptada como Pizarro y ahora se alza con orgullo en su ciudad natal.
Cada primavera, Trujillo acoge un festival anual del queso. A finales de abril, la plaza se llena de expositores que muestran más de 300 quesos españoles diferentes, desde el Manchego hasta el Ibores, la Serena y la especialidad local, la Torta del Casar.
Guadalupe
Este bonito pueblo de montaña floreció en torno al Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, un sitio de peregrinación que llevó a Cristóbal Colón a dar gracias aquí a su regreso por el descubrimiento del Nuevo Mundo.
El monasterio está abierto al público, que acude a maravillarse ante su enorme claustro mudéjar y su claustro gótico de tres plantas, y a pasear por sus hermosos jardines.
También alberga uno de los mejores paradores de España, con excelentes ofertas antes de que la temporada repunte en Semana Santa.
Observación de aves en Monfragüe
El parque nacional de Monfragüe es una joya de España, una meca para los amantes de la naturaleza y los ornitólogos, que acuden desde todos los rincones de España y más allá en busca de especies raras.
Los imponentes riscos de Monfragüe albergan la mayor población europea de buitres negros, así como buitres leonados residentes y alimoches visitantes.
Las raras cigüeñas negras vienen aquí a construir sus nidos en los escarpados acantilados sobre las aguas turquesas, y existe una población residente de águilas imperiales y búhos reales.
En los pastizales que rodean el parque, ornitólogos de toda Europa acuden para tachar de sus listas el avistamiento de la avutarda común.
La primavera es el momento óptimo para visitarlo, al coincidir con la época de cría y ofrecer las mejores oportunidades para ver a los buitres y águilas en sus nidos. También es cuando el paisaje está más frondoso y rebosante de flores silvestres.
Zafra
Conocida como ‘la pequeña Sevilla’, Zafra es un pueblo excelente para recorrer durante una tarde. Dominada por una fortaleza del siglo XV que apareció como locación en *Juego de Tronos*, la localidad tiene toda la apariencia de un pueblo blanco andaluz, con calles empedradas y estrechas y casas tradicionales.
Floración del almendro
La primavera es el momento de visitar el valle del Jerte, una zona de 70 kilómetros cuadrados plantada con más de millón y medio de cerezos. De hecho, el Valle del Jerte es la mayor extensión ininterrumpida de cerezos de Europa, y el mejor momento para contemplar la floración en su máximo esplendor son unas breves semanas, que suelen comenzar en marzo.
Escasez de turistas
La razón final para visitar Extremadura es descubrirla antes de que lo haga todo el mundo.
Con tan pocos turistas, y solo los verdaderamente entendidos haciendo el esfuerzo, serás recibido por los lugareños, que harán lo posible por que ames su tierra tanto como ellos.
Buena comida, naturaleza espléndida, historia fascinante. ¿Qué más se puede desear?
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