Por qué ‘Frankenstein’ merece ganar el Óscar a Mejor Película

Guillermo del Toro ha dedicado su carrera a humanizar monstruos, llegando a llamarlos los “patrones santos de nuestra dichosa imperfección”, así que su adaptación de Frankenstein siempre iba a ser una combinación hecha en el cielo. Este proyecto pasional del cineasta mexicano transforma la famosa novela de Mary Shelley sobre los peligros de la soberbia y de jugar a ser Dios en un conmovedor relato sobre el trauma generacional, el abandono parental y el poder sanador del perdón. Es una historia meticulosamente elaborada, visualmente suntuosa y narrada con gran fuerza que merece llevarse el Óscar a la mejor película.

Pero no va a ser fácil. La fantasía gótica mezcla a la perfección horror, ciencia ficción y melodrama en su opulenta recreación; aquí Oscar Isaac interpreta al excéntrico científico Victor, quien da vida a una criatura descomunal (Jacob Elordi) hecha de partes de cadáveres. Sin embargo, la fantasía, el horror y la ciencia ficción son géneros que, como se sabe, no suelen tener éxito en los Premios de la Academia, salvo en las categorías técnicas. Sí, Del Toro es uno de los pocos cineastas en ganar un Óscar a mejor película por una cinta de fantasía/ciencia ficción en 2018 con su historia de amor anfibio, La forma del agua, pero esa victoria fue una excepción, no la regla.

Evidentemente, lo tiene complicado. Pero hay mucho que admirar en la adaptación de Del Toro. Como en sus otras películas, Frankenstein es una maravilla macabra de contemplar; habitaciones oscuras en edificios grandiosos y sombríos, iluminadas por velas o por un atardecer dorado aparentemente interminable, llenas de espeluznantes cadáveres desmembrados con la piel parcialmente desollada. Elordi, quien pasaba hasta 10 horas al día en la silla de maquillaje, se transforma en una Criatura que parece más un cadáver melancólico que un ogro grotesco. Mientras, Mia Goth como Elizabeth, la bondadosa prometida del hermano de Victor, es la única chispa luminosa de esperanza en la película, literalmente: sus espléndidos vestidos inspirados en insectos (que ojalá le den el Óscar a la diseñadora de vestuario Kate Hawley) aparecen como las únicas pinceladas de color en un paisaje gris y azotado por la lluvia.

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Del Toro utiliza la historia para examinar lo dañina que puede ser la masculinidad tóxica; vemos cómo niños maltratados se convierten en hombres heridos que luego perpetúan el mismo sufrimiento, mientras el ego descontrolado de Victor augura la perdición para todos a su alrededor. La Criatura, un personaje moralmente ambiguo en el libro, es aquí mucho más compasiva. Elordi es el corazón tierno y palpitante del filme: su Criatura es sensible, empática y desesperada por ser amada por su creador. Él no es el verdadero monstruo; es el abuso generacional desatado, destruyendo familias y corrompiendo relaciones. El mensaje de Frankenstein —de que debemos conectar con nuestras familias fracturadas en lugar de alejarnos— parece más oportuno que nunca.

La creación de un hombre… El Frankenstein de Oscar Isaac. Fotografía: Ken Woroner/Netflix

Elordi aspira al Óscar al mejor actor de reparto y se ha ganado con creces ese reconocimiento por la hábil forma en que captura las emociones conflictivas de un niño rechazado; desgarrado entre un anhelo inocente de conexión y la furiosa ira por ser despreciado. También hay un gran trabajo de Isaac como Victor, quien interpreta al científico vanidoso con una intensidad sudorosa, y de una luminosa Goth, cuya Elizabeth se encuentra trágicamente hechizada por la naturaleza gentil de la Criatura.

Pero a pesar de sus muchos méritos, en lo que respecta al Óscar a mejor película, me temo que Frankenstein sigue siendo una forastera, al igual que la Criatura, obligada a valerse por sí misma. Del Toro, por supuesto, tiene un excelente historial en cuanto a éxito en los Óscar —además de sus victorias por mejor película y mejor director por La forma del agua, obtuvo el de mejor película animada por Pinocho en 2023—. Es un favorito certificado de la Academia, aunque su relación parece haberse enfriado un poco: mientras Frankenstein obtuvo nueve nominaciones este año, una nominación a mejor director no estuvo entre ellas, en una verdadera omisión imperdonable.

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Es una clara señal de que el camino de la película hacia la gloria del Óscar puede ser tan difícil como la relación entre la Criatura y Victor. Solo seis películas en toda la historia de los Premios de la Academia han ganado mejor película sin una nominación a mejor director: Wings, Grand Hotel, Paseando a Miss Daisy, Argo, Green Book y Coda. Aunque las probabilidades están en su contra, no descartaría que Frankenstein se convierta en la séptima película de esa prestigiosa lista. Al igual que Pinocho, Frankenstein demuestra cómo Del Toro puede tomar un relato muy querido y reinterpretarlo con su estilo característico y una narrativa profundamente empática.

Nadie captura la magia del cine como lo hace Del Toro: los fervientes mecanismos de su desbordada imaginación a menudo te dejan sin aliento de admiración. Frankenstein es el director en su mejor momento: una adaptación hermosa y emocionante que insufla nueva vida y significado a una historia clásica mientras conmueve tu corazón. Del Toro ya puede tener una buena colección de estatuillas doradas en casa, pero otra por Frankenstein merece estar justo a su lado.

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