Por qué ‘F1: La Película’ merece el Óscar a Mejor Película

¿Podría, debería o ganaría **F1, la Película** el Oscar a mejor película? Bueno, hay que ser realistas: F1 es actualmente una gran perdedora, con probabilidades de 200 a 1, al igual que **El Agente Secreto**, que tampoco tiene oportunidad pero por razones muy diferentes. No es difícil ver por qué: es una película excesivamente comercial, donde la tecnología y las marcas eclipsan el factor humano, y el film actúa como un ariete de marketing para una organización deportiva desesperada por entrar en la tierra prometida del circuito automovilístico estadounidense. (Vamos, lo dice hasta el título). Así que hasta el votante más conservador de la Academia lo tendrá difícil para darle su voto a F1. Así que no, no creo que pueda ganar.

Eso no significa que F1 no tenga cosas a su favor. Los Oscars, como sabemos, históricamente han tenido un problema con las películas llamadas “populares”; **Oppenheimer**, en 2024, fue el primer ganador del premio principal en dos décadas que terminó entre las 10 más taquilleras del año. Si esto refleja o no a la propia Hollywood, que desde mediados de los 2000 ha concentrado su dinero y marketing en películas de efectos especiales cada vez más elaboradas, en detrimento del drama y la actuación, es un debate eterno. Basta decir que F1 está definitivamente en esa liga, aunque no en el Top 10 (ocupa el puesto 14 en la lista norteamericana de 2025); el hecho de que sea de Apple TV+ quizás complicó las cosas, reduciendo su impacto como espectáculo cinematográfico.

Entonces, ¿debería ganar? Sería un cambio que algo así ganase el Oscar principal: un artefacto cinematográfico pulido y brillante, tan perfectamente acabado –visualmente hablando– como la tecnología que nos pide idolatrar. Y mucha gente lo hace: la **Fórmula Uno afirma tener 827 millones de fans en todo el mundo**, y su expansión en Medio Oriente y Estados Unidos parece dar frutos. Además, se beneficia totalmente de tener a un peso pesado como Brad Pitt en el papel principal, aunque sea como un guiño al tipo de fanático del motor de mediana edad que forma la base del público. (Es un interés que parece llegar a cierta edad, véase Steve McQueen en *Le Mans*; y si alguien tiene derecho a considerarse el sucesor moderno de McQueen, ese es Pitt).

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Pero aún así, el coche es la estrella, y se ha prestado mucha atención, con razón, a todas las nuevas cámaras, controles remotos, etc., que se inventaron para poner, literalmente, al público en el asiento del conductor. Esta es su principal arma, y sin duda la razón por la que Joseph Kosinski (de *Top Gun: Maverick*) fue contratado para dirigir; F1 se vendió como *Top Gun* sobre ruedas, y eso es lo que obtuvieron. Al igual que las películas de aviación buscan dar al espectador la breve emoción de realizar una actividad enormemente estresante pero presumiblemente excitante, sin hacer todo lo aburrido que requeriría en la vida real –o sufrir riesgos reales–, F1 trata de ofrecer sensaciones, y ahí es donde triunfa.

Finalmente, ¿ganaría? Todo el dinero inteligente apuesta a otras películas, y con razón. Si F1 ganase el premio principal, sería una sorpresa histórica. No es imposible, pero las películas ganadoras necesitan un tipo de apoyo claro. *Sinners* y *One Battle* lo tienen; el de F1 es mucho menos obvio. ¿Quizás F1 ya ganó con solo estar nominada? Como mínimo, Kosinski, Pitt y compañía pueden tener una velada tranquila, si es que van, sabiendo que las posibilidades de tener que dar un discurso son remotas. Pero nunca se sabe…

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