¿Por qué encarcelaron a Cristóbal Colón hace 525 años?

TODO el mundo conoce la historia de Cristóbal Colón: el hombre que navegó hacia el occidente y abrió las puertas al Nuevo Mundo.

No obstante, son menos los que conocen los giros más sombríos de su vida. Esta semana se cumplen 525 años desde que el navegante más famoso del mundo, lejos de toda gloria, fue conducido ante la Corona española encadenado.

Todos albergamos ciertos conceptos erróneos sobre Cristóbal Colón (los españoles nunca usan ese nombre; ellos lo llaman ‘Cristóbal Colón’). Aunque entregó un vasto continente a la Corona española, convirtiendo a España en la nación más poderosa del mundo, él mismo era italiano.

Su nombre siempre estará asociado con América, sin embargo, en realidad solo descubrió las islas del Caribe y tuvo muy poco que ver con el continente.

La cruda realidad es que a los conquistadores no les agradaba demasiado Colón. Hace cinco siglos, la gente no pensaba en la nacionalidad de la misma manera que hoy – alguien que vivía en Oxford se diría súbdito del rey inglés, en vez de afirmar “soy británico”.

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Los españoles que acudieron al Nuevo Mundo veían a Colón como un foráneo – el español no era su lengua materna, y circulaban rumores de que era un converso, un judío que en secreto se aferraba a su fé.

En verdad, Colón no era uno de ellos. No era ni marinero ni labrador. Hoy podríamos denominarlo un capitalista de riesgo. Su promesa a los Reyes Católicos fue simple: “Proporciónenme una flota y regresaré con sedas y especias.” En la Europa renacentista, siempre pesaba una sospecha sobre aquellos que obtenían ganancias del dinero mismo.

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En su primer viaje en 1492, Colón llegó a Cuba y a las Bahamas. (La palabra *Bahama* misma proviene del español *baja mar*, porque los grandes navíos de Castilla no podían acercarse a las playas de poca profundidad.) Un año después, su segundo viaje lo llevó de nuevo a Cuba, y luego a Jamaica y a las Islas de Barlovento.

Para el verano de 1498, Colón zarpó desde Andalucía con seis naves. Esta expedición lo trajo por primera vez a tierra firme americana, pisando lo que hoy es Venezuela.

Y fue en este tercer viaje donde su fortuna cambió.

Al regresar a La Española – la isla que hoy comparten República Dominicana y Haití – encontró una rebelión. Algunos conquistadores habían tomado el poder durante su ausencia de seis meses.

Colón enfrentó un dilema. Si actuaba contra los rebeldes, arriesgaba avivar el resentimiento que sabía que ya bullía. Pero si no hacía nada, parecería débil – y los monarcas en Madrid podrían relevarlo del mando.

Optó por la fuerza, encarcelando a algunos rebeldes y ejecutando al menos a uno. Pero la campaña de desprestigio creció. Volaron cartas hacia España acusándolo de corrupción y crueldad, escritas por hombres que ansiaban lucrativos puestos reales.

La Corona envió a Francisco de Bobadilla para investigar. Cuando el barco de Bobadilla llegó a Cuba, Colón abordó para saludarlo. La reunión fue breve – Bobadilla ordenó que lo encadenaran como a un criminal común. La fecha fue el 1 de octubre de 1500.

Aún hoy surgen nuevos documentos. Tan recientemente como en 2006, se desenterraron declaraciones de testigos relacionadas con el arresto. Lo que podemos afirmar es que Bobadilla actuó con impetuosidad – en el mejor de los casos – y en el peor, permitió que prejuicios, tanto xenófobos como antisemitas, guiaran su mano.

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Los Reyes Católicos intervinieron con celeridad. Ordenaron liberar a Colón y lo convocaron a la Alhambra en Granada, donde fue recibido con honores tras seis semanas encadenado. Bobadilla fue destituido y forzado a pagar una indemnización.

Al gran navegante le aguardaba un viaje más – en 1502, alcanzaría las costas de México. Pero quizás el momento más dulce de su extraordinaria vida llegó en el Palacio de la Alhambra, cuando supo que sus enemigos habían sido humillados y su fortuna, asegurada.

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