Una petición en Change.org ha recogido hasta el momento cerca de mil quinientas firmas de personas que se oponen a la proyectada planta de baterías de litio en suelo rústico de Pollensa.
Se alega que la iniciativa supone “una amenaza directa para el medio ambiente, la salud pública y el futuro de la isla”. Los organizadores recalcan que no se oponen al progreso, sino que exijen que los proyectos de energías renovables se desarrollen con planificación y respeto por el territorio.
Tras una reunión celebrada la semana pasada en el Club Pollença, se llevó a cabo una protesta que congregó a un centenar de personas en las inmediaciones del solar previsto para la planta. El alcalde, Martí March, y otros miembros del equipo de gobierno respaldaron la manifestación. Además de la petición, se han remitido a la administración autonómica una retahíla de alegaciones y objeciones; el período de información pública concluye a mediados de noviembre.
Entre los riesgos percibidos para la salud pública se incluyen la posibilidad de causar cáncer y Alzheimer, así como la preocupación por incendios e inundaciones; el torrente de Sant Jordi, proclive a desbordamientos, se encuentra próximo al emplazamiento.
Ha sido objeto de crítica el aparente secretismo que rodea al proyecto, el cual prevé la instalación de dieciséis contenedores de baterías en una parcela de tres mil metros cuadrados. Nadie, ni siquiera el consistorio, tuvo constancia de los planes hasta que se publicaron en el Boletín Oficial.
El alcalde considera que, si se presentan objeciones y un sector de la sociedad civil ha manifestado su oposición, el gobierno y la promotora con sede en Sevilla deberán tomar nota y “reflexionar de nuevo”. March añade que el proyecto está “en manos” del gobierno, cuyas decisiones en materia de usos del suelo son “muy discutibles y objeto de crítica”.