Si bien la inmigración podría considerarse la razón principal del auge económico de España, los datos macroeconómicos ocultan las dificultades a las que se enfrentan los extranjeros en el ámbito laboral.
Si se le pregunta a un extranjero en edad laboral cuál es el mayor inconveniente de vivir en España, es muy probable que mencione el mercado de trabajo.
Para muchos es un hecho conocido antes de mudarse: los salarios bajos, la precariedad y las malas condiciones laborales son problemas crónicos.
Y, sin embargo, España cerró 2025 con el doble de extranjeros empleados que hace una década, aproximadamente tres millones según los últimos datos.
No es de extrañar, dado que España ha recibido 2,1 millones de inmigrantes desde 2021.
Publicaciones como The Economist o The Financial Times han señalado a la inmigración, particularmente la latinoamericana, como la causa de que la economía española sea la de más rápido crecimiento de la UE.
La migración explica el 80 por ciento del crecimiento económico de España en los últimos seis años y el 10 por ciento de los ingresos por cotizaciones sociales, afirmó esta semana el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
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Por tanto, los beneficios de la inmigración para la economía española son evidentes, pero ¿qué opinan actualmente los extranjeros de las condiciones laborales en España?
El think tank laboral Foro de Regulización Inteligente realizó recientemente una encuesta sobre inmigración e inclusión en el mercado de trabajo que arroja luz sobre los principales desafíos económicos vinculados a la inmigración en España.
Un 57,2 por ciento de los extranjeros afirmó que le resulta “difícil” o “muy difícil” encontrar empleo en España.
Las razones aducidas, en medida aproximadamente igual, fueron: carecer de los permisos necesarios, la desconfianza de los empleadores, la falta de una red de contactos laboral, el idioma español y, por último, la burocracia.
Respecto a la temida burocracia española, un 66,8 por ciento de los encuestados declaró haber tenido problemas administrativos, a pesar de que un 60 por ciento considera que las empresas están “muy” o “bastante” abiertas a contratar trabajadores foráneos.
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En cuanto al trato recibido por los trabajadores extranjeros en las empresas, un 83,8 por ciento cree que ha sido “siempre” o “casi siempre” justo, mientras que un 57,4 por ciento respondió que no ha sufrido discriminación alguna en el trabajo.
Cabe señalar, no obstante, que un 33,6 por ciento sí afirmó haber sufrido discriminación “a veces” por ser extranjero, y un 9 por ciento declaró afrontarla “frecuentemente”.
A pesar de ello, la valoración global de los encuestados extranjeros sobre su experiencia en los lugares de trabajo españoles es “muy positiva” o “positiva” en un 45,4 por ciento de los casos, pero “muy negativa” o “negativa” para un 25 por ciento.
Cuando se cambió la perspectiva y se preguntó a los empleadores españoles por su experiencia con trabajadores extranjeros, un 87 por ciento les dio una valoración “positiva” o “muy positiva”.
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Pero no todo es favorable. Un treinta y tres por ciento de los empleadores considera que contratar trabajadores nacidos en el extranjero es “muy difícil” o “difícil” debido a que no tienen el perfil laboral adecuado, no dominan suficientemente el español, a las dificultades para homologar sus cualificaciones y al temor a ser multados por contratar a extranjeros sin la documentación en regla.
De hecho, tres cuartas partes de los empresarios y autónomos españoles encuestados mostraron su descontento con los excesivos obstáculos laborales que afrontan los extranjeros, creyendo que las autoridades hacen “algo” o “muy” difícil la contratación de inmigrantes.
Hasta un 63 por ciento admitió haber renunciado a contratar trabajadores extranjeros por estas razones burocráticas.
Por ello, no sorprende que seis de cada diez trabajadores migrantes en España estén sobrecualificados, según Eurostat, frente a una tasa del 35 por ciento entre los nacionales.
Como consecuencia, muchos extranjeros terminan realizando los trabajos menos remunerados que los españoles no quieren desempeñar (como ocurre en la mayoría de países desarrollados), principalmente en el sector servicios, que es precisamente el que lidera el crecimiento económico español y reduce la tasa de desempleo.
Aunque el salario mínimo ha aumentado en 448 euros en los últimos siete años hasta los actuales 1.184 euros brutos mensuales en 14 pagas, y ha habido mejoras en las condiciones laborales impulsadas por la ministra de Trabajo Yolanda Díaz, el mercado laboral español —tanto para españoles como para extranjeros— sigue estando entre los menos atractivos de Europa Occidental.
Para algunos extranjeros esto es un factor decisivo; para otros, los numerosos aspectos positivos de vivir en España compensan con creces las dificultades para labrarse una carrera en el país.