Pareja Busca Alianzas para su Proyecto de Alimentación Sostenible en Guardamar del Segura

La misión de una pareja búlgaro-estadounidense de cultivar alimentos ecológicos y forjar comunidad en la costa mediterránea española.

En las suaves y soleadas llanuras de las afueras de Guardamar del Segura, se está plantando una nueva semilla, no destinada al lucro, sino al propósito y guiada por la pasión.

Nadya Gabriel y su marido Gary, una pareja búlgaro-estadounidense que distribuye su tiempo entre cuatro países, han puesto su mirada en transformar una parcela rústica de 3.200 metros cuadrados en un jardín próspero y autosuficiente. Su objetivo es tan personal como práctico: cultivar sus propios alimentos, reconectarse con la tierra y compartir la cosecha con lugareños afines.

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De Inversión en Crisis a Vida Costera

Su historia comienza, inesperadamente, durante la crisis de la Eurozona del 2009. Nadya, una experta búlgara en planificación estratégica y desarrollo económico local, tenía entonces su base en Bruselas. Su esposo Gary, un agente inmobiliario estadounidense cercano a la jubilación, observaba el desplome del mercado de la vivienda desarrollarse por toda Europa. “Nunca planeamos vivir en España”, dijo Nadya. “Nuestro apartamento en Cabo Roig era solo una inversión. Pero la vida tiene una forma curiosa de sorprenderte”.

En ese entonces, el mercado inmobiliario español estaba en caída libre; los precios se habián desplomado y los inversores huían. La pareja compró un pequeño piso de vacaciones en la Orihuela Costa, con la intención de visitarlo solo unas semanas al año. Pero, con el tiempo, el ritmo tranquilo del país, el sol y el sentido de comunidad los fueron atrayendo.

Cuando su marido se jubiló en 2016, decidieron pasar más tiempo en Europa, repartiendo el año entre sus hogares en Francia, Bulgaria, Estados Unidos y ahora, España. “Queríamos disfrutar de diferentes culturas, cocinas y estilos de vida”, afirma. “Con el tiempo, vendimos el apartamento y nos trasladamos a Guardamar del Segura. Buscábamos algo más auténticamente español, un lugar tranquilo y tradicional”.

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La Chispa de un Proyecto Familiar

En Francia, la pareja ya había construido un estilo de vida orgánico, cultivando frutas y verduras en una pradera de cinco mil metros cuadrados que rodeaba su casa de campo. “Allí cultivamos de todo, desde tomates y manzanas hasta higos y uvas”, explica Nadya. “La cadena alimentaria en Francia es relativamente limpia. No hay maíz transgénico ni piensos modificados, así que incluso la carne, los huevos y la leche son naturales. Lamentablemente, ese no es el caso en España”.

Fue este contraste lo que inspiró su nuevo proyecto. “España es el mayor productor de maíz genéticamente modificado de la UE”, señala. “Eso afecta a todo: los piensos, los animales, la comida que consumimos. Incluso los tomates saben diferente ahora; son más duros, menos jugosos. El cambio proviene de la edición genética, no del cultivo tradicional”.

La pareja decidió actuar. Compraron un pequeño terreno rústico cerca de Guardamar con la intención de cultivarlo a mano, empleando únicamente métodos naturales. “Esto no es un negocio”, enfatiza Nadya. “Es un proyecto familiar, uno que nos mantiene activos y nos permite comer alimentos en los que confiamos”.

Agua Ancestral, Visión Moderna

El entusiasmo de la pareja creció aún más cuando conocieron la histórica red de riego de la región: el milenario Sistema de Riegos de Valencia, construido inicialmente por los musulmanes. “Es de primer nivel”, dice Nadya con admiración. “Un sistema de agua gratuito, por gravedad, que ha sustentado a las comunidades agrícolas durante más de un milenio”.

Su plan es detallado y ambicioso. Dividirán la tierra en secciones: un jardín frutal con alrededor de 30–35 árboles —naranjos, limoneros, higueras, aguacates, olivos e incluso cerezos y melocotoneros— junto a una pequeña viña, huertos de verduras y espacio para gallinas y otras aves. “También cultivaremos maíz y cereales para alimentar a los animales nosotros mismos”, añade Nadya. “Queremos que cada eslabón de la cadena sea limpio”.

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Buscando Socios para Cultivar

El proyecto, aunque de pequeña escala, requiere manos auxiliantes. La pareja pasa solo una parte del año en España y ahora busca socios locales con quienes compartir tanto el trabajo como la cosecha. “Buscamos entusiastas; no profesionales, sino gente a la que le encante la idea de cultivar su propia comida”, indica Nadya. “Deben vivir cerca, hablar algo de español y tener curiosidad por aprender. La comunidad local es maravillosa; gente trabajadora que mantiene viva esta agricultura tradicional”.

Esta aproximación colaborativa, cree Nadya, es lo que da al proyecto su significado más profundo. “No se trata solo de tomates y manzanas”, dice. “Se trata de comunidad, sostenibilidad y sabor; el sabor que recordamos de nuestra infancia”.

Las personas interesadas en unirse a la iniciativa pueden contactar a Nadya directamente por correo electrónico a [email protected].

Una Visión en Crecimiento

En un mundo donde la comida a menudo llega envuelta en plástico y cultivada bajo luz fluorescente, la visión de Nadya y Gary es refrescantemente humana. El proyecto cerca de Guardamar del Segura no es solo un regreso a la tierra, sino un acto sutil de resistencia; un recordatorio de que la comida real, cultivada con esmero y compartida entre amigos, aún puede prosperar bajo el sol español.