Para Netanyahu, evitar un acuerdo de paz ahora podría ser peor que aceptarlo

Él prometió una victoria total para Israel, pero de pie al lado de Donald Trump en la Casa Blanca el lunes, era Benjamin Netanyahu quién parecía derrotado.

El primer ministro de Israel decía todas las cosas correctas sobre el acuerdo de paz que acababa de aceptar, pero parecía desinflado, con la voz ronca y su energía apagada, mientras alababa a Trump como “el mejor amigo que Israel ha tenido jamás en la Casa Blanca”.

Es una amistad que podría costarle su gobierno.

Los aliados de extrema derecha de Netanyahu han amenazado con abandonar –y posiblemente derribar– su gobierno si hace demasiadas concesiones para terminar la guerra. Socios de coalición como Bezalel Smotrich y Itamar Ben-Gvir no han ocultado su deseo de anexionar Gaza, expulsar a los palestinos y reestablecer asentamientos judíos allí.

Ellos –y Netanyahu– se han opuesto implacablemente a cualquier papel para la Autoridad Palestina en Gaza, y a cualquier camino hacia un Estado Palestino. El acuerdo que Netanyahu ha aceptado ahora describe ambos, aunque con grandes advertencias.

Trump sabe que, al empujar al primer ministro israelí hacia este acuerdo, le está pidiendo que arriesgue su gobierno. A cambio, le ofrece la perspectiva de un legado histórico: un futuro nuevo y más pacífico para la región y nuevos lazos entre Israel y sus vecinos árabes.

Hubo señales, incluso antes de que Netanyahu saliera hacia Washington, de que él sabía que esta elección se acercaba.

El presidente de Israel, Isaac Herzog, dijo a una emisora de radio israelí que estaba considerando indultar a Netanyahu en los casos de corrupción que actualmente enfrenta en los tribunales. Sus críticos alegan que estos juicios son una razón por la cual es reacio a dejar el cargo y enfrentarse a los jueces sin el escudo de sus deberes nacionales, su poder y su perfil público.

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Pero la salida política que se le ofrece en este momento –un legado regional a cambio de renunciar a su gobierno y posiblemente a su carrera política– no parece haberlo convencido completamente.

Su primera respuesta a sus compatriotas hoy ha sido enfatizar públicamente que él no, de hecho, aceptó un estado palestino.

“Absolutamente no. Ni siquiera está escrito en el acuerdo”, dijo en respuesta a una pregunta frente a las cámaras. “Pero sí dijimos una cosa: que nos opondríamos por la fuerza a un estado palestino”.

Reportes en los medios israelíes esta mañana tambien sugieren que el gabinete de Israel no podrá votar sobre todos los términos del acuerdo, sino solo sobre el intercambio de rehenes israelíes por prisioneros palestinos.

La pregunta es qué significan estas acciones sobre su cálculo político: si Netanyahu está intentando mantener su gobierno unido el tiempo suficiente para hacer su magia política en las encuestas, que actualmente predicen que perdería una elección, o si está contando con que Hamás rechace este acuerdo, o que no pueda controlar a sus comandantes en el terreno en Gaza, y que la guerra no se detenga en absoluto.

La posible continuación de la guerra fue algo que él enfatizó en esa incómoda rueda de prensa en Washington, subrayando –con el apoyo de Trump– que Israel tendría mano libre para “terminar el trabajo” si Hamás no cumplía con su parte del trato. Visto así, este momento incómodo podría ser el precio a pagar por continuar con el apoyo estadounidense a su guerra.

Netanyahu es conocido como un maestro de las maniobras políticas, abriéndose camino entre obstáculos para ganar tiempo. Ha cambiado de posición en rondas anteriores de negociaciones y ha superado acuerdos de tregua anteriores, solo para echarse atrás cuando se discutía un fin permanente de la guerra.

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Muchos creen que él nunca ha querido negociar un final para esta guerra, sino forzar a Hamás a una rendición en los términos de Israel. Pero es difícil mantener esa imagen intransigente de “victoria total” cuando has concedido públicamente las mismas cosas que pasaste tu carrera impidiendo, y cuando estás esperando la respuesta de tu enemigo.

Por primera vez desde que comenzó la guerra, parece que las consecuencias de evitar este acuerdo eran peores que las consecuencias de aceptarlo. Y si Trump realmente lo forzó a elegir entre su aliado en Washington y sus aliados en casa, ¿por qué Joe Biden no hizo lo mismo cuando un acuerdo similar estaba sobre la mesa hace nueve meses, cuando todavía estaban vivas unas 30.000 personas más en Gaza?