Nueve avances científicos financiados federalmente que cambiaron todo.

La ciencia rara vez avanza en líneas rectas. A veces se “aplica” para resolver problemas específicos: vamos a poner a personas en la luna; necesitamos una vacuna para el Covid. Gran parte del tiempo es “básica”, dirigida a comprender, por ejemplo, la división celular o la física de la formación de nubes, con la esperanza de que, de alguna manera, algún día, el conocimiento resulte útil. La ciencia básica es ciencia aplicada que aún no se ha aplicado.

Esa es la premisa en la que Estados Unidos, desde la Segunda Guerra Mundial, ha invertido fuertemente en ciencia. El gobierno gasta $200 mil millones anualmente en investigación y desarrollo, sabiendo que los beneficios pueden estar décadas lejos; esa cifra caería bruscamente bajo el presupuesto propuesto por el Presidente Trump para 2026. “La investigación básica es el marcapasos del progreso tecnológico”, escribió Vannevar Bush, quien delineó el esquema posguerra para el apoyo gubernamental a la investigación, en un informe de 1945 al Presidente Franklin D. Roosevelt. No busques más allá de Google, que comenzó en 1994 con una subvención federal de $4 millones para ayudar a construir bibliotecas digitales; la empresa ahora es un verbo de $2 billones.

Aquí hay nueve avances más que cambiaron la vida, que fueron posibles gracias a la inversión del gobierno.

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