Y fue un alivio cuando finalmente ocurrió.
Parecía que el córner calculado de Cuthbert marcaría la diferencia ante Marruecos, hasta que Nakkach logró el empate.
Durante los cuarenta minutos de fútbol que mediaron entre los goles, la ambición de Andreatta no se materializó.
Rara vez los escoceses buscaron un segundo tanto. Por el contrario, invitaron a las subcampeonas de la WAFCON a regresar al duelo con algunos momentos de zozobra antes de que lograsen el justo empate.
En los instantes finales del encuentro, surgió una urgencia en el equipo escocés que había estado ausente durante los ochenta minutos precedentes.
Esto desembocó en un remate elevado de Weir, del tipo que ejecuta con relativa facilidad en el Real Madrid, y en un enorme alivio entre las filas escocesas.
Alivio por poner fin a esta racha miserable sin victorias, y alivio por lograrlo frente a la adversidad.
“Partidos como éste me recuerdan cuando jugamos contra Albania para clasificarnos para el Mundial”, añadió Cuthbert.
“Puede que no sea vistoso, puede que no sea agradable a la vista, ellos regresan al duelo, pero nos ponemos manos a la obra y vamos a ganarlo.
“Creo que ahora se trata simplemente de conseguir victorias para nosotros”.
Tras ocho partidos sin ganar, éste era más que necesario.
Una campaña sombría en la Liga de Naciones siguió al fracaso ante Finlandia en la clasificación para la Eurocopa 2025. El último triunfo celebrado fue en Easter Road contra Hungría en el partido de vuelta de la fase de clasificación para la Eurocopa.
Aquella incertidumbre en el ambiente, donde las esperanzas eran altas y la confianza pendía de un hilo, resultó ser el punto álgido que alcanzó el reinado de Pedro Martínez Losa.
Ante las finlandesas, Escocia estupo anodina. Cuthbert y Weir mostraron su frustración por no poder influir en el juego y, en consecuencia, se volvieron a quedar fuera de la cita continental del verano.
Sigue siendo un misterio por qué no funciona con constancia la dupla creativa del país.
Pero si Andreatta es capaz de descifrar ese código y supervisar el florecimiento de una fructífera asociación, sin duda habrá muchos más puños alzados desde la banda tras el pitido final, como sucedió en Casablanca.